Alarma, n.º 28, 1.er trimestre 1975 (págs. 7-10). PDF del número completo
"El más elevado esfuerzo heróico de que sea capaz la vieja sociedad es todavía una guerra nacional; y ahora está demostrado que es mera mistificación gubernamental, concebida para retardar la lucha de clases y para ser puesta de lado tan pronto como la lucha de clases estalla en guerra civil. La dominación de clase no puede disfrazarse ya con un uniforme nacional; los gobiernos nacionales no hacen sino uno sólo contra el proletariado"
(Marx: La Guerra civil en Francia, p. 71, ed. sociales 1946)
"... la guerra de los dominados contra los dominadores, única guerra justificable en la historia..."
(Idem, p. 69).
Tres tesis cimentan nuestra posición sobre la lucha por la independencia nacional, sea real o embustera. Las tres están interdeterminadas y se desprenden derechamente de la historia contemporánea. Una de ellas es económica, otra política y la tercera filosófica. En ese mismo orden van aquí expuestas y comentadas.
El capitalismo de hoy constituye una unidad mundial, sin excepción de país alguno. A despecho de las diferencias de desarrollo de sus diversas zonas, ha creado instrumentos de producción, técnicas, conocimientos y necesidades más que suficientes para negarlo, es decir, para aniquilarlo y acometer la organización del comunismo en la misma escala. Trátase de una civilización capitalista desigualmente implantada en el mundo, a substituir por una civilización comunista, ninguno de cuyos puntos geográficos quede en retraso por relación a cualquier otro. La potencia del capital internacional —de hecho la de los países más industrializados— convierte en quimera cualquier proyecto de desarrollo nacional y por consecuencia de independencia. A cada ciclo de producción se agranda el desnivel entre los países pobres y los paises ricos, y por tal conducto tambien la dependencia de los primeros por relación a los segundos. Es esa ley inherente a la naturaleza del sistema, la misma que agrava la sujeción de los trabajadores a medida de la concentración y el agigantamiento del capital. Por lo tanto, a menos de negar que la civilización capitalista como un todo puede y debe ser superada, es obligatorio asignar a los países atrasados la misma tarea revolucionaria que a los países adelantados, igual que si se tratase de regiones de un país muy industrializado que no hubiesen seguido el ritmo general. Engendradas por las relaciones de producción capitalistas, las aspiraciones nacionales pierden porvenir desde el momento en que esas relaciones, implantadas en todo el planeta, alcanzan un alto grado de centralización. Desde ese momento, la soberanía nacional se convierte en ilusoria allí donde no existe y en todos los casos en algo reaccionario, realidad o aspiración. Lo dicho es de una evidencia irrecusable despues de la constitución de tan numerosas naciones formalmente soberanas.
Ahora véase nuestra tesis política reducida a su más escueta expresión:
Los movimientos nacionales no tienen base en las necesidades ni en el porvenir inmediatos de la humanidad; la tienen en la continuidad del capitalismo y en la competencia dominadora de las diversas grandes potencias. Ha sonado la hora de la revolución mundial.
Durante 20 años a partir del Octubre ruso, retumba de un país a otro una serie de movimientos revolucionarios que no pueden ser interpretados sino en calidad de componentes de una sóla ofensiva del proletariado mundial. Fué condenada al fracaso por una contradicción muy singular, cuyas consecuencias padecemos todavía. Doquiera entraban en acción, las masas miraban hacia "la URSS país del socialismo", por intermedio de sus partidos, a tiempo que la URSS, volviendo a ser Rusia, estaba convirtiéndose en la segunda potencia imperialista mundial. Y así Moscú mismo fué el que llevó a la derrota o reprimió con sus propios polizontes una tentativa révolucionaria tras otra. En ninguna parte, puede asegurarse, han sido vencidos los trabajadores por la burguesía, ni siquiera en la China de 1926, sino por la intervención política o policíaca del stalinismo. E incumbe un poco de responsabilidad indirecta a cuantos, a comenzar por Trotzky, sin dejar de combatir al stalinismo, no vieron sino con retraso cuanto él acarreaba, no ya de oportunismo, sino de contrarrevolucionario, de profundamente anti-comunista, sin hablar de la responsabilidad gravísima de quienes siguen considerándolo aún como un simple oportunismo brurocrático.
Es que el maretazo de la victoria de 1917 arrebató el pensamiento más allá de las realizaciones. Se habló de revolución socialista, cuando era tan sólo permanente (democrático-burguesa hecha por el proletariado), y su transformación "sin solución de continuidad" en revolución socialista nunca tuvo lugar. Sinembargo, era esa su única razón de existencia, como ese fué también el impulso inicial de su desencadenamiento. Ahora bién, la expropiación de la propiedad privada por el Estado no alteró la función de los instrumentos de producción, que fueron haciéndose cada vez más alienantes, al paso de la acumulación ampliada del capital. En suma, así como el proletariado ruso se había elevado al ápice de la acción revolucionaria mundial, la burocracia, convertida en propietaria colectiva, llevaba la centralización del capital y el despotismo político resultante, su superestructura, al grado más alto consentido por la relación capital-salariato en el mundo contemporáneo.
Simultáneamente, Rusia se situaba como una potencia capitalista más en la maraña de intereses internacionales contradictorios. Y sacó el mayor beneficio posible gracias a sus alianzas sucesivas con los imperialismos democráticos, el hitleriano, y otra vez con los primeros. Pero sigue siendo, a pesar de todo, una potencia bastante inferior a los Estados Unidos. En un futuro choque militar, sus posibilidades son mínimas, por no decir todas negativas, a menos de una modificación muy importante de la distribución de zonas de influencia, sobretodo en los viejos continentes. Con tal objeto, el apoyo a los movimientos nacionalistas, o bien su creación de pies a cabeza, ha revelado ser un arma utilísima, desde Corea hasta Vietnam y Bengala, amén de Cuba. En fin de cuentas, Rusia está poniendo a contribución, por métodos no muy diferentes, la que fué política de Estados Unidos durante un siglo, frente a los antiguos imperialismos europeos, más fuertes que Estados Unidos en aquella época. Pero Rusia lo hace en esta etapa, cuando la nación está totalmente sobrepasada como forma de organización económica y política.
