Alarma, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 3). PDF del número completo
El pasado mes de mayo, los trabajadores del ramo de Químicas hicimos un día de huelga en apoyo de nuestras reivindicaciones y en protesta porque la Patronal se había negado a plantearse en serio la renovación del convenio.
No quiere meterme en el largo y penoso camino que nos llevó a esta situación; para explicarla basta con señalar que las negociaciones las llevaban los sindicatos “obreros” por medio de sus líderes sin que -cosa natural ya en nuestra democracia- los obreros de verdad, los que trabajamos cada día, pudiésemos opinar sobre el cómo y el qué discutir.
En la empresa donde trabajo, por ejemplo, las votaciones sindicales fueron un fracaso... y, a pesar de ello, los sindicatos nos representan y el nombre de la empresa consta como “afiliado” a.... en todos los sindicatos existentes en Barcelona y comarca.
De igual forma, para las negociaciones de convenio hicimos asambleas, discutimos, pusimos los puntos en claro entre nosotros: señalo de forma especial este “entre nosotros” porque, luego en la práctica, nada de lo que allí dijimos sirvió para nada: los sindicatos tenían, en nombre de nuestra representación, otras ideas... y ya está.
Fuese como fuese (y fue mucho) el caso es que la huelga fue convocada por los sindicatos primero y discutido después en asambleas de centros de trabajo. Ante un hecho consumado a nuestras propias espaldas -la convocatoria de la huelga- poco podía valer nuestra decisión democrática y asambleística. La votación fue contraria a la huelga... y luego cambió: se iba a cumplir el deseo de los sindicatos.
Ante esto, el director de nuestra gran “familia” -eso dice él que somos- para evitar tensiones entre nosotros nos concedió el día libre. En realidad lo hizo porque estaba muerto de miedo, aunque intentara ocultarlo acusándonos de no ser democráticos al no aceptar decisiones de asamblea. Al día siguiente, el día de huelga, sus “razones” y su “democracia” quedaron bien claras: cuando nos juntamos unos cuantos en la puerta de la fábrica para formar un piquete, nos estaban esperando cuatro jeeps de la poli, llamados por nuestro “papá”... seguramente en defensa de la democracia.
En total nos juntamos 18 compañeras y dos compañeros. Nuestro piquete, de tan sólo veinte compañeros, logró salir a la calle a tres grandes empresas del sector... la huelga se trasladaba a la calle.
En el parque de la Ciudadela estaba prevista la concentración de todos los trabajadores de Químicas y allí nos dirigimos los del sector. Para ello utilizamos el servicio del “Metro” sin pagar; fue muy divertido: todos al pasar por taquilla decíamos: “que pague Suárez” y nos colábamos. Para casi todos era la primera vez que no pagábamos un servicio urbano, algo fuera de lo normal.
Igualmente, la reunión en el Parque fue alegre. Estábamos allí compañeros de Barcelona, Hospitalet y parte de la provincia, unidos, por vez primera dispuestos a compartir una bella aventura. La huelga se transformaba en fiesta.
Qué diferente era la huelga aceptada así de lo que nos plantean los sindicatos.
Para ellos una jornada de huelga es algo serio, un día de lucha; las reuniones deben ser misas; los mítines sermones; el trasladarse de un lugar a otro una silenciosa procesión... Para nosotros era, en la práctica todo lo contrario: un día de diversión, de convivencia, de sana expansión...
Una huelga como la nuestra, preparada por los sindicatos, sin contar con nosotros para nada, no podía caer en la trampa que nos ponían; ya sabíamos nosotros que los líderes sindicales no iban a luchar y que nuestra mejor arma en aquellos momentos era la de hacer de un día de huelga un día de fiesta. Ahí estuvo nuestra victoria; ellos, en sus reivindicaciones con los patronos no nos ofrecieron nada positivo. Nosotros sí.
Nota final
En Industrias Negra fueron despedidas seis compañeras por haber participado en la huelga. Como protesta hicimos una concentración frente a la puerta de la empresa. Uno de los directivos de la casa -todos ellos son de UCD- salió a la puerta y en plan chulo nos insultó llamándonos “sinvergüenzas”. Del grupo de 5.000 personas que allí estábamos salió una piedra que le dió en la cabeza y le hizo tragarse sus palabras que, en definitiva le costaron nada más y nada menos que ocho puntos de sutura en la cabeza y manchas de pintura en la cara.
Al día siguiente la policía registró los armarios de los compañeros de Negra ... y el jefe en represalia cerró con llave el lavabo ... Son como niños.
La lucha por la readmisión de las despedidas de Negra continúa a pesar de la democracia de los patronos... y de las inútiles luchas de los sindicatos.