Alarma, n.º 30, finales de 1975 (págs. 10-12). PDF del número completo

Al escribirse estas lineas, Franco es ya mas carroña hedionda que bicho viviente. El despota mas absoluto, sanguinario y obtuso de la historia de España, uno de los tres mas odiosos de Europa, con Hitler y Stalin, va pudriendose dia a dia entre las manos de los medicos, en lugar de morir como se merece: en el garrote vil, en ultimo acto de su propio verdugo.

Si Franco muere en la cama con todos los honores de su nefando regimen, debese a lo mismo que ha consentido su larguisimo periodo de terror y que ya fue causa principal de su avance militar en 1936-39. Debese a partidos pseudo-obreros, enemigos tan acerrimos como encubiertos de la revolucion comunista. Mas a despecho de la accion castradora de los mismos, no es solo Franco el que finiquita ahora, sino tambien su regimen. El embate ininterrumpido de la clase trabajadora durante quince años ha ido socavando sus bases, hasta dejarlo casi tan maltrecho como su moribundo fundador. En otras circunstancias, la desaparición de un dictador no acarrea de necesidad la de el regimen (Stalin, Salazar). En España lo hemos dicho hace años, no se encontrara Rey ni Roque que se eche a cuestas el siniestro legado del Caballero de Cristo. No porque lo veden idiosincrasias hispanicas, pues vocaciones de asesino en jefe y de estripavidas alquilones no escasean en el "Glorioso Movimiento Nacional"; no, sino porque este tuvo siempre en su contra a la mayoria abrumadora de la poblacion, y ante todo porque el proletariado está en son levantisco. La muerte del sujeto Franco servira sólo para acortar los plazos.

Lo importante ahora para el proletariado, a comenzar por sus grupos mejor preparados, es no dejarse desorientar por las trapisondas, combinaciones, embustes o querellas de las camarillas y partidos que en colaboracion o en disputa contienden por la hegemonia. Entre todos ellos, la tan cacareada "sucesion del Movimiento por el Movimiento mismo" (veinte años de minuciosa institucionalizacion por el dictador en persona, previa consulta de su conclave de juristas inquisitoriales) tiene la partida perdida de antemano. Han desertado de ella gran parte, si no la mayoria de sus antiguos adeptos, fugados al bando de la llamada "apertura liberal". El mismisimo vastago espiritual de Franco, su heredero designado, se encuentra entre los fugados, aunque no soltará prenda hasta verse firme corona en testa.

Quince años de luchas proletarias les han persuadidos de que la prolongacion del orden existente mediante el terrorismo franquista esta dando ya resultados amenazantes para el mismo, y ademas mermando los negocios del capitalismo hispanico.

Hasta ahi, se trata de un conglomerado procedente del propio franquismo. Pero topamos en seguida con otro conglomerado cada vez mas contiguo al primero: el de los partidos de la clandestinidad, los mas conocidos. Comprende los dos principales partidos del ex-Frente Popular secundados por los sindicatos clandestinos (Comisiones Obreras o lo que sea), por los republicanos y hasta por los monarquicos constitucionalistas y carlistas; para colmo son visto con beneplacito por los grupos dichos izquierdistas. Se ven entre ellos matices, pero no antagonismos sociales. Se tratan en todos los casos de dirigistas en ansias de acumulacion ampliada del capital. Discipulos los unos de la falsa democracia popular, los otros del degradado parlamentarismo del occidente europeo, ambos sectores tienen de comun el ser secretados por el capitalismo mundial en decadencia. Por el momento son, en España, cifra, pero mañana serán tropa de los dos bloques Imperialistas. En alianza o en rivalidad, nada bueno reservan a las masas trabajadoras. Ni mas ni menos que cualquier Juan-Carlos o papa de Juan-Carlos, aspiran a gobernar y a acelerar la productividad con el aparato policiaco, militar y judicial de Franco, y con la bendicion de la misma iglesia. (Cf. Nota)

Alertar contra unos y otros a la clase trabajadora es incumbencia principalisima de los revolucionarios en estos momentos.

Si no dependiese más que de los [ilegible] del franquismo u originarios de la clandestinidad, el principal efecto de la desaparición del regimen, que todos ellos desean paulatina, dosificada por un gobierno de union nacional, efectuada en el "orden" y si necesario con las tropas en la calle, seria la ocupación de la direccion sindical (y de la caja) por nuevos jerarcas de antemano preparados. Porque de mantener a la clase obrera acuartelada y sumisa a la productividad se trata para ellos antes que nada. La propia aureola de victimas de la represión servira el designio de esos jerarcas sindicales al aguardo. Al fin, el capital tendria sindicatos "libres" con quienes negociar la compra de la fuerza de trabajo y los obreros - piensan unos y otros - no podrian entonces objetar las decisiones sindicales. Tal es al menos, el proyecto, sin que hagan de el secreto ninguno de los aperturistas.

