Alarma, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 8). PDF del número completo

Dios: el supuesto mundo libre occidental con su ristra de carcamales reaccionarios, Papa y Carter comprendidos, para quienes revolución y socialismo son obra diabólica.

Diablo: el supuesto sistema socialista, “revolucionario”, imperante en Rusia y su cortejo de naciones.

Una escena tiene lugar en la sala de audiencias en que ha sido juzgado y condenado Guinzburg. Un testigo de la acusacón echa cargos sobre él. Desde la sala, la mujer de Guinzburg le interrumpe:

“¡Miente usted; Dios le castigará!”

Verdad plena. Testigo falso y acusación falsa a sabiendas de jueces, jurado y gobierno. Nada nuevo por aquellas tierras, donde fueron puestos en escena (decenio 30) los procesos más ignomisiosos y amañados de la historia mundial.

Entonces, los condenados y fusilados eran hombre de 1917. Los revolucionarios salieron en su defensa y apostrofaron a sus verdugos, mientras el mundo occidental y los partidos pro-rusos aprobaban y aplaudían entusiamados.

Ahora los acusados son creyentes, se defienden en nombre de Dios, de los derechos del hombre alienado bajo el capitalismo, mientras corre en su auxilio el mismo mundo occidental con su Papa, su Carter y sus vergonzantes partidos pro-rusos.

No puede caber la menor duda:

Cuando el partido de Dios se envalentona porque lleva la razón, es que el partido del Diablo se ha convertido, ha renegado de su rebelión y está más degenerado que el de Dios.

Así es desde hace largos años. Por eso cualquier burgués, cualquier tibio liberal y hasta cualquier fascista puede señalarlo con el índice. Y no mienten salvo por omisión, puesto que el sistema occidental debe la vida a la involución contrarrevolucionaria de Moscú.