Alarma, n.º 22-23, 3er y 4º trimestre 1972 (pág. 12). PDF del número completo

¡U.H.P., U.H.P.! La entraña de la mina profirió el grito esperanzador. Impregnó el aire todo de Asturias, lo repitieron a pleno pulmón los hermanos proletarios en medio del combate, restalló gozoso en la dinamita arrojada sobre los cuarteles de la guardia civil, se inscribió en tanques blindados hechos por encanto, fué un instante estentóreo alarido de victoria, y la sangre de la represión marcó indeleblemente el suelo astur: U.H.P. El eco de las montañas heridas repercutió en los cuatro confines de España: ¡U.H.P., U.H.P.! Los hermanos proletarios fueron aplastados una, otra vez durante la guerra civil; pero desde el fondo de la España oprimida, vencida, no rendida, se eleva aún, grave, jadeante, conminatorio, el clamor revolucionario de Asturias: ¡U.H.P., U.H.P.!

La sencilla y cálida fraternidad del U.H.P. astur no es una invocación sensiblera. Arranca de la más alta sensibilidad humana, pues la idea, que siempre reclama convertirse en hecho, "no es una pasión cerebral, sino el cerebro de la pasión", cual decía Marx. La pasión revolucionaria llevó los fundadores de la Primera Internacional a la formulación lúcida: "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Idéntico pensar flamea en las iniciales U.H.P. La más válida y certera de las críticas contra las condiciones sociales ambientes, la crítica de las armas, las parió entre gritos de alegría y llanto, como conjuro de lucha. El apasionamiento del proletariado que abría fuego sobre el capitalismo en Octubre de 1934, reinventó la idea forjándola de rondón en hecho.

El U.H.P. realizó en Asturias la unidad de los explotados porque su objetivo directo era abatir el capitalismo y poner proa a una sociedad sin clases. Esa condición hizo posible el combate y su asombroso heroismo, reconocido incluso por el enemigo. Al conjuro del U.H.P. iban cayendo en manos del proletariado las armas, el poder y la economía, manifestación suprema de la unidad de la clase trabajadora, contrapuesta a la unidad que siempre le ofrecen y a menudo le imponen las que fueron organizaciones del Frente Popular. Por eso, antes de asaltar los cuarteles de la guardia civil, los hombres de 1934 tuvieron que hacer saltar las ataduras de las organizaciones que los retenían dentro del capitalismo parlamentario.

Antes de que pase cuarenta veces el aniversario de Octubre, millones de hombres han de entrar de nuevo en liza al conjuro insurreccional:

¡U. H. P., U. H. P.!