Alarma, n.º 25, 2º trimestre 1973 (págs. 8-14). PDF del número completo
El periódico que se orna con tal título es el órgano del bordiguismo, ¡qué decimos!, el del Partido Histórico del proletariado internacional en Francia, para mayor precisión, el centinela del "Programa Comunista". En tal calidad, ha perdido la paciencia con nosotros, hasta ahora vigilados de reojo con cierta tolerancia, y sin poder más, nos suelta los improperios exigidos por su función. No por ser autodesignada es menos, sino más función de centinela. Tenemos pues que acudir a su voz, y tratar de excusarnos como cuando un policía del tráfico nos sorprende atravesando la calle fuera de los clavos. Y perdónennos nuestros camaradas y amigos esta lectura. Es un caso de fuerza mayor.
La gota que ha hecho estallar la cólera del centinela es la "REAFIRMACION" impresa en apéndice a la edición facsímil de la obra de Munis "Jalones de derrota: promesa de victoria", reproducida en el n° 21 de Alarma. Tres cuartos de página de "LE PROLETAIRE" (n° 139, noviembre-diciembre 1972) están consagrados a hacernos cisco —à nous éreinter, se dice en francés. Hubiéramos tenido tiempo de incluir una réplica en el número de Alarma correspondiente al primer trimestre de este año, pero estaba en elaboración un artículo en que teníamos algo que decir sobre el partido histórico y su centralismo orgánico, y preferimos no leer siquiera el ataque del centinela antes de terminar, a fin de que no influenciase nuestro criterio.
Primera frase de su texto, primera falsedad: "El grupo hispano-francés Fomento Obrero Revolucionario...". No, centinela, hablas sin saber y con demasiada ligereza de cascos. F.O.R. no tiene nada de francés, aunque en vida militase en su seno Benjamin Péret, y si lo tuviese sería obligación elemental tuya cerrar la boca, para impedir que se entere quien no debe; de lo contrario, podría llamársete, no ya centinela, sino algo peor.
Líneas después y a cuento de situarnos políticamente, pretende que en España "Munis y algunos trotzkistas 'ortodoxos' formaron la izquierda del P.O.U.M., del que fueron expulsados en abril de 1937, establecieron relaciones con los libertarios de 'izquierda', Los Amigos de Durruti..." etc. Nuevas falsedades, cuatro al hilo. Munis no estuvo nunca en el POUM, por lo tanto no pudo haber sido excluido, tampoco formó una izquierda en su seno, y las "relaciones" del grupo trotzkista de entonces con los Amigos de Durruti fueron fusil en mano, en lucha contra el stalinismo, no en abril, sino durante la insurrección de Mayo. Esperemos que el centinela no lo tome a mal.
Esa manera de informar sobre nosotros no puede venir sino de lo que han dicho algunos anarquistas, que confunden el POUM con el trotzkismo, y de la revista Autogestion et Socialisme, que bebe en iguales fuentes. No importa. Lo que persigue "Le Proletaire" es preparar el terreno para mostrar, párrafos adelante y no de manera más exacta, nuestras relaciones ideológicas... con Prouhon. Ya se verá. Ahora continuemos.
El párrafo segundo deja ver la hilacha del artículo en la siguiente tergiversación: la Reafirmación de Munis "merece algunas líneas de comentario, para mostrar que la 'superación del trotzkismo' por parte de esos elementos (1) equivale pura y simplemente a una caída en el anti-bolchevismo anarquizante y espontaneista, en concordancia con el sedicente 'comunismo de izquierda' del pretenso 'marxismo europeo' que ilustran Gorter, Pannekoek y otros Korsch".
He ahí una hoquedad que ilustra el desparpajo del "partido histórico" para echarnos su cenizo, porque, o no han leído lo dicho por nosotros tocante a la espontaneidad y sus adyacentes, o les tiene al fresco. Esto es lo más probable, pues para ellos se trata de confirmarse y reconfirmarse en la propiedad privada de la revolución. En cualquier caso, acusación gratuita, de tarambaina.
