Alarma, n.º 31, enero-abril 1976 (págs. 11-19). PDF del número completo

Entre todos los grupos que a tuertas o a derechas se tienen por revolucionarios, ningun topico es tan sobado y resobado como este de la consciencia.

Los escritos que tratan de ella como tema teorico son raros e insatisfactorios, pero apenas puede leerse una publicacion proletarizante que no la invoque, siempre para remitir el hecho revolucionario mismo al momento de su aparicion en el proletariado (en frances, toma, "prise de conscience", casi como la toma de un elixir). Creyendo elevar el tema, algunas de tales publicaciones echan mano de la substitucion dialectica de la clase trabajadora en si, por la clase para si. Llegan al mismo resultado, y por añadidura convierten en un solo factor la clase para si, y la consciencia revolucionaria, lo que denota un importante defecto de concepcion dialectica precisamente.

En este dominio no menos que en otros del pensamiento revolucionario, confusion y pobreza provienen directamente de 40 años de inactividad del proletariado internacional, la que a su vez ha consentido el crecimiento capitalista postbélico. Ahora bien, los grupos referidos, (Trotzkistas y bordiguistas, consejistas, santos anacoretas en mesianica reserva a la Révolution Internationale, sin olvidar a los babiecas del espectacular "strip-tease situacionista) toman efectos por causas y la causa real del efecto la ignoran de todo en todo. Temiendo abandonar terreno materialista, se refugian en un materialismo peor que vulgar, ramplon. La inactividad del proletariado en cuanto clase revolucionaria es a su entender consecuencia obligada del crecimiento capitalista, confunden este ultimo con desarollo del sistema, y por ende las derrotas del proletariado anteriores a la ultima guerra las achacan a inmadurez de las condiciones objetivas para la revolucion comunista, como si la esplendida actividad del proletariado entre las dos guerras hubiese sido atolondrada impaciencia suya y de los revolucionarios en su seno. En tal orden de lucubraciones, grupos hay que clausuran el periodo revolucionario anterior en 1919 con el rechazo de la revolucion en Alemania. Tanto vale decir que ha existido en momento alguno acometividad del proletariado fuera de Rusia y Alemania. De una manera u otra, todos se inventan pues una tranquilizadora base material para explicarse el rechazo de la revolucion entre las dos guerras, y la ausencia del movimiento revolucionario internacional desde la ultima aca, casi 40 años.

Errando por tal modo en las premisas, se yerra de necesidad, y con agravantes, en las consecuencias. En efecto, las ideas tocantes a los vericuetos o las situaciones que hubieran de permitir a la mentada consciencia deslizarse en los cerebros proletarios, cuando no son evolucionistas son milagreras, las unas triviales, las otras chuscas. Se quedan siempre dentro de un mecanismo estrechisimo, pero se sobrentiende, guarecido tras la dialectica y con algun texto de Marx por escapulario. Vease de mas cerca.

Entre los milagreros hay dos categorias: los milagreros de la crisis de sobreproduccion, y los de la caida definitiva de la tasa de beneficios del capital. Segun los primeros, las condiciones objectivas de la revolucion no estan dadas mientras el capitalismo crezca, y la clase obrera mismo no piensa en ella mientras encuentre el llamado pleno empleo. En consecuencia, los secuaces de tal vision desdeñan dirigirse a la clase, viven en circulo de intimos, destilando su propia "pureza", al aguardo de su hora. Su hora serà la crisis de sobreproduccion, el paro obrero en escala gigantesca, la quiebra de las mas solidas compañias capitalistas y la baja salarial de los obreros que no hayan perdido el trabajo. Entonces el circulo de intimos saldrà a la plaza pùblica, cual consciencia en carne y hueso, y el proletariado irredento la hara suya. No hago caricatura; asi se representan la famosa "prise de conscience" los milagreros al gusto Revolution Internationale. Comparten la misma idea, sin otra variante que la actitud cotidiana hasta el momento de la crisis, las diversas capillas trotzkistas. Peor la comparte tambien el stalinismo, en la medida en que una gran extension del paro obrero en Occidente le permitiria presentarse como salvador socialista reclamando la nacionalizacion generalizada.

