Alarma, n.º 28, 1.er trimestre 1975 (págs. 11-12). PDF del número completo

"SALUD A LA CRISIS", ostenta la portada de un número de "Revolution Internationale" del presente año. Se trata de una tendencia que se propone dar nuevo aliento a la teoría revolucionaria, formar organización internacional, convertirse, por sus intrínsecas potencialidades, en alma de la revolución, "cuando despierte el durmiente"1, es decir, cuando el proletariado adquiera consciencia de sí y para sí. Se comprende tan reverente sombrerazo sabiendo que, según "R.I.", el de sí y el para sí no iluminarán el entendimiento del proletariado sino el día que la crisis de sobreproducción ponga de patas en la calle a millonadas de obreros.

El desatino es mayúsculo a nuestros ojos, hablando con eufemismo. Pasaríamos, no obstante, de largo junto a él, si no fuera porque al mismo tiempo se les ha antojado a los redactores de la publicación pegarnos un revés. Están, sin duda, achispados por lo que creen que la supuesta vecindad de la crisis les promete. Así atropellan sin miramiento la verdad, escribiendo que nuestra tendencia suma sus propios lamentos a los lamentos hipócritas de la burguesía sobre los sufrimientos que la crisis depara a la clase trabajadora. Para "Revolution Internationale" esos sufrimientos son un inevitable Purgatorio de acceso a la revolución. Cuanto antes vengan mejor. Mientrastanto, los saludadores esperan, impávidos, y listos para surgir en abanderados de unas masas al fin cerebro abierto a la consciencia.

Pongamos las cosas en claro. Nosotros hemos dicho y recalcamos:

1° QUE EN LAS CONDICIONES ACTUALES UNA CRISIS DE SOBREPRODUCCION REPRESENTARIA MUY PROBABLEMENTE UNA CATASTROFE PARA EL PROLETARIADO;

2° QUE TAL SUERTE DE CRISIS NO ES NI PODRA SER JAMAS EL PRINCIPAL FORJADOR DE UNA LUCHA Y DE UNA CONSCIENCIA REVOLUCIONARIAS.

Bases —muy sucintas— de la primera tesis: decenas, centenares de millones de obreros en paro verán la solución inmediata a su miseria en la vuelta al trabajo cobrando un salario, es decir, en la reanudación de la actividad económica capitalista. ¿Y quien se atrevería entonces a reprochárselos, sino algún que otro tarabilla? Más temible aún es que la reanudación del crecimiento industrial les sería ofrecida como paso al socialismo, por toda suerte de aspirantes al capitalismo de Estado, en particular los de la contrarrevolución stalinista. La catástrofe amenazante caso de crisis de sobreproducción capitalista, es pues una nueva y más totalitaria sujeción del proletariado al sistema decadente. ¿Es eso asimilable a las jeremiadas de la burguesía sobre el paro obrero? Tan poco asimilable como a las chungas esperanzas que en él depositais vosotros, saludadores de "Revolution Internationale". Otra cosa sería si la crisis viniese provocada por la insurgencia anticapitalista de los explotados.

Bases —también sucintas— de la segunda tesis: el sistema capitalista es inseparable de innúmeras contradicciones que él mismo resuelve y hace reaparecer en forma idéntica o modificada, para ser resueltas, reaparecer otra vez y así sucesivamente. La crisis de sobreprodución es tan sólo una manifestación más de dichas contradicciones. Ahora bien, la necesidad de revolución, y por lo tanto la consciencia revolucionaria en el proletariado, no pueden en manera alguna provenir de contradicciones solubles por el sistema, sin hablar en este sencillo rebote de otros factores no menos importantes. De lo contrario se impondría concluir que un capitalismo sin crisis de sobreproducción anularía la posibilidad y hasta la necesidad histórica de comunismo, conclusión implícita en el razonar de "Revolution Internationale". No, el fermento más potente para la acción revolucionaria, generadora, ella si, de la consciencia, está en el funcionamiento del sistema capitalista, sin necesidad de crisis de sobreproducción. Es un sistema de esclavitud asalariada, como tal en contradicción con la sociedad, con el hombre en general. Si a pesar de ello ha desempeñado un cometido importante, incluso indispensable, la contradicción, quintaesencia de su existir, ha ido destacándose a medida de su propio desarrollo, y al llegar éste al máximo, ya pretérito2, cobra una virulencia inmediata mortal. De mil maneras, esa contradicción entre el sistema y la humanidad, en fin de cuentas entre el capital y la clase trabajadora, se manifiesta cotidianamente, desde la cadena o la automación en las fábricas, hasta la enseñanza en los altos centros docentes, desde los retozos infantiles, hasta la criminalidad militarista y policíaca de todos los gobiernos. Ahí ha de abrevarse la consciencia, empezando por la de los revolucionarios.

Es ese un venero de motivos concretos de lucha y de ideas revolucionarias inagotable, y más caudaloso con cada año que transcurre. Sólo hace falta que los revolucionarios lo vean y sepan aprovecharlo yendo a los hechos, en cuyo defecto garrulería y fatuidad empañan su consciencia. El hambre produce alucinaciones; pídese lucidez. Esperen pues la crisis los creyentes en la revelación, "Revolution Internationale" además de los diversos grupos trotzkistas y bordiguistas. Vienen hablando de su inminencia, el primero sobretodo, desde 1968. Siete años despues tienen que contentarse con una crisis monetaria, una disminución del crecimiento capitalista, y un importante drenaje de beneficios hacia los capitales petroleros. Y ya la amenaza de paro en gran escala está siendo aprovechada para infundir miedo a los trabajadores y hacerles agachar la cabeza ante capital y sindicatos.

A la crisis de sobreproducción, los heraldos le salen sobrando. Se caracteriza por la no venta de volúmenes enormes de todas las mercancías, incluso las alimenticias de primera necesidad, el hundimiento consecuente de los precios y deflación acentuada, la pérdida de capitales gigantescos, la paralización de gran parte de la industria y el despido de los obreros en ella ocupados. A falta de esos efectos terribles, hablar de crisis permanente es absurdo, excepto desligándola del aspecto crisis cíclica de sobreproducción. Pero entonces se señala la crisis postrera del sistema, su crisis de decadencia, tal como la ha definido Fomento Obrero Revolucionario desde Pro Segundo Manifiesto Comunista y aquí mismo atañida.

Noviembre 1974 — F.O.R. Núcleo M

  1. Título de una novela de Wells, en la cual el mundo entero ha venido a ser propiedad de un sólo individuo que vive en catalepsis durante siglos. Gimiendo bajo una burocracia que en su nombre esquilma y reprime, los pobres de bienes y espíritu exhalan su esperanza: "¡Cuando despierte el durmiente...!" ↩

  2. Véase "Imposibilidad de desarrollo capitalista". Alarma n° 22-23 ↩