El tercer párrafo comporta una falsedad confirmable por quienquiera, incluso por un centinela "Proletario", y dos errores significativos en la traducción de una cita sacada de Munis. La falsedad: "Munis hace de la revolución (?) española una apología semejante a la que puede encontrarse en textos anarquistas, los de Gastón Leval, por ejemplo". ¿Es que antes aventurarse a tal afirmación, los escritores de "Le Proletaire" han leido las críticas del anarquismo contenidas en "Jalones de derrota: promesa de victoria"? Otra vez, les tiene al fresco. ¿Qué necesidad tienen de leerlas para continuar haciendo sus gargarismos? Por nuestra parte, queremos facilitarles esos ejercicios, diciéndoles que si por ventura un anarquista, fuere Leval o Perico el de los Palotes, defendiese la revolución española por las mismas razones que nosotros, y con parecida crítica —lo que no ocurre—, y bien, atinaría, y por muy ácrata que se dijese sería mejor marxista que "Le Proletaire", en el caso referido al menos. Pero lo que nuestros maldicientes no aguantan es, simplemente, que se hable de una revolución en España. He ahí la coincidencia que motiva la falsedad anterior. Volveremos sobre ello.
Cachaza, y veamos la traducción viciada: Munis escribe que la revolución española "proyecta hacia el futuro importantes modificaciones tácticas y estratégicas. Tanto, que en el dominio del pensamiento no pueden elaborarse hoy sino despreciables remedos de teoría, si se prescinde del aporte de la revolución española, y precisamente en cuanto contrasta, superándolo o negándolo, con el aporte de la revolución rusa". El final de la cita, "Le Proletaire" lo traduce así: "car cette contribution, justement, s'oppose, en la dépassant ou en la niant, à celle de la révolution russe". El texto español dice muy adrede: en cuanto supera o niega. La versión del centinela convierte la parte en el todo. Y se acabó para nosotros la revolución rusa, que es lo que el centinela tiene que mostrar, y que más adelante reitera con recursos polémicos de peor calidad todavía.
El otro error hace recaer el vicio de traducción sobre la cabeza de los autores del artículo. Allí donde el texto español habla de "remedos de teoría", ellos ponen: "parodias de doctrina". A estas alturas y por muy depositarios del programa comunista que se consideren, parecen no haberse enterado de que uno de los fundamentos principales de dicho programa consiste en rechazar toda doctrina. Y no es que nos achaquen el ser doctrinarios. Es que lo son ellos, hasta el tuétano. La palabra se les viene sóla a la boca, igual que el doctrinarismo se les escapa de contínuo por todos los poros.
El cuarto párrafo nos adoctrina —cabe decirlo— sobre lo que debe entenderse por estructuras y superestructuras. El texto inculpado, y pormenorizadamente el libro "Jalones", se refieren a la destrucción, por el proletariado, de las estructuras de la sociedad capitalista, "en lo económico, en lo político y en lo judicial". Lo que es político y jurídico, nos sopla el centinela con ironía, corresponde a las superestructuras. Preguntémoslo: ¿también el gobierno burgués con toda su maquinaria gubernamental, también el ejército y la policía, también los tribunales, también la casta clerical tan poderosa en España? Es a todo eso a lo que corresponden superestructuras de las cuales no habla la "Reafirmación". Acto seguido, otra leccioncita del centinela, aun más desplazada, sobre las relaciones mercantiles en el capitalismo, por oposición a las relaciones jurídicas que durante el feudalismo ligaban entre sí a las personas, cual si hubiéramos dicho nosotros que la revolución española estableció nuevas relaciones jurídicas. Lo que creó, fueron tribunales propios, que juzgaban según su entender, haciendo caso omiso de la antigua superestructura —esta vez sí— jurídica del capitalismo, más sin que quedase formalmente abolida. Digamos a nuestro centinela, aunque lo eche en saco roto, que fueron precisamente las relaciones mercantiles que obligan los vientres vacíos a venderse al capital por un salario, las que, junto con los organismo estatales, sufrieron mayor quebranto. Pero el quebrantamiento no tuvo lugar según el esquema que llevan incrustado en la cabeza él y otros muchos por quienes siente un desprecio que no siempre justifican sus propias posiciones. ¿Se quiere mayor demostración de su inexistencia?