Dandose visos cientificos, la otra variante milagrera asegura sin pestañear que la adquisicion de consciencia por el proletariado, por tanto la posibilidad revolucionaria misma, llegaran cuando la mengua tendencial de la tasa de beneficios del capital descienda al maximo. A fuer de materialistas (mecanicos) sus teoricos tenian que encontrar un motivo economico mayor que vede la continuidad del sistema capitalista. Es innegable que cuando llegue ese momento, si llega, no quedando un pijotero negocio que hacer, el capitalismo finiquitara. pero en tal caso finiquitarà apagandose como llama que consume todo el oxigeno disponible. Lejos de ser entonces liquidado revolucionarmente, por el paso a un tipo superior de sociedad, con él y en delantera de él, irian consumiendose las condiciones objetivas de la revolucion y el propio proletariado como clase revolucionaria. Eso basta para ver claro, sin necesidad de entrar en otros aspectos, que esta categoria de milagreros caen en desvario aun peor que los primeros, pues si su ideacion se realizase, lo que seria preocupacion imperativa general no es revolucion comunista, sino la simple sobrevivencia de los individuos, siquiera como esclavos o nuevo siervos de la gleba.

No existe en la actualidad tendencia alguna que conciba evolutivamente el paso del capitalismo al comunismo. Las organizaciones stalinistas y "socialistas", de cualquier bordo que sean, hablan, cierto, de ese paso pacifico y legal, pero lo hacen a sabiendas de que se trata para ellas, de llegar al capitalismo de Estado. En cuanto concepcion social, el reformismo se acabo hace sobrados años. Hablar pues de una socialdemocratizacion del movimiento obrero enturbia toda concepcion, impide tener nocion exacta del periodo historico que vivimos y aisla del buen trabajo revolucionario inmediato. Para colmo certifica como veraz la demagogia democratico-burguesa del stalinismo. En tal sentido asistimos, por el contrario, a una stalinizacion del que fué reformismo, y hasta de las propias instituciones del capitalismo occidental. Sinembargo, hay un neto relente evolucionista en determinadas nociones tocantes a la formacion de la consciencia revolucionaria del proletariado, y la constitucion de la clase para si. Aunque no pase de ahi, reblandece la accion combativa de sus adeptos; y la accion es por si mismo consciencia y formadora de mayor consciencia.

Dos son tambien las corrientes principales de ese evolucionismo. Una de ellas cree poder suscitar la consciencia en la masa de asalariados paso a paso, gracias a peticiones de caracter inmediato, o sea de simple mejoras dentro del capitalismo. Eslabonandolas con radicalismo progresivo, la consciencia del proletariado pasaria pretende, de la mentalidad democratica sindicalista a la mentalidad revolucionaria, de la defensiva frente al sistema capitalista a la ofensiva contra él, de clase gobernada a clase gobernante. De ahi se deduce el trabajo fraccional en los sindicatos, el frente ùnico con el stalinismo y el ex-reformismo, la utilizacion de los parlamentos, asi como las consignas; gobierno de los dirigentes de esas organizaciones (falsamente llamado gobierno obrero) control obrero de la produccion, nacionalizacion de la industria, y otras por el estilo. Con todo, tambien ese evolucionismo que podemos llamar tàctico sin gran severidad recurre a la crisis de sobreproduccion. Sin ella no entrevé revolucion posible, ni por ende aplicacion fructuosa de su tacticismo. En el mejor de los casos - y la mayoria de ellos son peores - sigue las huellas de los bolcheviques en 1917, cual en su tiempo hizo el Programa de Transicion de la IV Internacional incipiente.

