Alarma, tercera serie, n.º 9, segundo trimestre de 1980 (págs. 3-5). PDF del número completo

“Revolución” en Nicaragua; pre-guerra civil en el Salvador; golpe de estado pro-castrista en Granada; gran agitación social en las Antillas Francesas; resurge el independentismo en Puerto Rico; numerosas ocupaciones de Embajadas en toda la región; reunión de los buitres de la Internacional socialista en Santo Domingo; Jamaica y Guayana tienen gobiernos pro-castristas...

Noticias como éstas, llenan las páginas de los periódicos más importantes con sus muy “agudos” comentarios de fondo, ante la erupción de una nueva zona caliente en este ya abrasante planeta.

Entre este aluvión de noticias, destaca por su unanimidad desde la extrema derecha a la extrema izquierda, las referentes a la “revolución” nicaragüense y la posibilidad de su inmediata extensión hasta el Salvador.

Una vez que Somoza abandonó el país y la Junta de Reconstrucción Nacional ocupara su lugar, parece como si en Nicaragua el proletariado hubiese iniciado un ataque a fondo contra el capitalismo que tendría como final el nacimiento de una sociedad igualitaria y socialista.

Como bellos ejemplos de medidas revolucionarias, nos presentan las nacionalizaciones de todas las propiedades del Clan Somoza: Ferrocarriles, Seguros Sociales, Pesquerías, Banca, Industrias de Transformación, de Comercio Exterior, que representa el 60 % de la economía nicaragüense. Al mismo tiempo, el I.N.R.A. (Instituto Nicaragüense de Reforma Agraria) nacionaliza todas las tierras e industrias agrícolas de los Somoza que en este sector representan el 50 %. Otro “gran paso adelante” es el de la creación de la C.D.C. (Comités de Defensa Civil) donde se integran muchos de los miembros de la guardia nacional del anterior régimen con los cuadros militares del sandinismo.

Paralelamente, por una parte se habla de una intensa lucha contra los elementos burgueses que quieren frenar el proceso “revolucionario”, caso de Alfonso Robelo en estos momentos, junto a las ingerencias del imperialismo yanquee, para apoyar a los sectores “democráticos” que lucharon contra Somoza para evitar el avance de las “masas hacia su liberación”. Todo esto, contestado desde el otro lado que denuncia la llegada masiva de técnicos y asesores cubanos, rusos, búlgaros que ya suman varios millares y tienden a crecer a cada momento. Nadie puede negar que, en estos momentos, en Nicaragua existe una fuerte lucha por el poder entre las diferentes fracciones que actuaron contra el somocismo.

A partir de los años cincuenta, Nicaragua inició un importante despegue económico en el cual el bloque hegemónico estaba formado por la élite burocrática estatal y el clan Somoza en estrecha unión con el capital extranjero, lo cual provocó el marginamiento de los sectores de la burguesía mercantil tradicional y con el tiempo de los nuevos pequeños y medianos propietarios que fueron pasando tímidamente a posiciones oposicionistas.

Desde el terremoto del 72 y ante el robo descarado de la mayor parte de las ayudas internacionales, se produjeron las primeras oleadas de luchas obreras de gran violencia (principalmente en la capital), que una vez finalizadas, dieron lugar al aumento de las actividades sandinistas.

En 1.977, se inicia una nueva etapa de las agitaciones sociales que degeneran en motines, lo cual da lugar a un aumento de las actividades opositoras de los sectores burgueses disidentes, provocando el asesinato por los somocistas del dirigente conservador Chamorro. La contestación automática con una serie de manifestaciones y motines en la capital hizo que la burguesía opositora convocara una huelga general “pagada” para calmar los ánimos, consiguiendo todo lo contrario, pues la agitación con caracteres pre-insurreccionales se extendió por todo el país durante todo 1.978 y principios del 79.

Fué ante este auge espontáneo de las luchas que los diferentes grupos de la oposición burguesa se unieron con las tres tendencias sandinistas para derribar la dictadura de Somoza. Rapidamente contaron con el apoyo de los países “democráticos” de la zona Costa Rica-Panamá-Venezuela, que ante el auge de las insurrecciones locales incrementaron su “ayuda” estableciendo un santuario en Costa Rica. Ante el avance de las fuerzas rebeldes los U.S.A. se desmarcaron de Somoza e iniciaron un cambio de actitud hasta reconocer a la Junta Rebelde que por fin se adueñó de todo el país.