Obsérvese ahora su explicación de la revolución rusa: "Verdad es que, en el plano económico, la revolución rusa no sobrepasó nunca el estadio burgués, pero precisamente porque tuvo que instaurar el capitalismo por medio de nacionalizaciones (2) que representaban su fase inicial, la de la acumulación primitiva y no la fase final de capital monopolista. Fué permanente (en el sentido de Marx) porque si en efecto fué una revolución burguesa en el plano económico, fué realizada por el proletariado con la perspectiva de la revolución internacional. Políticamente, la dictadura del partido bolchevique (incluso obstaculizada por la necesarias "buenas relaciones con el campesinado") la convirtió en un episodio de la revolución proletaria mundial, el único victorioso. Nunca los bolcheviques pensaron (y para los stalinistas no ha sido nunca, ni es sino un tema de propaganda) 'saltar' o peor aún 'abatir' el capitalismo en la Rusia pre-capitalista sólo. El jueguecito de Munis —tomado de Pannekoek— está claro: presentar la revolución bolchevique como una revolución burguesa incluso en el plano político a fin de liquidarla. Entonces el stalinismo, en lugar de ser producto del reflujo de la revolución internacional (producto que, a su vez, tiene un efecto contrarrevolucionario en el plano político exclusivamente) conviértese en un fenómeno aberrante, una mostruosidad de la historia (o mejor, el 'castigo' a la incapacidad de los bolcheviques para destruir un capital inexistente) ¡y contra toda realidad histórica se habla de 'urgencia de la revolución!'".
"Le Proletaire" centinela miente, si no adrede sí por ignorancia imperdonable, al decir que para nosotros la revolución rusa no es más que burguesa por los dos costados. Y el jueguecito en cuestión es el suyo, además con una incoherencia palmaria. En efecto, cuando nosotros escribimos que en 1917 hubo revolución permanente o democrático-burguesa hecha por el proletariado con vistas a la revolución mundial, afirmamos implícitamente (y está dicho explícitamente) que no fué una revolución burguesa en ningún plano, entérense los pedantes. Porque tal categoría de revolución, para serlo, tiene que desarrollar las estructuras y las superestructuras (el derecho en todos sus aspectos) de la clase burguesa, clase que se distingue, principal si no exclusivamente, por la propiedad privada de los instrumentos de producción, y al margen de lo cual no existe ella ni su revolución. Por ende, cuando hablamos de la muerte de la revolución comprendemos en ella, está claro, la perspectiva socialista y la revolución democrática. Lo que muere es la revolución permanente, aquello mismo que había sido hecho.
Muy otro es el sesgo interpretativo de los centinelas del programa comunista. Según su saber —examínese de cerca la cita anterior— la revolución "tuvo que instaurar el capitalismo mediante estatizaciones que representaban la fase de acumulación primitiva, no la final de capital monopolista". Esa afirmación basta para darnos por resultado una revolución burguesa y nada más que burguesa, realizada por "la dictadura del partido bolchevique". Pannekoek no pretende otra cosa y lo dice con mejor lógica, aunque no con mayor razón. De hecho, el bordiguismo se situa en eso más atrás de Pannekoek, se atasca en la acumulación primitiva, que en la evolución histórica se sitúa bastante antes de la posibilidad misma de revolución burguesa.
El lío es casi inextricable. Se nos dice para empezar que los bolcheviques instauraron deliberadamente la acumulación primitiva del capital, mediante nacionalizaciones, por lo cual se trataba, en lo económico, de revolución burguesa. Acto seguido que la dictadura de los bolcheviques representaba un episodio de la revolución mundial, una revolución proletaria en lo político, por consecuencia. Pocas líneas después, que Rusia se hallaba en estadio pre-capitalista y que por ende los bolcheviques no podían destruir "un capital inexistente". Ahora bien, en semejantes condiciones, no ya la revolución proletaria, sino la propia revolución burguesa se convierte en absoluta imposibilidad, a menos de creer que la historia la forjan algunos genios, con independencia total de las condiciones materiales. No había capital, luego los bolcheviques tuvieron que sacárselo de la manga para nacionalizarlo. ¿Qué nacionalizaban si no? ¿Y de donde, en tal caso, sale un proletariado ruso tan avezado en achaques revolucionarios que instaura su dictadura y toma la delantera de la revolución mundial? ¿Inspiración e intereses del proletariado mundial? ¿La Liga Comunista dice eso para permitirse hablar de una "auténtica revolución proletaria en China"? Los parentescos políticos existen aún execrados por ambas partes. De no ser así, arcano. Mas en fin de cuentas, ¿qué es lo que hace ese proletariado ruso, o ese partido bolchevique sin proletariado? Se ponen a realizar... la acumulación primitiva del capital. En el primer caso, actua políticamente antes de existir, y luego se autoengendra económicamente, puesto que su aparición como clase es paralela a la acumulación ampliada del capital. Tratándose de los bolcheviques sin proletariado, y bien, éstos se ponen a realizar la operación más inmunda de la historia del capitalismo. Dícelo el tan alerta centinela del programa comunista. Por nuestra parte, sin señalar otras incoherencias, declaramos que semejante interpretación del gran Octubre es descabellada y denigrante para todos sus protagonistas, bolcheviques en cabeza.
