Alarma, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 1). PDF del número completo

Por si su panfleto “Eurocomunismo y Estado” no hubiese dejado suficientemente claras sus posturas “evolucionistas” -es decir contrarrevolucionarias- el tovarich Santiago Carrillo ha conseguido que el Partido Comunista de las autonomías hispánicas abandonase toda veleidad revolucionaria, incluso a nivel posibilista, nada menos que en un Congreso.

La defenestración de Lenin que tuvo lugar en dicho Congreso, el abandono total del término leninista dentro de la denominación del partido, representaron definitivamente el triunfo de las paridas eurocuentistas de Carrillo incluso por encima de la voluntad de determinados sectores de la base que se negaban a acatar la decisión estratégica de sus camaradas directivos.

El Partido anti-comunista español y su filial el PSUC catalán ya no son leninistas. El tufillo diabólico que imprimía el leninismo a la presencia comunista frente a las católicas huestes parlamentarias españolas ha desaparecido o, por lo menos, se ha intentado que desaparezca. La nueva imagen del partido presenta más amplio margen de credibilidad para las derechas españolas y mundiales. El eurocomunismo tiene ahora una faz más humana, un talante más moderno. Al frío hombre siberiano, barbudo, incordiador y revolucionario que representaba la imagen de Lenin se le ha sustituído por el fino y educado manager americanizado, acorbatado cual place a Tarradellas, bonachón y, sobre todo, conservador.

Los imperialismos mundiales, los nacionalismos trasnochados, los políticos, los trabajadores... todo el mundo (o casi todo el mundo) puede ya respirar tranquilo: los comunistas españoles no son leninistas, no son revolucionarios... todo lo más -según la parida eurocomunista del excelentísimo Sr. D. Santiago Carrillo, Parlamentario por la gracia de Dios- los comunistas son CONSERVADORES, ENEMIGOS DE TODO TIPO DE CAMBIO y DEFENSORES ESFORZADOS DE LOS INTERESES DEMOCRATICOS DEL CAPITAL.

Total: lo que ya sabíamos los obreros hace, desdichadamente, muchos años: que la revolución socialista tendrá siempre en los partidos de la “oposición burguesa” su enemigo más acérrimo.

Tras esta noticia, sin que el gallo bíblico hubiese tenido tiempo siquiera de ensayar sus tres cantos proféticos, en Barcelona el apolíneo líder del PSOE, el democrático compañero Felipe González, renegaba total y firmemente del marxismo.

Estamos en época de liquidaciones o, en otras palabras, ha sonado para los politicastros españoles, “l'hora dels adeus”... Adiós al leninismo, adiós al marxismo... Lo que durante los tenebrosos tiempos de Franco eran timbres de gloria (a todas luces inmerecidos) se ha transformado con la democracia en rémoras insoportables, en un lastre negativo que hay que eliminar a toda costa. Cuando se afirmaba que se estaba en la oposición, las etiquetas supuestamente revolucionarias potenciaban el producto y facilitaban la expansión del mercado. Ahora, con la democracia la propaganda del producto debe hacerse diferente. Las técnicas comerciales y no la intención de ser sinceros han sido las que han llevado al PCE y al PSOE a renegar del leninismo y del marxismo, respectivamente.

El que no hayan coincidido plenamente en su campaña publicitaria no ha sido tampoco casual. El partido Comunista se encuentra todavía teóricamente en la oposición (moderada, por supuesto) y no le sienta mal un poquito de tinte izquierdoso; total, como el marxismo es una teoría un tanto confusa (vésase el libro “Eurocomunisto y Estado”) y ha sido últimamente muy puteada (véase el libro “Eurocomunismo y Estado”), no compromete a casi nada el aceptar de momento la denominación de marxista. Es más, sirve para hacer creer a los pocos ingenuos que quedan que el PCE tiene aún veleidades transformadoras... sin tener que exponerse realmente a transformar nada.

Pero el PSOE es un caso diferente. Se presenta al mercado nacional como una alternativa real de poder... y debe apechugar con las consecuencias. Al que detenta o desea detentar el poder capitalista no se le permiten coqueteos con posiciones de cambio. Es por eso por lo que Felipe González, sin el estigma del pecado de leninismo, eliminado por las aguas bautismales de la social-democracia, se ha liado la manta a la cabeza y ha decidido que su partido abandone también el marximo. Pensándolo fríamente, el marxismo implica lucha, práctica social, revolución socialista... y un largo etcétera de pasos claramente anticapitalistas y nada de esto concuerda con la imagen de un partido que pretende sustituir a las “derechas de toda la vida” en el ejercicio del poder capitalista.

Por estas razones de tipo práctico ambos partidos han iniciado el proceso de “arrojar el lastre de la revolución” por la borda parlamentaria. Adiós, Lenin.... Adiós, Marx....

NOTA: Por considerar que no es preciso demostrar lo que es ya patente a todo el mundo, nos limitamos a señalar como complemento a esta nota que: el PSOE y el PCE nunca han sido marxistas o leninistas.

Además, el que el PCE abandone su falso marxismo depende sólo de la correlación de fuerzas en el campo del politiqueo democrático; en otras palabras: cuando se transforma él, a su vez, en alternativa de poder capitalista. Tiempo al tiempo.