Alarma, tercera serie, n.º 9, segundo trimestre de 1980 (págs. 14-15). PDF del número completo

Primero de Mayo, ¡San Fermín!

Desde que unos mandan y otros obedecen sin posibilidad de discutir órdenes, es decir, desde que unos hombres explotan a otros bajo el sagrado estandarte de la propiedad, por medio del sacramento del trabajo asalariado, la mentalidad humana ha sido mediatizada y utilizada.

Mao, el profeta de ojos rasgados y perfil de galán de cine de kungfu, supo utilizar la capacidad de millones de chinitos para cimentar un imperio. Lo curioso del caso, es que estos mismos chinitos eran los utilizados por la iglesia mundial y el régimen capitalista de Occidente para piadosas campañas de proselitismo de “papel de plata”.

Todo depende, sencillamente, del ángulo de mira con que se enfoque un tema. La capacidad de adaptarlo a las propias conveniencias es algo innato a todo sistema dominante.

La ideología dominante en una sociedad es la ideología de la clase dominante en dicha sociedad.

Punto. Lo demás son puñetas y ganas de “salvar chinitos del infierno”.

Y a conseguir ese dominio ideológico social no están sólos los dominadores, en nuestro caso, los capitalistas. Les ayudan, en tan sutil tarea, todos aquellos que de una u otra forma, participan también del pastel, los que tienen algo más que unas cadenas a perder, si la cosa no funciona.

Burócratas de todo tipo, izquierdosos de salón y de tribuna, sindicalistas o líderes asamblearios de turbios propósitos, diputados centristas y opositores de opereta, policías legales y fachas armados, jueces y elaboradores de leyes, capitalistas ligados a Washington y eurocomunistas de Moscú, opresores de la clase obrera y “socialistas” de todo tipo... Todos, todos ellos en unión, defienden la bandera de una santa tradición: Unos a mandar y otros a obedecer sin rechistar; unos a pensar y otros a realizar sin pensar nada; unos a chupar del bote y otros a llenarlo sin posibilidad alguna de mojar los labios en las mieles del poder de decisión.

Y esto realizado no de forma brutal y a golpe de látigo, sino de forma cortés, educada, con guante de terciopelo, con persuasión.

Las condiciones sociales hacen al obrero sumiso a las influencias ideológicas de patronos y lacayos y, al mismo tiempo, esta sumisión refuerza las condiciones sociales que hacen de él un ser indefenso ante las oleadas de ideas con que le bombardean sus amos de todo tipo. Una pescadilla que se muerde la cola.

Nada hay que el capital no intente emponzoñar con su fatídico aliento. Hasta de su muerte hace arma para su supervivencia y así, utiliza hasta la lucha de clases como arma de reforzamiento moral de su propia existencia. Nada hay sagrado, nada hay intocable para la ideología sutil del sistema.

La lucha de clases, la lucha de la clase obrera por la destrucción total del sistema capitalista, ha sido ya utilizada ideológicamente por el mismo capital.

Un ejemplo de actualidad, por lo menos en cuanto a la fecha: el PRIMERO DE MAYO.

Se le pongan los nombres y apellidos que se quieran (desde “San José Obrero” a “Día del Trabajador”) esta fecha representa ya, unicamente, un hito más del camino desmitificador que el capital ha emprendido en contra de la revolución social.

Teoricamente, es una jornada de lucha obrera, un recuerdo de los “Mártires de Chicago”... practicamente es una jornada de abulia, un desprecio de la misma sociedad que necesita YA la revolución y un insulto no solo a los trabajadores de Chicago, sino a todos y a cada uno de los trabajadores que consciente o inconscientemente, a balazos o de hastío, han muerto para saciar el hambre brutal del monstruo social llamado capitalismo.

“Partidos obreros”, sindicatos de todos los colores (“amarillos”, rojos o verdes), líderes de todo tipo, sirviendo en bandeja al capital una fecha para celebrar su victoria sobre los aborregados trabajadores que, en procesiones y en funerales, demuestran PRIMERO DE MAYO tras PRIMERO DE MAYO, día tras día de su mezquino sobrevivir, una docilidad que dá asco.

¿Hasta cuándo? Todos sabemos que esto tendrá su fin: los trabajadores, a pesar del opio sindicalero y político que los atonta, los primeros; después el capital que verá transformarse su victoria en derrota total y finalmente los partidos políticos y los sindicatos del sistema que con él, desaparecerán, porque en él, por él y para él, viven.

¿Cuándo? El día en que ya no sea preciso celebrar con lágrimas de fariseos y compostura de ursulinas más Primero de Mayo.

Simplemente: el día en que se acaben estas y otras rutinas: el día de la REVOLUCION.