Si algún sentido podía tener la revolución permanente (en el concepto de Marx, para no salirnos del terreno vallado por nuestros contradictores) es el de una sublevación o revolución que, empezando por destrozar en Rusia el armatoste político y económico del zarismo, desencadenase la revolución comunista en la Europa industrializada y consintiese allí el entronque directo con la misma revolución. No podía pasarle por las mientes a Marx, que el entonces tenue proletariado ruso se consagrase, aún si fracasaba la revolución europea, a explotarse y martirizarse a sí mismo, a fin de acumular un capital incial, faena achacada por nuestro centinela a los bolcheviques.
No otro que el indicado por Marx fué el embate de los bolcheviques. No es verdad que el comunismo de guerra fuese sólo un expediente de "ciudad sitiada". Fué también un comienzo rudimentario y en condiciones paupérrimas, de supresión de las relaciones económicas capitalistas. Lo recuerda Trotzky en "De Octubre rojo a mi destierro". Es, por el contrario, el capitalismo de Estado ideado luego por Lenin el que quería ser, poder efectivo de los soviets mediante, un expediente de país revolucionario sitiado, al aguardo de que el proletariado europeo rompiese el sitio. Al "Proletario" centinela se le han colado esos dos hechos sin verlos, pues al parecer, en su entendimiento no cabe que un país atrasado aborde la revolución comunista sino por medio de la acumulación ampliada del capital hasta la fase monopolista. Con ello, dicho quede al paso, gratifica de positiva la acción contrarrevolucionaria del stalinismo. ¿Qué ha hecho en su criterio, sino prolongar la acumulación que él endilga a los bolcheviques como propósito deliberado y hasta científico, desde antes del retroceso de la revolución europea? Y así, mientras nos acusa en falso de decir que la revolución de marras fué burguesa en lo político tanto como en lo económico, él ve en el stalinismo la continuidad económica del bolchevismo, el completamiento de la revolución burguesa, hasta la fase monopolista. Contrarrevolución política, sí, pero revolución económica. Con tu pan te la comas, centinela.
De todos modos, y cualquiera sea el renqueo de su análisis, el bordiguismo admite que el stalinismo en Rusia tiene por base el capitalismo de Estado. Pero, sin reparar en la contradicción, sostiene que en Francia, Italia, España, etc., y por descontado en la España de 1936, la actuación del stalinismo es de naturaleza reformista, oportunista, revisionista. Ello le dá motivo a zarandearnos otra vez en los párrafos seis y siete, porque nosotros lo negamos. Nótese con qué clase de rigor y con qué excrupolosidad crítica lo hace:
Según Munis, en España el stalinismo "no ha desempeñado el papel de auxiliar de la burguesía, de Kerensky o de Noske (fin de la cita de Munis y continua el centinela por su cuenta) sino que ha hecho la contrarrevolución en sí. ¿Y por qué? Envidentemente por 'appetit du pouvoir' (ansias de poder), para hacer su revolución totalitaria..."