Retraso enorme pues desde entonces han cambiado profundamente la naturaleza de las grandes organizaciones antes obreras, la experiencia de la lucha de clases mundial y las posibilidades inmediatas de la revolucion comunista, mientras el capitalismo, por su parte se adentra en la forma estatal, sino inequivoco de su reaccionaria, decadente nocividad. De ahi que las tendencias en cuestion esten hoy a la derecha de su modelo bolchevique o trotzkista, y aun mas a la derecha de cuanto exige la actividad revolucionaria. Contribuyen mucho mas a deformar que a formar la consciencia del proletariado.

Otro evolucionismo inconfeso lo inspira hoy la ya antigua frase de Otto Ruhle: "la revolucion no es asunto de partido alguno", aberrante deduccion de la inapelable sentencia: "La emancipacion de los trabajadores sera obra de los trabajadores mismos". Se trata, va sobrentendido de la tendencia llamada consejista. Su simplismo teorico ha conocido en los ultimos años un rebrote en calidad de reaccion al abrumador peso de la contrarrevolucion stalinista rusa, a su decisiva participacion en el rechazo de la revolucion comunista entre las dos guerras, a la extension de su capitalismo estatal en Europa y en Asia. La contrarrevolucion aparece como obra de un partido: la revolucion por consecuencia es contemplada como necesariamente anti-partido. Y la consciencia revolucionaria aparece entonces como una lenta, progresiva adquisicion de la clase en el seno del capitalismo hasta de los propios consejos obreros una vez surgidos. Queriendo obviar esa dificultad, los consejistas llaman en su auxilio el economismo de la crisis de sobreproduccion, asociado a un falso espontaneismo. Acciones espontaneas de la clase obrera debatiendose contra los efectos catastroficos de la crisis, precipitarian la formacion de consciencia y con ella la revolucion. Asi encubren un yerro con otro yerro, porque lo unico verdaderamente espontaneo es la creado por el movimiento historico en cuanto condiciones sociales y en cuanto modalidades concretas de lucha. Ni la clase obrera, ni los revolucionarios tiene la posibilidad de elegir unas y otras. Se trata de acertar en su interpretacion y de conseguir utilizarlas. Las llamadas acciones espontaneas de la clase obrera parten, todas de una iniciativa, por desconocida que sea. De lo contrario no podrian producirse. Son pues acciones volitivas en un terreno muy propicio por lo general ignorado. Sin él, imposible provocarlas. Negarse a crear un partido que se esfuerce en interpretar acertadamente la espontaneidad dada por el devenir, es reducir al minimo la volicion, el empuje revolucionario del proletariado cuando no desecarlo.

La emancipacion del proletariado como obra del proletariado mismo, presupone su constitucion en partido y es imposibilidad absoluta sin esta constitucion. Pero ella misma a su vez no puede ser unidad maciza si no necesariamente compuesta. De lo contrario no se trataria del proletariado constituido en partido, sino de un partido constituido en proletariado, o sea de una usurpacion. Lo compuesto de ese proletariado erigido en partido, ira, va ya bajo su condicion actual de clase explotada, desde la pasividad indiferente de cualquier accion, hasta la accion y el conocimiento revolucionarios maximos, asequibles, pasando por todas las gradaciones imaginables. La exaltacion originada por la victoria obrera reducirà poco a poco muerto de los pasivos, enardecerà por lo contrario a la abrumadora mayoria, y sobretodo suscitarà capacidades y opiniones revolucionarias insospechadas, susceptibles de transformarse en otros tantos centros de agrupacion, guardando la unidad revolucionaria general. Sin entrar aqui en mas amplio analisis, esa serà la mejor garantia de cumplimiento de la revolucion hasta el comunismo. Pero, no sin que recele al principio sobretodo, peligros mortales en la medida en que alguno fraccion de la clase pretendiere, con cualquier razon, desviar el resultado del trabajo social a aplicaciones que conserven o extiendan, en lugar de aplanar, las diferencias economicas del capitalismo. Una categoria de opresores se guareceria tras ella.

