Alarma, n.º 2, tercera serie, agosto 1977 (pág. 4). PDF del número completo

El sistema capitalista es antihistórico, tanto social como económicamente hablando. El sistema capitalista ha perfeccionado el ciclo de la producción, distribución y consumo hasta tal punto que la alienación por el trabajo y la mercancía se ha convertido en una cadena sin fin de insatisfacciones. La sumisión del trabajo al capital ha sido igualmente perfeccionado por la creación de capas asalariadas de trabajo burocrático, las cuales estan condenadas a que la realización de la plusvalía en dinero sea posible. Los enormes beneficios del automatismo y de la superproducción en el ciclo del trabajo productivo hacen posible esto, a la vez que el capital celoso de guardar hasta su muerte el control de la plusvalía, con el fin de hacer posible la acumulación del capital, refuerza su poder; aunque el sistema productivo se muestre en muchas de sus expresiones enfermo y débil, esta debilidad viene de la superproducción, de la explotación del trabajo humano convertido en dinero.

El largo camino de la sociedad feudal a la sociedad capitalista, abrió en su tiempo posibilidades al hombre de mejorar su condición. Las aspiraciones de la burguesía eran las de emanciparse del sistema feudal y de los medios de cambio que este llevaba consigo. Pero sobre todo, las aspiraciones de la pequeña burguesía eran no solamente emanciparse del sistema feudal, sino que también de la gran burguesía que detentaba el gran comercio internacional monopolista; la libertad social de esta clase acompañada por la expansión industrial del siglo XVIII daba a la lucha de clases un carácter nuevo, es decir los intereses antagonistas de las clases del siglo XVIII atentaban no sólo contra el dominio político del clero y la nobleza sino que también contra el monopolio del comercio y la producción agrícola de las grandes compañías mercantes. Del hecho de esta lucha de clases nacieron las democracias burguesas; esta lucha suponía por parte de la pequeña burguesía la conquista de derechos políticos fundamentales en su lucha contra la gran burguesía, esta última a caballo de los estados modernos absolutistas. Lucha que tenía su significado social por la expropiación de la plusvalía y su distribución; el caso más evidente es la Revolución Francesa, vencida por Napoleón. En el sentido más objetivo, hoy en día hablar de democracia burguesa es querer llevar al proletariado al huerto; la democracia, ha sido políticamente sobrepasada por la misma burguesía; el capital financiero es hoy el más absolutista y el mas dictador; es él quien provoca la inflación a nivel internacional, quien provoca el exceso de superproducción o frena la producción, quién planifica los mercados, quien determina la tasa media de precios de los productos más elementales y más imprescindibles. Quien refuerza el estado capitalista y engrandece de una manera masiva las capas burocráticas del asalariado no productivo. Este hecho no es un azar, su lógica, la lógica de los acontecimientos tenemos que buscarla en la historia social del proletariado militante. El capitalismo ha vencido hasta ahora y sobre todo gracias a las "organizaciones obreras" de tipo oficial (dentro de la legalidad burguesa, de acuerdo con las leyes del sistema, al proletariado, a las clases explotadas que continuan siendo materia de trabajo; ha aprendido de estas luchas que en su punto más álgido estuvieron a punto de darle una muerte segura y definitiva. Lo primero que ha hecho el capital en el este y en el oeste, oriente y occidente, ha sido desarmar ideológicamente al proletariado, falsificar los objetivos de la emancipación del asalariado. Finalmente influyendo con el factor psicológico de la guerra, lo desmoralizó perpetuando así su condición de explotado en busca de su subsistencia cotidiana. En un hemisferio del capital burocrático se ha mantenido gracias a un sistema perfecto de estado policíaco y alienación patriótica; en Occidente por dictaduras fascistas al servicio del imperialismo más rico y mas productivo. Por la creación de enormes de mercancías y la prostitución del consumo por el consumo (Francia, Inglaterra, etc...).

Estas son las condiciones sociales mas importantes, que han permitido al capitalismo, hoy mas internacional que nunca, mantener la condición asalariada y perpetuar la sumisión del trabajo al capital hasta nuestros días. Pero hoy sabemos por otra parte que es el capitalismo, sea capitalismo de monopolios, (dónde las grandes firmas y el estado se confunden), sea capitalismo estatal (la acumulación, la máquina económica en el estado, que controla de una manera más segura la condición asalariada) los dos sistemas políticos del capital, salvo reacción del proletariado, acabarán pareciendo cada día mas.

Es por eso hoy en día las tendencias mas avanzadas teóricamente del proletariado tienen que plantearse una práctica radical (como su crítica ha de serlo) que sea coherente con el hecho de su existencia; saber romper con el pasado y aprovechar sus lecciones es una tarea urgente. El cometido de la o de las organizaciones revolucionarias, es armar ideológicamente al proletariado para que este abola su condición asalariada, mercante. Sin esto las luchas mas radicales están condenadas al fracaso.