Los lectores de "Le Proletaire" quedarán así convencidos de nuestra majadería, sin saber que el entrecomillado "appetit du pouvoir" no nos pertenece, ni tampoco las palabras, para hacer su revolución totalitaria. Uno y otras son invención e introducción del celoso centinela. Sí hemos dicho y sostenemos, que el stalinismo hizo la contrarrevolución en España, mas no en sí, sino para sí. Que nos diga el centinela si el stalinismo en Rusia encontró su impulso contrarrevolucionario en la mera apetencia de poder, o en el uso y abuso de la plusvalía, poder máximo. Y en China, y en Alemania, y en Polonia, etc. hasta en la pequeña Cuba misma.
En fin de cuentas —añade el centinela— fueron precisamente los stalinistas quienes "desempeñaron el papel de 'tontos útiles' y fueron liquidados en 1939 por cierta junta Casado". No está enterado, o no quiere enterarse, de que Casado y Miaja eran hombres del stalinismo, de que el golpecito de la junta le fué sugerido a Casado por el mismísimo Negrín, con el beneplácito de sus mentores, los líderes stalinistas; tampoco de que el partido stalinista proclamó en Madrid no oponerse a la junta, y menos todavía de que la entrega de todo a Franco estaba decidida en Moscú, que abandonaba el terreno a Franco-Hitler-Mussolini, en prenda del ya maditado pacto Hitler-Stalin.
"Le Proletaire" llega a algo peor en aras de la doctrina en torno a la cual monta la guardia. Según él, ¡son los stalinistas quienes fueron liquidados! Algunos sí, ¿pero defendiendo qué, centinela? Desde 1938, el stalinismo era la policía. En cambio, no tiene sino palabras despreciativas para los Comités-gobierno, que según él no sólo defendían la república burguesa, sino que dejaron "echar fácilmente una cruz" sobre las transformaciones revolucionarias (para él inexistentes). Hágase memoria de que el stalinismo negó también la existencia de una revolución proletaria, de que tachó de robos las expropiaciones, de tribus de salvages las milicias obreras, y de que cuando reconstituyó como suya y con armas rusas la policía, reclamó: fuera los comités, todo el poder para el gobierno, quienes quieren hacer la revolución social o hablan de ella son agentes de Franco, y otras lindezas. A vuestra digestión las ofrecemos, apoderados del 'Programa'. Nos gustaría ver cómo os las arreglais para acomodar todo eso con vuestra doctrina.
Estábamos en que los Comités-gobierno ¡dejaron, fácilmente! No da uno crédito a sus ojos. Centenares de luchas de los comités, de grupos obreros y de milicianos contra el poder oficial, a menudo contra el stalinismo directamente, muchas de ellas luchas armadas, una que duró varios días por el dominio de la frontera con Francia, en manos de los comités. Fruslerías, decretó la doctrina desde 1936. Mejor, una insurrección proletaria contra la reacción stalino-capitalista. Más de mil muertos en combate, centenares, millares de asesinados después: "Los revolucionarios amanecían asesinados (por el stalinismo, centinela de tu ombligo) en las cunetas de las carreteras, en número mayor que en la zona franquista" (Irujo dixit y los muertos hablan). Para colmo, procesos tipo Moscú, entre ellos el del POUM y el nuestro. Todo eso y mucho más, escrito no sólo en "Jalones", nada, episodios risibles de "la clownesca república española", a la cual, en resumen, Franco "le dió lo que se merecía".
Después de tal retorsión de acontecimientos históricos verificables por quienquiera, apenas es necesario indicar que las acusaciones de remasticar el prodhonismo, de anarquismo, etc., se basan en retorsiones del breve texto "Reafirmación", y en la completa ignorancia de lo dicho en "Jalones", sin que falten, como antes, palabras entre comillas ajenas a nuestra pluma. El pináculo de la retorsión lo alcanza "Le Proletaire" saltándose a la torera una cita de Marx dada en la "Reafirmación", pues evidentemente no cuadra con su doctrina. Una sóla cosa de certera se nos dice, a saber, que para conservar las conquistas revolucionarias hay que tomar el poder. Pero si el centinela o cualquier relevo suyo se hubiese dado la molestia, no ya de leer, es demasiado pedirles, sino de hojear el libro referido, habría topado sin dificultad con alguna página en que se afirma ese lugar común mas que centenario. Con mayor precisión, en el capítulo "La Propiedad", a cuyo respecto nos tacha de prodhonismo "Le Proletaire", irresponsable, calumniosamente, y haciendo trampa.