El evolucionismo en cuanto a la formacion de la consciencia ha sido en realidad mas general que excepcional en la historia del movimiento revolucionario. De forma que, aquellos mismos que hablan de ella en tercera persona (la consciencia del proletariado), y de la suya en primera persona (la consciencia de cada grupo teorizante), han estado y continuan estando diversamente fallos al respecto. Es ese hoy un hecho mas extendido y grave que en otro tiempo, debido al tremendo barullo introducido en la teoria por la falaz publicidad de la contrarrevolucion stalinista los mejores servicios en sus respectivos paises, Lukacs y Gramsci, caen de lleno en el evolucionismo y no superan el economismo. Sin embargo, continuan influenciando a revolucionarios que prescindiendo de patrocinio mejorarian sin duda alguna sus concepciones.

Muy diferente y defendible por su posicion como militantes es el caso de Pannekoek, Ruhle y la izquierda germano holandesa en general. Pero sus concepciones sobre formacion de la consciencia revolucionaria y sobre la realizacion de la sociedad comunista requeririan para realizarse un tiempo indefinido de progresiva cumulacion. Suponen libertad y cultura crecientes de la clase obrera dentro del capitalismo, lo contrario de lo que ocurre.

La acumulacion y centralizacion ampliadas del capital arrecian en proporcion a si mismas la sujecion material y cultural del proletariado. Por lo tanto, no hay lugar para un gradualismo cualquiera en la formacion de consciencia. Tampoco puede aparecer bruscamente como consciencia revolucionaria neta en la clase entera, o siquiera en la mayoria de sus componentes. El disparate mayor, sin embargo comico infantilismo materialista, es hablar de una formacion cientifica de la consciencia. A ella se reduciria toda la teoria revolucionaria, si tal posibilidad existiese, y sin fracaso alguno posible, la victoria estaria matematicamente garantizada en el instante historico X en que la ciencia alcanzase su objeto formador. Pero no se trataria entonces de una sociedad humana, sino de un agregado inorganico, o a lo sumo de una termitera.

Nuestro comunismo es cientifico porque no saca de la manga los factores economicos, culturales e incluso psiquicos de su propia produccion en el devenir humano. Los descubre en la sociedad presente y en las exigencias de cada persona, que permiten satisfacer lo anterior aquirido puesto a su servicio. Con otras palabras, lo descubre en el antagonismo de la organizacion industrial con el trabajo asalariado, que acentua la esclavitud de este ultimo, cuando aquella le consiente plena libertad haciendo saltar unos cerrojos capitalistas. Pero el antagonismo no encontrara jamas desenlace automatico favorable al proletariado, o siquiera enevitable en el tiempo. 60 años rebasados hace que la posibilidad està presente y que el antagonismo fundamental se agrava. Durante tanto tiempo, la consciencia revolucionaria no ha seguido, ni mucho menos una progresion ascendente. Era menos intenso el antagonismo 40 o 60 años atras, el momento en que la consciencia del proletariado como clase mundial y sus hechos, tuvieron clarida expresion. Desde entonces, el antagonismo que permite y requiere la revolucion comunista se ha acentuado en grado sumo, mientras que la consciencia, y los hechos del proletariado han alcanzado su punto mas bajo desde 1848 aca. Y no solo la consciencia del proletariado; tambien y no sin fuerte repercusion sobre la primera: la consciencia general de los grupos revolucionarios es decir, de aquellos que pueden considerarse, mal que bien, como el sector mas alerta de la clase.

