Alarma, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978 (pág. 12). PDF del número completo

El mundo capitalista, decadente,mundo en el cual vivimos, es un mundo cuya barbarie no ha sido nunca igualada. Es una sociedad que con todo y disponiendo de medios cientificos y técnicos muy avanzados goza de una población cada vez más ignorante y manipulable.

Es un mundo cuyo crecimiento económico va en contra sentido del desarrollo social; es decir esta sociedad ya no aporta ni podrá aportar nada de positivo al género humano en cuanto positividad social.

Hoy el propio crecimiento económico del sistema agrava la dominación del capital sobre el trabajo, sobre el hombre; es decir, en vez de favorecer en todos los sentidos el desarrollo del ser humano, lo reduce cada vez más a ser una pura materia sin cerebro. Nunca el desprecio por el hombre ha llegado a tan alto grado.

El por qué es simple:

El capitalismo ha creado medios más que sobrados (automación, cibernética, informática, etc....) para liberar al hombre de los problemas fundamentales de la existencia; pero estos adelantos científico-técnicos repercuten para mal en todos los aspectos de la vida.

Gran parte de la población desempeña hoy trabajos parasitarios, inútiles cuando no criminales.

No es pues la falta de crecimiento económico del sistema lo que prueba su caducidad sino precisamente su propio crecimiento que contamina hasta el más simple aspecto de la vida del hombre.

La crisis del sistema es mucho más grave que una crisis económica de sobreproducción; es una crisis social (de civilización) que progresa y progresará independientemente de la buena o mala marcha de lo económico.

Es el sistema capitalista como sistema mundial el que ya es caduco y decadente, con crecimiento económico o sin él.

El crecimiento económico ha sobrepasado el nivel en el cual era socialmente útil para convertirse en traba del desarrollo social.

Frente a la introducción de nueva maquinaria que en menos tiempo y con menos personal aumenta la productividad, los defensores del sistema mercantil buscan soluciones para “humanizar” un sistema de vida que ellos mismos tienen por fuerza que reconocer inhumano.

Sobre la capacidad productiva de que dispone el capital ahí van algunos datos.

En las fábricas Toyota (automóviles) del Japón, la cuarta parte de los obreros de montaje han sido reemplazados por robots.

En Citroen (en Francia) la soldadura de las carrocerías de los “CX” está asegurada por un robot que hace él solo el trabajo de 30 obreros. En la misma fábrica, los almacenes de piezas sueltas están automatizados y los carros que buscan y distribuyen las piezas son dirijidos por ordenadores.

En IBM un robot, “capaz de ver”, puede, con sus brazos, montar ocho componentes de máquinas de escribir en 45 segundos.

En la imprenta, nuevas máquinas electrónicas componen ocho millones de signos por hora cuando una máquina clásica, en el mismo tiempo y en el mejor de los casos hacía 25.000.

En Japón (donde 70.000 robots son utilizados) están terminando los planes de una fábrica sin obreros donde se producirán máquinas automáticas de precisión.

En EE.UU. hace ya diez años que dijeron que podían automatizar la totalidad de la producción (Trust Dupont-de Nemours).

Y así sucesivamente.

¿Estos medios fantásticos son utilizados para el bién común? No. En la mayoría de los casos el crecimiento del volumen de los productos ofrecidos sirven no para satisfacer más ampliamente las necesidades a un coste menor sino a imponer al consumidor gastos crecientes para un nivel de satisfacción que tiende a disminuir.

Se “fragilizan” los productos y se fabrican de manera que resulte imposible su reparación, imponiendo así su sustitución.

Y esto existirá mientras la producción sea realizada para provecho y poder del capitalismo que necesita acumular capital sacando plus valía de nuestra fuerza de trabajo.

“La forma asalariada del trabajo está en contradicción absoluta con la capacidad de los instrumentos de producción”.

Todo movimiento, organización o individuo que no tenga como perspectiva inmediata atacar de lleno el sistema capitalista es decir atacando el trabajo asalariado y la ley del valor es reaccionario y como tal ha de ser combatido sin ningún miramiento.

Hoy más que nunca hay que insistir sobre esto.

Para que los adelantos científicos puedan ser un factor de progreso social, hay que acabar con la compra y venta de la fuerza de trabajo; tenemos que construir con la revolución social internacional una humanidad sin clases ni fronteras.

El comunismo no es una utopía sino una necesidad y como tal está basado en la realidad. Realidad que dejará de serlo el día en que “nuestro querido mundo” aplique sus gigantescos medios a su propia destrucción.

En tal caso —como decía Einstein— “después de la guerra atómica, la siguiente se hará con arcos y flechas”.

E. Parra.