Una vez acabada la guerra civil, las diferencias que se inician entre los vencedores no es una lucha entre los partidos de la revolución social, y los defensores del sistema capitalista, es por el contrario un enfrentamiento entre dos formas de capitalismo -el privado, ligado al bloque imperialista yanquee y el estatal, sometido al imperialismo ruso. La nacionalización de todas las propiedades somocistas, provoca que el sector estatal, bajo control de la burocracia sandinista y los sectores “reconvertidos” del aparato somocista se encuentre en ventaja ante los sectores de la burguesía privada que intentan ahora reaccionar mediante la creación de “partidos democráticos” quedando en medio la tendencia “tercerista” del sandinismo de carácter social-demócrata que intenta actuar de freno entre los sectores extremos en lucha.

La creación de numerosas organizaciones de masas (campesinos-mujeres-jóvenes) totalmente burocratizadas. La amalgama en las “asambleas populares” entre somocistas -agentes de la C.I.A.- y grupos disidentes de orientación l-m, y troskista, junto a la llegada masiva de “camaradas” “cubano-soviéticos”, nos hacen ver una historia demasiado conocida tragicamente en los últimos años (Argelia, Vietnam, Angola, Etiopía) de la extensión del capitalismo de estado entre los países dependientes presentándolos bajo la capa de “revoluciones socialistas”.

Ahora el centro de la región se ha trasladado a El Salvador, otra de las “repúblicas banana” de Centro-América, donde ante el agravamiento de la crisis social, un grupo de militares “progresistas”, enviaron al exilio al dictador de turno, e iniciaron un proceso de democratización que hace aguas por todas partes y que está llevando al país hacia la guerra civil.

En el campo de batalla, está por un lado, la vieja oligarquía agro-industrial ligada a la United Brads Co. (la antigua United Fruit & Co.) que explotan el café y la caña de azúcar; en medio están los sectores de la burguesía democrática (militares progresistas, iglesia liberal, con obispo mártir incluido), que intentan llevar adelante una serie de reformas (política agraria) y cuentan con el apoyo de la social-democracia internacional y el Gobierno Suárez, entre otros. Y, al otro lado, las organizaciones populares de masas, controladas por una serie de democracias políticas y que últimamente se han coordinado para dar el asalto final.

El programa de los grupos guerrilleros “revolucionarios” lo dice todo: Creación de un gobierno donde, junto a las organizaciones populares, estén los militares patriotas, las asociaciones de pequeños y medianos propietarios, el clero progresista y demás parentela. Entre sus medidas más avanzadas, destaca la nacionalización (Banca, Energía Eléctrica, Comercio Exterior) y la creación de un nuevo ejército, mezcla de guerrilleros y oficiales patriotas del actual. Cualquier parecido con un programa revolucionario es pura coincidencia.

La crisis en toda la región del Caribe-América Central, está basada en la lucha por el control de la zona por parte de la Unión Soviética, chocando ante el tradicional dominio yanquee. El petróleo -México-Guatemala-Venezuela-Trinidad y Puerto Rico-, la bauxita (Jamaica-Guayana), las grandes riquezas en hierro y manganeso de Venezuela, junto a las tradicionales producciones agrícolas y el valor estratégico de la zona del Canal de Panamá, hacen que la región se esté convirtiendo en uno de los polos de crisis inter-bloques actual.

La nacionalización y estatalización de la propiedad privada no significa ningún paso hacia la destrucción de los fundamentos del capitalismo, trabajo asalariado y mercancía, que siguen vigentes en la nueva forma de capitalismo de estado.

Solamente la acción independiente del proletariado, atacando por un igual a todas las formas del capital, podrá abrir en esta región como en todo el planeta, la vía de la revolución social. Las luchas actuales de la zona por muy heroicas que sean solo conducen a un cambio en la explotación del hombre por el hombre.

Su crítica despiadada es fundamental para todos los grupos revolucionarios pues el capitalismo de estado es la forma más bárbara de todas las que tiene el capital hoy en día.