Esta pues demostrado que la consciencia de clase conoce altos y bajos. Asi ha sido siempre, en verdad. Pero el bajon que hemos presenciado desde la revolucion española hasta la fecha no tiene precedente por su duracion ni por la gravedad de los daños causados. En Europa occidental el proletariado ha sido presa organica e ideologica del capitalismo, a traves de los representantes politicos y sindicales de la contrarrevolucion rusa, al mismo tiempo que el de Europa Oriental se veia imponer la ferrea dictadura de ésta misma. En los demàs continentes, la perversion de las ideas ha llegado hasta atribuir a los movimientos nacionalista, un caracter radicalmente opuesto al que tienen, pues desde el peor de ellos hasta el menos malo, son una anacronica y reaccionaria supervivencia del pasado. De una forma o de otra, el proletariado mundial ha sido metido en el cerco de las rivalidades interimperialistas. Esa larga ausencia de acometividad revolucionaria es lo que ha dado pié a determinados intérpretes para hablar, ora de una integracion del proletariado al capitalismo, ora de la prosperidad del capital como causa directa y suficiente de la pasividad del proletariado.

Es innegable que la consciencia del proletariado en cuanto clase revolucionaria es hoy mucho màs baja que entre las dos guerras. Y no solo la de él; tambien la densidad teorica en que se expresa la consciencia revolucionaria de sus partidos y grupos delanteros, precisamente aquellos que siempre denunciaron en el sistema stalinista la contrarrevolucion capitalista de Estado. Pobreza y barullo teoricos son el lote general, acentuando por repercusion la desorientacion de la clase. Son ellos los que, casi sin excepcion, afirman que la causa de la pasividad del proletariado reside en el "pleno empleo" del crecimiento capitalista durante la actual posguerra. Es ese un vicio economista ya atavico que les lleva, quiéranlo que no, a situarse como sujeto de la historia de naturaleza diferente al proletariado. Segun ellos, en efecto, la clase no puede adquirir consciencia revolucionaria sino forzada por una necesidad material directa, cuando el capital en crisis de sobreproduccion lance a la miseria 30, 60, 100 millones o màs de obreros. Grupo hay que llega a creer indispensable la tercera guerra mundial para que la revolucion vea la luz. Por el contrario, todos ellos han adquirido su grado particular de consciencia revolucionaria —salvada aqui su validez real— al margen de la necesidad material, por conocimiento intelectivo, e incluso al margen de cualquier experiencia propia. La clase obrera y ellos aparecen por consecuencia como determinaciones y sujetos diferentes del devenir historico.

Ese precisamente es su defecto principal, engendrador de otros y lo que, por encima de su importancia numérica y de su propio querer, hace de ellos sectas, cada una enquistada en su propia version de la consciencia revolucionaria. Pretendiendo dar cuenta de todo un pasado, mal o muy parcialmente comprendido, dandose a si mismos como esencia del presente y del futuro, esos posesores de consciencia, tachan de ideologia cuanto no sea su propia idea simplista, a menudo pedestre, de la actividad revolucionaria y de la constitucion del proletariado en clase gobernante. Entre la Tierra Prometida de la "clase para si", y el cenizo "ideologia", utilizado como vade retro satanàs, la miseria teorica de unos y otros toca un punto allende el cual les espera... la nada, la disolucion o, igual da, la asimilacion por cualquiera de la corrientes prevaricadoras del "izquierdismo". No se sustraeran a la nada sino comprendiendo el proceso historico negativo por el que ha atravesado la lucha de clases.

Una referencia muy elemental se hace indispensable aqui. Entre lo que Marx llamaba ideologia y lo que designan con la misma palabra los dichos grupos no existe ninguna relacion. Las ideologias eran para Marx ocurrencias màs bien que ideas, no deducidas de la realidad social concreta en su continuo devenir, sino inventadas como doctrinas salvadoras para el proletariado y para la humanidad. Marx adoptaba el comportamiento del hombre de ciencias que estudia los materiales de su disciplina para poder enunciar ideas al respecto. Veia claro que las ideas revolucionarias no podian ser una pasion del cerebro, sino el cerebro de la pasion.

