Alarma, tercera serie, n.º 10, 1980 (págs. 7-8). PDF del número completo

El grupo F.O.R. de Barcelona ha querido tesificar, brevemente, algunos aspectos de la movilización de los trabajadores polacos con el objeto de matizar nuestra posición sobre tan importantes acontecimientos que en cuanto a análisis difiere en parte de la expresada en este mismo número de Alarma por el compañero Munis. Un programa común no comporta necesariamente un análisis común en todas las ocasiones. En otras palabras, las diferencias de análisis de una realidad determinada no conllevan distintas posiciones programáticas. Independientemente de ello, F.O.R. suscribe el artículo de Munis en sus términos generales.

  1. Hay diferencias sustanciales entre la movilización de los trabajadores en un régimen capitalista y en un régimen capitalista de estado. Los esquemas de movilización y respuesta de la clase obrera polaca han de ser distintas a los de los trabajadores americanos, por ejemplo. Las convulsiones constantes en los países del Este (Alemania Oriental, Hungría, Checoeslovaquia, Polonia, URSS) tropiezan con grandes dificultades. Estas nacen de la peculiar forma de dominación del sistema capitalista a través de su clase dominante, que adquiere rasgos muy peculiares -rasgos, por otra parte, analizados detalladamente, en muchos de nuestros textos. La clase obrera ha de empezar comprendiendo que el Estado-Partido comunista es su propio patrón, aquel que le extrae la plusvalía para generar la correspondiente acumulación de capital y en definitiva, posee las medidas de producción y la más absoluta capacidad de decisión sobre los mismos. La extrema sofisticación y perversión ideológica de los instrumentos de opresión y de represión del Partido-Estado comporta un obstáculo particular y gigantesco a la movilización de los trabajadores. El enemigo de clase va apareciendo nítidamente en tanto que enemigo, a medida que se combate. Así pues, ese combate adquiere unas características propias que los revolucionarios nos hemos de esforzar en interpretar, sin dejar de criticar todos los errores e insuficiencias.

  2. Si bien el conjunto de la plataforma reivindicativa de los trabajadores polacos plantea muchos problemas, siendo reaccionaria en muchos de sus puntos, algunas de sus reivindicaciones son absolutamente correctas y eslabón imprescindible para continuar avanzando. El derecho de huelga, la libertad de asociación obrera, la libertad de expresión total, la amnistía para todos los represaliados por motivos políticos y laborales, incrementos de salarios, mejora de las condiciones de vida y de trabajo, etc. atentan contra un régimen bárbaro y degenerado y se inscriben en una lógica obrera de movilización política claramente progresiva.

  3. El desarrollo de determinadas formas organizativas tales como la asamblea permanente con ocupación de fábricas, comités elegidos en las asambleas y coordinados entre sí y de determinadas formas de acción en cuanto a extensión y generalización de la lucha, colapso de toda actividad durante diecisiete días evidencian un significativo grado de organización a nivel de base de los trabajadores. Todo ello, aún teniendo en cuenta que el pactismo y el pacifismo a ultranza, han torpedeado de mano de los dirigentes vaticanistas la acción obrera. Justo en la delegación de la representación obrera a trabajadores vaticanistas y a intelectuales derechistas y conciliadores ha estribado la razón fundamental del fracaso de la huelga de los trabajadores polacos. De todos modos, los trabajadores han acumulado una experiencia política y organizativa muy rica, la próxima oleada de movilizaciones arrancará de un grado de conciencia más avanzado.

  4. Walesa, Wyszgnski, el Kopcio, el KPN, etc. son parte esencial del Partido-Estado: y la fracción del aparato encargada de lidiar con los trabajadores en lucha y obstaculizar en la medida de sus posibilidades el avance de los mismos. La iglesia católica con Wojtyla en Roma y Wyszgnski en Varsovia es el aliado fundamental de los Gierek, Kania, Olszowski y la principal beneficiaria de los últimos acontecimientos polacos. Si los trabajadores quieren vencer, la Iglesia católica deberá perecer. Como en otras ocasiones, la clerigalla se opondrá con las armas en la mano si es necesario a los trabajadores insurgentes.

  5. La aparición en las últimas semanas de un movimiento de huelgas salvajes boicoteadas tanto por el nuevo "sindicato libre" como el viejo "oficial" indican cual es la correlación de fuerzas actual. La clase obrera ha empezado a detectar su obstáculo más inmediato: la burocracia del Solidarnosc con su cortejo de asesores que no defiende más que el paso de una forma de capitalismo a otra, del "estatal" al "libre". Los combalaches y negociaciones entre el Partido-Estado -Iglesia incluída- y el clan de Walesa para solucionar los problemas artificiales para la legalización de Solidarnosc y evitar una nueva huelga general es expresión del terror común a la movilización autónoma de los trabajadores polacos; ese terror nace de su propia condición: la de defensores de la explotación del hombre por el hombre, no importa bajo qué forma.

F.O.R.