Alarma, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978 (pág. 10). PDF del número completo

Los niños españoles están de enhorabuena. El programa de televisión incluye ya unos espacios exclusivamente infantiles: los payasos de la “Tele” han vuelto.

Su última actuación ante las cámaras superó en comicidad y recochineo a todas las anteriores.

¡ Qué éxito de la crítica ! ¡ Qué carcajadas más límpias las de los niños ante la comicidad de los payasos tontos y ante la seriedad del payaso listo !

Marcelino, Nicolás y el serio Abril nos dieron un bravo espectáculo por televisión. Era el juego de los disparates. Nadie escuchaba a nadie; cada uno se limitaba a hablar de lo que tenía en la mente y no escuchaba a nadie más.

Nicolás que ya está viejo y chochea se lamentaba ante el seriecito Abril de la mezquina paga de los viejecitos retirados. No nos extraña: ante sus chocheces, ante su mente turbia y lenta vemos todos —él incluido— su retiro como algo inminente; en consecuencia es lógico que se preocupe (en un debate sobre la economía y los pactos y decretos) SOLO por cuanto le van a pagar cuando el PSOE y UGT le envíen a freir espárragos, es decir dentro de poco.

Marcelino — ¡Qué gran cómico ha perdido el circo!— se limitaba a hacer chistes sobre el aumento de los precios y el retraso con que los obreros reciben el aumento de salarios... cosa nueva, chiste viejo, invento de las sopas de ajo. Marcelino, dedícate a tejer jerseys de cuello alto... estás caduco a pesar de tu 1001 y tus demagogias; tus chistes ya sólo nos hacen llorar.

El que sí estuvo bueno fué el “serio”, el de las congelaciones, el incomparable, el únicooooo Abril.

Su papel lo cumplió a la perfección: se limitó a demostrar que la culpa de todo era de los payasos tontos y les puso en ridículo: la congelación de salarios era consecuencia de los pactos de la Moncloa, aprobados, refrendados y defendidos con uñas y dientes contra las huelgas obreras por Marcelino y Nicolás. Por lo tanto... y en consecuencia, que cada palo aguante su vela. La culpa era de los sindicatos y eran ellos los que debían defender la ppostura del gobierno frente a los trabajadores en vez de explicar tonterías.

Para finalizar hemos dejado el último chiste de la noche, explicado a medias entre Marcelino y Nicolás, chocheando, casi llorando. Se olvidaron de los problemas (o chistes vaya Vd. a saber) que hasta entonces se tocaban y se centraron en lo que realmente les importaba: pidieron más poder para sus sindicatos y se quejaron NO de que el Gobierno hubiese congelado los salarios sino de que LO HUBIESE HECHO SIN CONTAR CON ELLOS !

Y esto, si no es un chiste... es una tomadura de pelo.