Para los inventores de felicidad humana se trataba, al contrario, de mera pasion cerebral, de ideas o de ideologia como sistema fijo, sin base en la realidad material de la sociedad. En dicho sentido, las ideologias han dejado de existir. Incluso hablar de una ideologia burguesa o stalinista es errado, pues se trata de dos modalidades de la misma engañifa intencional y sobrado evidente, aunque sea todavia impuesta a grandes masas. En cambio, los utilizadores actuales del término, ideologia, echan mano de él rehuyendo especificar, previo estudio de las condiciones dadas, las tareas revolucionarias concretas de la clase. Se limitan a enarbolar una panacea (revolucion social, o solo abolicion del trabajo asalariado) y por lo tanto adoptan posiciones màs o menos marginales, fuera de la realidad viviente y cotidianamente vivida. Porque la suppresion del salariato no puede ser comprendida, ni practicada, sino desdoblandola en tantos aspectos parciales, como problemas encuentra el proletariado para organizar la sociedad comunista. De lo contrario, se participa, quiérase que no, precisamente de lo que Marx llamaba ideologias.

A un nivel politico mejor del proletariado entre las dos guerras, correspondia una calidad teorica de los revolucionarios superior a la actual. Y a su vez, nivel politico y calidad teorica situabanse en un terreno de clase por lo general sano y optimista, todavia no hollado, o apenas, por la perversion vertida a raudales, desde la revolucion española acà, por el stalinismo y sus aliados. Entre los tres factores se dà una interrelacion muy evidente, pero es imposible acordar a cualquiera de ellos la primacia en la aparicion o reaparicion de consciencia revolucionaria en la clase obrera. La importancia de la teoria es muy grande, es decisiva a la larga, como lo es tambien para la formacion de organizaciones aptas. No obstante, ni la mejor de ellas conseguira jamas intruducir en la clase consciencia revolucionaria. En tal sentido, la escuela del proletariado no puede ser la reflexion teorica, ni la experiencia acumulada y bien interpretada, sino el resultado de sus propias realizaciones en plena lucha. La existencia precede a consciencia; el hecho revolucionario al conocimiento del mismo. Lo que la clase obrera en su conjunto o un sector de ella piense de cualquier lucha en juego, se queda muy por debajo de lo que su lucha misma realiza. El contenido latente sobrepasa de largo el contenido aparente. Solo cuando el primero se transforma en realidad, aparece la consciencia revolucionaria del hecho mismo, consciencia concreta, no teorizada por la clase, pero si conversion de la teoria revolucionaria en realizacion. Asi ha ocurrido invariablemente, desde la Commune de Paris hasta la revolucion española. Es pues imposible trazar un plan, siquiera muy aproximativo, de desarrollo de la consciencia revolucionaria. Es el nùmero de obreros conscientes dentro de la clase el que si puede aumentar, y esa es incumbencia principalisima de la o las organizaciones revolucionarias. La consciencia de la clase entera, ira abriendose camino solo en la medida en que los avatares de la lucha, que no dejaran de presentarse, la lleven a sobrepasar en los hechos las nociones que el capitalismo le inculca, y los limites que las organizaciones politicas y sindicales del mismo le imponen.

En semejantes tesituras, la consciencia revolucionaria expresada por minorias de la clase, desempeña un papel importantisimo, cuando no decisivo. No gracias a cualquier desarrollo progresivo de la consciencia en la clase, sino a su aptitud para favorecer esas situaciones, apercibirlas en cuanto se presentan y llevarlas al màximo posible de su concrecion revolucionaria. Ahora bien, dicha consciencia seguira siendo una consciencia parcial, por lo tanto susceptible de ser adulterada hasta desbaratarla. Resulta infantil, por no decir esperanza idealista, creer que con el acto revolucionario supremo la clase para si y su consciencia revolucionaria estaran plenamente realizadas. "La clase obrera para si" es mas bien una alegoria combativa que la representacion de una situacion futura. La burguesia hizo su revolucion para si y para si organizo la sociedad entera. Imposible ser clase para si sin oprimir a otras clases. La revolucion es un acto de la clase trabajadora en completo, pero tampoco para si, pues por ser la clase revolucionaria y comunista exclusiva, negando las otras clases se niega a si misma. Debera paralizar a sus enemigos, pero ni necesita, ni puede explotarlos. No hay pues otro para si que el fugaz instante de la revolucion, a partir del cual la clase obrera empieza a disolverse en el todo social, a menos de recaer en la condicion de clase explotada, para el si de otros.