En efecto, está dicho en la reafirmación con palabras de Marx, que lo que necesita la clase obrera es "erigir una barrera infranqueable, un obstáculo social, que le vede tener que venderse al capital por 'contrato libre', ella y su progenitura, hasta la esclavitud y la muerte". Y a continuación sigue hablando Munis: "Le hace falta pues disponer a su albedrío de toda la riqueza social que hoy constituye la plusvalía del capital...". El artículo del centinela recoje esto último, pero las palabras de Marx las ha censurado. Evidentemente a fin de estar luego en condiciones de escribir (párrafo 10 del artículo) refiriéndose a Munis y dando esquinazo a Marx: "Pero cómo realizar todo eso? Nada más fácil: basta 'poner entre paréntesis' el período de transición con sus medidas despóticas graduales...". El celoso centinela no ha inventado las palabras, poner entre paréntesis el período de transición, pero así utilizadas, hace creer mentirosamente a sus lectores que son nuestras. Mas en su artículo sí hay algo tragado, suprimido: la cita de Marx, la barrera infranqueable, el obstáculo social que impedirá al proletariado tener que venderse al capital. No se puede concluir sino que esa no entra entre "las medidas despóticas graduales" que el partido histórico cogita para inmeditamente después de la revolución. En nuestro concepto, por el contrario, es la más importante de las imposiciones de la dictadura del proletariado, y sin ella no existirá jamás período de transición al comunismo. Ahí se inicia de necesidad. Sírvanse nuestros contradictores decirnos, por lo menos, quien va a administrar la actual plusvalía y cuando se elevará el mentado obstáculo social. Somos todo oidos.
Como se ve, desenredar es mucho más laborioso que enredar y de propina trabajo aburridísimo. Sin inquietarnos más de otros enredos y tergiversaciones, demos a saborear el párrafo más sentencioso del centinela:
"Si ese, repitámoslo, es el 'sobrepase' del trotzkismo, el remedio es, con mucho, peor que la enfermedad. Y en el año de gracia de 1972 no se puede continuar hablando de 'enfermedad infantil', extremista. Lo que aparece ante nosotros es más bien un cuadro de involución senil oportunista, que vuelve a machaconear los lugares comunes del infantilismo pre-marxista proudhoniano".
Cuanto tenía que decir "Le Proletaire" a propósito de nosotros, incluso eso, estaba ya contenido en el título de su artículo: "Enfermedad infantil, o chochería senil?". Apreciaciones de tal porte sólo cabe dejarlas a juicio de terceros, a menos de responder a la verdulera con lengua de verdulera.
Tras lo expuesto, cerramos enviando de rebote al celoso centinela del "Programa Comunista", su propio ripio. De entrada, su artículo nos echa los perros diciendo: "Fomento Obrero Revolucionario se ha hecho célebre, (al modo de Eróstrato) mediante un texto titulado —discúlpese la nimiedad— Pro Segundo Manifiesto Comunista". Simple modo de dar a entender que nosotros y cero todo es cero, la osadía tras un signo menos. Tirando de enciclopédico para familiarizarnos con nuestro antepasado, encontramos que el tal Eróstrato era un cualquiera habitante de la ciudad griega de Efeso, que deseando inmortalizarse —cuenta la leyenda— injurió e incendió el templo de la diosa Diana, pero precisamente la noche del nacimiento de Alejandro el Grande. Los habitantes de Efeso prohibieron pronunciar su nombre, bajo pena de muerte. Ya saben a lo que se exponen, al menos por parte de los lugareños de ese santuario que es "el partido histórico", los camaradas y amigos que se atrevan a articular nuestro apelativo, pues nosotros nos esforzaremos, día a día, en poner fuego a los templos en que se recalienta cualquier doctrina. Son el postrer refugio de los fantasmas religiosos que el iconoclasta Karl Marx recomendaba espantar.
Entre el templo, Alejandro y Eróstrato, nos quedamos con el oscuro Eróstrato.
(1) Omitimos aquí un paréntesis de "Le Proletaire", mueca benevolente para el pasado de esos elementos que somos nosotros. Es supérfluo. (2) Este subrayado es nuestro; los otros de mano de "Le Proletaire".