Alarma, n.º 4, primavera 1978 (pág. 9). PDF del número completo
Diego Fábregas (más conocido por su sobrenombre de “el pájaro” en épocas de clandestinidad), fué expulsado de la organización OIC por sus posturas “derechistas” y desde aquel feliz momento ha pasado a ocupar un lugar en las gacetillas políticas de la prensa democrática. Sus aires de “cocotte” y sus devaneos y amancebamientos con los dos grandes partidos de la “oposición” de Cataluña —PSUC y PSC— han sido aireados por los cubiculos y mentideros de la “gauche democratique catalana”.
Las ultimas declaraciones de la vedette dan por ciento el noviazgo formal con el PSC, “partido de masas y democrático en el que militan actualmente muchos de sus ex-compañeros”. Según la prensa (celestina consciente de la venturosa unión) el partido ha regalado a Diego Fábregas nada más y nada menos que un puesto destacado entre sus filas y grandes promesas para las próximas elecciones municipales.
En realidad nada de esto nos preocuparía (estos maridajes son muy corrientes hoy en día en el democrático país en que por desgracia vivimos) si no fuera porque el hoy ex-secretario general de OIC se dedica en sus ratos de ocio y en espera de las municipales a ensayar una nueva faceta de su versátil espíritu: articulista políticoobrero. Ignoramos qué excelsos padrinos han avalado el bautismo de fuego del nuevo articulista; lo que sí sabemos es que sus —con perdón— artículos aparecen en la prensa democrática. Y esto sí que es como para preocupar a cualquiera. Por ejemplo, el inefable Tele/eXpres publicaba un artículo en fecha de 7 de marzo, bajo el sugestivo título de “Los trabajadores y la lucha por la democracia”.
En la presentación del artículo se afirma que el ex-secretario general de OIC “analiza el momento político actual desde el punto de vista laboral”. ¡¡Ahí va eso!!. Al articulillo nos remitimos; si lo que allí se expone tiene algo que ver remotamente con el punto de vista laboral, Santiago Carrillo es revolucionario; palabra de laborante.
El artículo en sí es un resumen caótico de las ideas del “pájaro” que confunde lo que él quiere con los deseos e intereses de la clase obrera.
Así, cuando afirma: “El pueblo trabajador es el principal interesado en la organización de la democracia. Ello quiere decir que el cómo se organicen los sindicatos, el cómo se formen los ayuntamientos y las funciones que tengan; el recobrar las libertades nacionales y el pleno autogobierno en la Generalitat y la conquista de una constitución auténticamente democrática para el Estado español es la preocupación principal de los trabajadores en este periodo”.
Y de esto, nada. Una cosa es que el compañero esté interesado en la democracia para medrar en ella o en los sindicatos o en la generalitat o —siempre fue “pájaro de altos vuelos”— en el estado español. Otra cosa y muy diferente es que pretenden los trabajadores de los sindicatos y su próxima desilusión sindicalista; su desinterés absoluto por unos ayuntamientos en los que saben que van a seguir estando marginados; su indiferencia ante la generalitat y el poco honorable Tarradellas; su anacionalismo, esencia misma del carácter de clase proletario (lo que no niega el interés por defender un idioma, unas costumbres, una cultura, etc., etc.). Y su rechazo de las constituciones burguesas por mucho que se las intente disfrazar, como en este caso, bajo el manto de “democracia de nuevo tipo”.
Afirmar que “lograr tan nueva democracia es sin lugar a dudas la tarea central de los trabajadores y sus partidos” es el colmo de la mixtificación. ¿Como es posible identificar los intereses democráticos de los partidos autodenominados “obreros” con los intereses de la clase trabajadora?. El interés de los partidos es mantener el sistema capitalista y vivir en él incluso como “alternativa burguesa del poder” (caso del PSOE-PSC). El interés de la clase obrera, el interés histórico de la humanidad entera es la destrucción del sistema capitalista y la abolición de la explotación, base económica y social del sistema y base también económica, social y política de los democráticos partidos obreros.
Denunciar esto, denunciar el carácter de clase capitalista de los partidos actuales, denunciar sus intereses objetivos en mantener el sistema actual o modificarlo bajo la forma de capitalismo de estado sin eliminar la explotación, las clases, el trabajo asalariado, el poder político, la separación de tareas, la burocratización, denunciar la contra-revolución en definitiva, es y será siempre la tarea central de los trabajadores.
Por el contrario, para el compañero articulista esto es una propuesta que “hay que rechazar como profundamente equivocada y de un radicalismo dañino”. Todo lo revolucionario es radical y es, lógicamente, dañino para los intereses democráticos.
Los positivo para la historia y para los partidos “obreros” y algunos de sus elementos destacados es, por lo visto, mantener todo tal como está y vivir del cuento de la política burguesa bajo capa de “oposición no radical, inocua y democrática”... o —parida nueva en el amplio espectro de la burocracia política— la creación del BHR, del que son “instrumentos fundamentales” los sindicatos, los Consejos o comités de fábrica, las asociaciones de vecinos y —cómo no— los partidos obreros.
Este nuevo BHR bautizado pomposamente como Bloque Histórico Revolucionario, reagrupa en un solo cuerpo nada más y nada menos que: los partidos democráticos con la exclusión verbalista de AP, la UCD y los vestigios del franquismo (decimos exclusión verbalista porque la realidad está asquerosamente llena de pactos, frentres comunes y besos en el culo entre socialistas, comunistas y los vestigios del franquismo); los “sindicatos de clase”, instrumento sumamente eficaz para obtener la sumisión de los trabajadores a la política partidista de los vividores de la nueva democracia; las asociaciones de vecinos, burocratizadas, extensión de la política del partido a los barrios y negación total de las luchas radicales de la clase obrera, etc. etc.
¿Cómo lograr que esta sublime parida, este huevo de Colón que ha puesto el “Pájaro” se transforme en realidad?. Logrando la unión de socialistas y comunistas. Así de sencillo. No sólo no hay que denunciar a los partidos y exponer su carácter contrarevolucionario sino que hay que facilitar al máximo la colaboración de los dos más característicos: el socialdemócrata PSOE y el estalinista PCE. La nostalgia nubla la preclara mente del compañero. Su propuesta de un BHR es simplemente un intento de conciliar sus dos amores burocráticos y paliar de alguna forma el desencanto del PCE-PSUC por su integración en el PSC.
Este y otros móviles más ocultos y materialistas son la única base real del artículo. Ni visión laboral ni nada que se le parezca. Se trata de demostrar un carácter democrático, un talante conciliador, una visión no radical que tranquilicen a los supremos burócratas del PSC y del PSUC demostrándoles que el compañero Fábregas ha cambiado y que los años y las experiencias radicales de OIC han calmado su temperamento, le han suavizado y transformado (él también) en un “demócrata de toda la vida” cual corresponde a todo burócrata que se precie de serlo.
Baste señalar, como broche final de la obra, la catalanización (Didac por Diego) que hace de su nombre el compañero. Didac, en este caso, es más democracia.