Por el contrario, la consciencia revolucionaria no hace màs que entrar en su fase formativa con el ataque al capitalismo y la constitucion del proletariado en clase gobernante. La componen no solo el acto de la revolucion, sino tambien y sobretodo, el proceso subsiguiente de transformacion la sociedad en escala mundial, hasta la eliminacion de los vestigios mismos de las clases. El primero sera siempre, màs que una volicion general de la clase, un hecho consumado en el fragor de la lucha, a partir del cual la consciencia revolucionaria ira afirmandose en profundidad, extension y calidad, al mismo paso que, en la practica, la sociedad comunista. La plenitud de la consciencia no puede dimanar sino de su propio encarnarse en la estructura de la civilizacion y en la mente de cada persona. Es el descubrimiento del hombre por el hombre mismo, al fin posible.

Eso en cuanto a la consciencia revolucionaria propiamente dicha, general, cuya existencia, suponiéndola posible en medio de la sociedad actual, haria de la transformacion comunista en todos los continentes un candoroso juego de niños. En cuanto a la otra, la limitada e indispensable para dar muerte al capitalismo, depende en suprema medida de los revolucionarios en general, y muy particularmente del afiance de los obreros revolucionarios en la mayoria de la clase. Sin ello, el acto màs subversivo de ésta se resolvera en fin de cuentas en su contra, como se ha visto ya en tantas ocasiones, la ùltima en Polonia. La teoria que inspire a los revolucionarios, obreros o no, se revelará, sin la menor duda posible, decisiva. Y esa teoria comprende pasado y futuro inmediato enlazados por nuestra accion presente.

Es pues la consciencia de los revolucionarios la que primeramente tiene que situarse a la altura de las posibilidades ofrecidas por la historia a la clase entera. La idea de la revolucion comunista, incluso precisada como abolicion del trabajo asalariado, no pasa de ser nocion ligera, aùn suponiéndola adquirida por la mayoria de los trabajadores, esperanza absurda en el mundo actual. Porque la abolicion del salariato en cuanto objetivo directo una vez arrancado el poder al capital, no es un acto ùnico, cual la abolicion de las leyes actuales o el desmantelamiento del armatoste estatal. Se descompone o subdivide en una serie de medidas de cuya puesta en practica resultara, como unidad, la dicha abolicion. Las principales de ellas, las decisivas, se deducen de la situacion actual de la clase, sus posibilidades màximas comprendidas, apabullada por un capitalismo decadente, ya sin derecho a la existencia y por ello mismo de bestialidad acentuada. La consciencia de una organizacion revolucionaria cualquiera sea su cuantia numérica, no puede aparecer sino en la enumeracion de tales medidas, propuestas de lucha al proletariado. Se condenen a la vociferacion inocua, o peor, al charlatanismo politico, quienes se niegan a hacerlo. Sin entrar en detalles innecesarios aqui, véase, en Pro Segundo Manifiesto Comunista, el capitulo final: Las tareas de nuestra época, que por confusion, ignorancia u otra oscura razon algunos tildan de programa transitorio. Conviene precisar aqui algunas nociones elementales, pero totalmente olvidadas. El antiguo programa minimo del movimiento obrero proyectaba su realizacion dentro del capitalismo, en espera de acometer el programa màximo. El Programa de Transicion fundamento de la IV Internacional pretendia fundir en uno Programa Maximo y Programa Minimo. Con una salvedad importante, sinembargo, que contemplaba expropiar el capital mediante de la nacionalizacion, yerro cuyo origen està en Marx y Engels. En fin, las tareas de nuestra época, son y no pueden ser otras que el programa maximo de la revolucion comunista, especificando sus principales medidas, y haciendo de la expropiacion del capital un acto colectivo de la clase trabajadora, no de Estado u organismo alguno, cuya demostracion de existencia sera la absorcion de la actual plusvalia por el consumo individual y colectivo.

