Alarma, n.º 4, primavera 1978 (pág. 3). PDF del número completo

Vivimos en unos momentos mitificadores, es decir, de confusión.

Els Joglars, por obra y gracia del militarismo, se han visto convertidos en un símbolo. Han sido elevados a la categoría de mitos: el mito de la LIBERTAD DE EXPRESION.

Hace poco tiempo una sencilla mujer del barrio del Besós, por las leyes patriarcales del capitalismo y la obcecación de su “legal esposo” se transformaba en otro mito: la LIBERTAD DE LA MUJER.

¿Otros ejemplos?. Basta con contemplar horrorizados cómo de forma histérica se ha transformado en Cataluña en el mito de la LIBERTAD NACIONAL nada más y nada menos que a Tarradellas; se ha mitificado, en provecho del centralismo y gracias al cerrilismo de los partidos catalanistas, al hombre más asquerosamente de derechas de todo el estado.

Insistimos: vivimos momentos de mitos, es decir de confusión.

Se mitifican aspectos de la libertad humana identificándolos erróneamente con la LIBERTAD COMUN “representada por la democracia”.

No se puede luchar aisladamente contra el militarismo por defender la libertad de expresión; contra la democrática ley de peligrosidad social por defender la libertad sexual; contra el patriarcalismo social en pro de la libertad de la mujer; contra el centralismo estatal en pro de las libertades nacionales, etc. etc.

Coloma Gallegos ha sido claro y explícito en sus declaraciones tras el juicio de Els Joglars: No se trata de juzgar la libertad de expresión (que la quieren —para utilizarla— el ejército, el estado, la democracia) sino la utilización de esta libertad para criticar el modelo social y sus instituciones básicas: propiedad privada, familia, leyes, ejército, poder, etc., etc. Podemos obtener libertad de expresión, de la mujer, sexual, nacional, de reunión, de organización... de cualquier otro aspecto... pero DENTRO DE UN ORDEN, dentro del orden falsamente democrático del sistema.

Libertades sí; pero parcializadas, aisladas, controladas y circunscritas por las leyes, instituciones y pactos adicionales y, sobre todo, sin que puedan utilizarse en contra de la organización social: libertades democráticas capitalistas.

Y esto no es LIBERTAD, sin parcializaciones, sin clasificaciones, sin límites.

Esta libertad, que las incluye todas, está basada en la crítica real, práctica y total del sistema social y sus instituciones y, precisamente, solo podrá lograrse por medio de la destrucción de este sistema social y de sus instituciones.

Solo se logrará la plena libertad cuando no se parcialice la lucha, cuando los diferentes aspectos (expresión, reunión, sexualidad, educación, convivencia, economía, idioma, etc.) de la plena libertad humana se identifiquen: Abolición de la explotación del hombre por el hombre; abolición del poder como expresión de la esclavitud del trabajo asalariado; abolición del estado como expresión del dominio de una clase sobre otras; en definitiva con la abolición de las bases económicas y sociales que dividen a los hombres en clases; con la abolición de las mismas clases; con la abolición de todo tipo de PRIVILEGIOS.

Si deseamos la LIBERTAD sin parcelamientos luchemos contra las falsas ilusiones democráticas, contra el parlamentarismo de derechas e izquierdas (expresiones ambas del sistema) y rechacemos las nefastas ilusiones de un Capitalismo de Estado (meta de estos falsos socialistas y comunistas) por ser la expresión históricamente menos liberal del dominio del capital sobre la sociedad.

Por la libertad ya, ahora y plena; contra la libertad a plazos, luchemos por el COMUNISMO es decir por el movimiento real que supera el estado de cosas actual y conduce a la humanidad a la plena realización de la libertad particular identificándola, sin mitos ni componendas, con la libertad colectiva.

Por la libertad; por todas las libertades sociales y contra los plazos democráticos.

FOR.