En una palabra, es el aplastamiento de la revolución mundial entre guerra y guerra lo que ha consentido toda esa barahunda nacionalista y esas guerras locales donde se mata y se muere por cuenta de los grandes amos del capitalismo... y se prepara la tercera gran matanza. Satisfecha, la independencia nacional revela ser más formal que real, mientras que en todos los casos aumenta el sojuzgamiento económico y político de los trabajadores, de las masas en general. Ni siquiera ha debilitado a las viejas metrópolis, lo que era el resultado más importante esperado de la emancipación de las colonias.
Nada tan claro al respecto como lo ocurrido en Bengala. El país está cayendo bajo la zarpa de la India, que ya practica una represión implacable en su parte occidental, y la "presencia" económica de Rusia será dominante. Es su estrategia contra China lo que ha llevado el Kremlin a la voltereta desfavorable a Pakistán que hemos presenciado. Antes de ser proclamada, la soberanía de Bengala era ya completa servidumbre.
Cerrando el comentario a esta segunda tesis, es preciso añadir que ni el aplastamiento de la revolución mundial, ni la terrible debilidad de los revolucionarios hoy, cambian lo más mínimo la necesidad histórica de revolución comunista. Por el contrario, el crecimiento del capitalismo, las exigencias inmediatas del proletariado y del Hombre, a más de la amenaza termonuclear, le confieren el mayor apremio.
En tercer lugar, desde el punto de vista dialéctico la existencia precede a la consciencia, pero también, desde el momento que esa consciencia ha hecho aparición en cualquier parte como producto de la historia humana anterior y de los factores objetivos actuales, puede reflejarse y actuar allí donde éstos últimos no están directamente presentes. Dicho de otro modo: la presencia mediata, para los países atrasados, de las condiciones creadas por el capitalismo mundial, mas la presencia de la consciencia revolucionaria (siempre viva, a despecho de los hachazos stalinistas y de la degeneración que han causado en otros) producen en los países débiles, poco desarrollados, las mismas necesidades, y posibilidades de acción en igual sentido que los países de gran industrialización. Cualquier movimiento real de las masas es hoy, ignórenlo o no, un síntoma de la necesidad de revolución comunista. Sin elevarse en los hechos a la consciencia de su verdadera naturaleza, se convierte en juguete de intereses reaccionarios o se anula. Ninguna habilidad táctica de apoyo a los movimientos nacionales podrá sustraerse a tal destino. Por lo demás, recurrir a semejantes "habilidades" es aceptar que las engañifas nacionalistas heredadas del pasado, arraigadas en el capitalismo, contienen una fuerza subversiva de que carecería la idea de revolución social. De cualquier manera que sea, el enorme desacople del factor subjetivo relativamente a los factores objetivos, de la consciencia del proletariado por relación a la existencia, es decir, a la madurez del mundo exterior para la revolución, no pueden en modo alguno revigorizar las antiguas creaciones del sistema capitalista.
Las tres tesis convergen el mismo punto: el carácter irreal y reaccionario, porque innecesario, de la lucha nacional.
Así pues, no somos nosotros quienes negamos el derecho de un país cualquier a la independencia; es el monstruoso poderío del capitalismo mundial. Por otra parte, está presente la posibilidad de pasar a una civilización comunista, en la cual la libertad individual y colectiva reduzcan a nada lo que la independencia nacional ha consentido en sus mejores momentos a un número restringido de países. Creemos haber dicho lo esencial al respecto en el capítulo "Imperialismo e independencia nacional" de Pro Segundo Manifiesto Comunista.
Apenas merece decirse que la libertad de hablar y de enseñar la propia lengua debe ser respetada siempre. No es esa una característica nacional en el verdadero sentido. Y por lo que atañe a los negros de Estados Unidos, es inimaginable que encuentren un tronco cultural propio. ¿Donde? ¿En Africa? Se sentirían allí peor establecidos que en Alabama. Su cultura es la nuestra y sólo con ella se desarrollará o perecerá. Es problema negro ha sido creado por el imbécil desprecio de los blancos y la salvajadas de que se han hecho reos. No existe en países mucho más atrasados, donde los negros han gozado de condiciones semejantes a las de los blancos, buenas o malas, a despecho de que la libertad política general fuese en ellos inferior a la de Estados Unidos.
En algún lugar, Engels expresa la idea de que, ya en su tiempo, los movimientos nacionales constituían una diversión al gran cometido revolucionario cuyo cumplimiento los hara desaparecer. Por nuestra parte, creemos que será imposible desembarazarse siquiera lentamente, de la venalidad de las relaciones capitalistas y del Estado, si se conserva tras la revolución el revoltijo de naciones. Una nación es algo muy distinto de algunas características físicas, psíquicas o lingüísticas. Estas permanecerán después de la revolución, algunas por siempre. La nación, no, porque no tiene sentido sino como unidad de explotación.
Junio 1972 — ALARMA
Nota
El trabajo anterior, que reproducimos del número 21 de Alarma, fué redactado en contestación a algunos camaradas que sin apoyar los movimientos nacionalistas se preguntaban las razones de su extensión en los últimos años. No hemos añadido aquí sino las dos citas de Marx que van en exergo.