La importancia del programa es grandisima en lo inmediato y aùn mayor en lontananza. Està, sinembargo, muy lejos de bastar, particularmente en la situacion que vivimos. La Primera Internacional (Asociacion Internacional de Trabajadores) crecio vertiginosamente apenas fundada porque presentaba ideas limpidas, a un proletariado sin influencias malsanas, virgen. Todavia la Tercera Internacional encontraba un medio obrero poco poluido por el reformismo, el de la social-democracie entre las dos guerras, enemigo de la revolucion mucho menos dañino que los de hoy. Pero en la hora actual, los revolucionarios topamos con dificultades muchisimo mayores, dimanantes del saldo negativo de la lucha proletaria durante el periodo anterior. La clase obrera està, en lo organico apresada, en lo politico maleada, por partidos y sindicatos cuyo Norte intencional es la acumulacion ampliada, centralizada y dirigida del capital. Por sus intereses poderosamente constituidos en escala mundial y por su propia mentalidad, esos partidos y sindicatos son acicate del capitalismo de Estado donde todavia no dominan, y propietarios estatales del capital doquiera se han encaramado al poder. Por añadidura, prostituyen la nocion misma de revolucion o de socialismo y nublan en todos los terrenos el entendimiento de los trabajadores. En suma, no inducen a la colaboracion de clase como la antigua social-democracia, sino a la entrega total de la clase obrera al capital nacionalizado. Pues bien, saber el por qué, el como y hasta el cuando se han producido tan importantisimos y amenazantes cambios relativamente a la situacion del movimiento obrero entre las dos guerras, sera màs importante que el programa formal para que el proletariado se ponga en condiciones de liquidar el sistema capitalista. Solo un conocimiento critico del periodo que abarca desde 1914 hasta la fecha, de sus principales episodios en particular, capacitara a los nucleos de espiritu revolucionario para ser, en medio de la clase, fermento de subversion comunista. Ahi empieza, imperativamente, la consciencia revolucionaria.

La transmision de la misma a una parte por lo menos importante del proletariado jamàs ocurrirà gradualmente, repitolo mediante consignas de radicalismo ascendente. Esa idea contiene un reformismo tactico que la experiencia mundial, y la española en particular, han contradicho mil veces. Cualquier huelga por simple mejora de salario puede abocar a una situacion de lucha en la cual los huelguistas sobrepasen de largo sus propias reivindicaciones. Lo mismo puede ocurrir en una region, en un pais entero. Si al llegar ese momento continuan dominando en la clase los sindicatos y los partidos que los inspiran, todo volvera atras. Al contrario, si por lo menos una minoria de obreros sabe interpretar lo hecho en la practica y poner en evidencia el caracter capitalista de los dichos sindicatos y partidos, la consciencia de la clase habrá dado un salto, si no decisivo, por lo menos importante. La revolucion misma serà, para la mayoria de la clase, un hecho por ella realizado antes que un proyecto deliberado. No en balde es la clase revolucionaria por excelencia, a despecho de la opresion y el dirigismo intelectual en que vive bajo el capitalismo. Por ello tambien, los nucleos obreros revolucionarios, se revelaran decisivos en el porvenir inmediato. Han de tener, claro està, arraigo en lo lugares de trabajo, pero sin un conocimiento claro de la experiencia anterior, y sin un programa que dé soluciones comunistas a todos y cada uno de la problemas de la desaparicion de las clases, ellos mismos, y con ellos la clase entera marraran el golpe que ha de terminar por siempre con la explotacion del hombre por el hombre.

G. Munis — Abril 1976