Ahora bien, el proletariado, a cuya lucha incesante se debe el desmoronamiento del regimen, no se dejará coger en la trampa, aunque al principio, y por mera aversión a los sindicatos falangistas, vea los nuevos organismos con simpatia. Unas cuantas huelgas dirigidas por los sindicatos "libres" le bastaran para convencerse de que no podra dar un solo paso adelante, y menos que nada un paso en direccion revolucionaria, sin desembarazarse de ellos, y de los partidos que los inspiran. Los sindicatos constituyen parte inseparable de la organización social capitalista. La lucha contra ese tipo de organizacion social, es, por lo tanto, tambien una lucha contra los sindicatos. No puede existir hoy sindicato libre de sujecion al capital. Por eso debemos decirselo desde este momento a la clase explotada, proponiendole al mismo tiempo luchar por medidas que ataquen directamente al capital, en lo economico tanto como en lo politico. Si los núcleos mas revolucionarios se muestran capaces de hablar asi a la clase entera, esta no tardara en poner pro a su revolucion.

Economicamente, el capitalismo - lo mismo el burgues que el de Estado - es, antetodo, extraccion de plusvalia mediante el trabajo asalariado (cada obrero produce, en una parte de la jornada de trabajo, mercancias que representan un valor monetario equivalente a su paga); la otra parte de su jornada de trabajo, cada vez mayor relativamente a la primera, produce gratis para el capital). La clase obrera tiene pues que arrancar esa plusvalia a quienes se la apropian, burgues, monopolio o Estado. Cuanto no sea luchar con tal mira revierte, incluso en el mejor de los casos, a adaptarse al juego de los explotadores.

En lo politico, el sistema capitalista es siempre dictadura de los de arriba sobre los de abajo. Por mucho que adopte el mas democratico de los regimenes, con "Derechos del hombre" efectivos, libertad de partidos, imprenta etc., permanece su dictadura sobre los de abajo porque esta arraigada en el sistema social. En efecto, la clase que vive del salario, porque los instrumentos de trabajo y los productos de ese mismo trabajo los detenta el capital, esta por ese hecho solo excluida de todas las decisiones politica y economicas y mantenida en condiciones culturales de inferioridad. Todas las decisiones, todas las leyes le son impuestas desde arriba. La propia representacion obrera en los lugares de trabajo esta determinada por la legislacion capitalista, y tiene por objeto allanarle a la explotacion las dificultades que a menudo le crean los trabajadores. En consecuencia, los revolucionarios debemos decir a la clase entera: reclamemos y preparemonos a imponer, la soberania absoluta de los explotados a partir de los lugares de trabajo, hasta alcanzar todos los dominios de la sociedad. No habra libertad politica que merezca ese nombre mientras la clase que produce o permite la produccion de cuanto es necesario a la vida humana no se erija colectivamente en poder politico y economico. Las asambleas generales ya practicadas en no pocas fabricas, por los obreros agricolas en el campo, hay que extenderlas, y deben guardarse de abdicar su prerogativa de decision soberana, en favor de organismo particular alguno, por muy obrero que se diga. El resto, apertura, gobierno de amplia unión nacional, monarquía o república liberales, son maniobras envolventes sin otro objeto que asediar al proletariado.

A cualquier forma de democracia capitalista debemos oponer la democracia obrera, cuyos derechos empiezan en el derecho del hombre a vivir y a realizarse sin tener que venderse a los explotadores.

La clase obrera española no dejara de iniciar luchas en tal sentido, siquiera a partir de su impulso defensivo. Pero mientras no lo haga ofensiva, deliberadamente y en forma simultanea en todo el territorio, sera de nuevo acorralada dentro del capitalismo por partidos y sindicatos. La labor revolucionaria de orientacion sera en tal sentido decisiva. Hay que familiarizar a la clase trabajadora con las soluciones comunistas tanto en lo economico como en lo politico. Ninguna reclamación, ninguna consigna que no este orientada en ese sentido. No es necesarios enumerarlas aqui. Las principales están recogidas en el ultimo capitulo de Pro Segundo Manifiesto Comunista.

Noviembre 1975 — J. Costa y G. Munis.

NOTA: El 11 noviembre 1975, Santiago Carrillo declaraba a l'Unità, el diario de sus compinches italianos: "Estamos decididos a mantener el orden democràtico a mantener la productividad, a no emprender medidas economicas que puedan parecer revolucionarias, pero que amenazan entorpecer la economia". Cualquier Lopez Rodo diria otro tanto, y por su parte, Franco ha hablado en iguales términos de productividad que Carrillo, a partir de las primeras huelgas.