Alarma, tercera serie, n.º 10, 1980 (págs. 18-19). PDF del número completo

Cuando este número de Alarma aparezca, las elecciones sindicales en nuestro estado de las "autonomías" habrán llegado prácticamente a su fin. Suceda lo que suceda es decir gane CCOO, suba la UGT o se mantenga USO, lo auténticamente importante para todos ellos juntos y para sus patrones, los gestores democráticos del capital, es el que el índice de abstención (tónica general en las elecciones de todo tipo celebradas últimamente) sea lo menor posible.

El Periódico, especialista del sensacionalismo, ponía no hace mucho en primera página el siguiente titular: "los obreros votan sin desencanto". Comparando las elecciones con un vulgar combate de boxeo de los Clay, decía "El duelo CCOO-UGT centra la atención".

Un setenta y cinco por ciento votantes es señalado como un auténtico éxito contra el "pasotismo".

Todo ello con una clara intención: eliminar este "pasotismo", hacer olvidar el "desencanto" y provocar un alud de votantes que participen en el emocionante combate (falso a todas luces) entre CCOO y UGT. Nada más y nada menos. La propaganda de los sindicatos "obreros" tiene la misma intencionalidad. Su propia existencia está comprometida en esa participación; si los obreros no votamos los sindicatos están de más; si negamos a los organismos capitalistas cualquier posibilidad de representarnos al negarles carácter de clase el sistema habrá perdido uno de sus pilares básicos: la mixtificación de la lucha de clases mediatizada en los sindicatos y comités oficializados.

No es pasotismo es desencanto. Lo malo es que ese desencanto no es razonado hasta sus últimas consecuencias y que la acción no se radicaliza. Tanto los que votan como los que se abstienen sin saber por qué, sin razonar el por qué de su negativa están cayendo en la rutina del sistema que, indudablemente, acepta y es capaz de absorber un tanto por ciento de abstención (siempre que no sobrepase límites escandalosos). En realidad votar porque sí o abstenerse sin pensar las consecuencias activas a que esta postura lleva es dar, se quiera o no un voto indirecto de confianza a los esquemas del sistema y abandonar la revolución en los brazos dulces de morfeo-rutina.

Otro tema que ahora apasiona (dentro de los límites razonables que impone la democracia) al país o países de nuestra nación es la polémica del divorcio. La postura machista del polaco sportman que gobierna la iglesia, la carca verborrea de los obispos españoles, los vaivenes electorales de la UCD ante el tema y la tímida, respetuosa y jesuítica postura cuasi divorcista de los partidos de la oposición de la izquierda respetuosa y democrática enmarcan un tema que abordado así cae casi en lo patológico.

De nada vale que la prensa haya aireado como represalia ante la intransigencia de la iglesia sus sucios manejos en el tema y las pingües ganancias que obtenía vendiendo falsas anulaciones. Divorcio no, dice la iglesia. ¿Cómo va a decir que sí?. Primero porque la moral católica, en su sentido más estricto, es una defensa firme del esquema social al que pertenece; segundo porque el manejar y utilizar las miserias sociales del sistema en propio beneficio ha sido y será una constante más de la iglesia.

Todos a su manera defienden el esquema social. Las relaciones capitalistas de poder, la sumisión interclasista, la relación económica incluso en las relaciones morales afectivas.... Se trata de defender clara y eficazmente, lo más eficazmente que se pueda, la realidad socio-económica del capitalismo.

Unos lo hacen desde el punto de vista de lo permanente, de los "valores morales eternos" y otros adaptándose a la realidad de decadencia de esos mismos valores eternos (decadencia que es ya general y progresiva, inapelable) intentan mientras se mantenga lo esencial, variar las formas. Nada más.

Discutir lo accesorio, modificar aspectos... todo tiene un pase; más aún, es necesario para mantener la rutina de los elementos esenciales. Modificar sí.... pero sin cambiar lo esencial; es decir sin que se modifiquen las relaciones clasistas de explotación económica.

Lo esencial son las relaciones económicas y éstas no pueden dejarse al azar o a la libre voluntad de las personas. Hay unas leyes económicas que determinan sin posibilidad alguna de libertad, las relaciones afectivas. De esto no escapa nadie. Y lo sabe la iglesia y las derechas y las izquierdas.... y lo sufrimos todos.

Inmersos en la rutina del "divorcio sí-divorcio no", de las elecciones sindicales, de las luchas entre "CCOO-UGT", Iglesia-divorcistas etc. etc. nos están robando las posibilidades de revolución.

Es cierto que hoy la rutina domina nuestras vidas y lo hace en la misma proporción en que abandonamos el ideal revolucionario dominados por la ideología rutinaria del capital.

Por esto, porque hablar de la rutina como contraposición a la idea revolucionaria puede a su vez caer en la rutina del sistema, esta sección (Rutina y Revolución) desaparece momentáneamente de nuestra revista.

Y lo hace en espera de tiempos en que la rutina sea menor, tenga menos poder en nuestras vidas; es decir, en tiempos en que el ideal revolucionario domine en nuestra sociedad.