Alarma, tercera serie, n.º 12, diciembre de 1981 (págs. 1-2). PDF del número completo
DECÍAMOS AYER...
que la clase obrera no se resigna a su suerte, planeada minuciosamente por el capital; bien al contrario lucha contra ella, se rebela.
Porque, a pesar de las apariencias en contra, nadie puede ignorarlo, la clase obrera lucha y lo hace en todo el mundo.
Pero, repetimos, su respuesta, su lucha, presenta unas características determinadas:
"Las luchas actuales están atomizadas y dispersas, carecen de la más mínima perspectiva de centralización y generalización. Difícilmente la lucha de una empresa se extiende al ramo o a la zona. Nace y muere en la fábrica. Los viejos pero eficientes métodos de organización, extensión, generalización y radicalización parecen olvidados. La resolución de las luchas es poco menos que catastrófica. Con los métodos actuales, con la pasividad y el aislamiento, la batalla se libra... pero se pierde."
Partidos, sindicatos, organizaciones (iglesia, policía, ejército...) y preceptos (leyes, moral, costumbres...) luchando contra la clase obrera sugieren inmediatamente la idea de organización.
Por el contrario un mínimo análisis de las luchas supuestamente "espontaneístas" de la clase obrera ofrecen, ya lo hemos visto, una falta de perspectiva es decir una falta de organización en torno a objetivos comunes. El espontaneísmo de la clase obrera tantas veces cacareado por teóricos no obreros, no existe. Es simplemente falta de organización. Y organización implica generalización, fines comunes y un sólo objetivo: el triunfo.
O la clase obrera se organiza o el proyecto comunista, el único que puede eliminar el peligro ya real de barbarie y hecatombe presente en el programa capitalista del este y del oeste (y del norte y del sur) no podrá realizarse.
Pero la organización, así, en abstracto, no es el remedio milagrero que todo lo soluciona. Representa un camino duro de práctica en común a todos los niveles: en la fábrica, en el barrio, en el conjunto de la clase obrera y precisa también la práctica común de los obreros revolucionarios, de los que más allá del objetivo inmediato e importante de la lucha saben ver la perspectiva histórica (pasado y futuro históricos de la clase obrera).
Repetimos nuestra propuesta:
"En torno a unos presupuestos programáticos imprescindibles que deben ser discutidos y asumidos en las fábricas, en los centros de trabajo y con los grupos revolucionarios existentes hoy, debemos nuclear una organización capaz de actuar positivamente en el actual cuadro de la lucha de clases.
Una organización ... que es el balance definitivo de partidos, sindicatos y grupusculillos sectarios y es la perspectiva de los revolucionarios capaces de pensar y actuar conjuntamente, aunque diferencias de análisis nos separen.
Es el balance definitivo de una fracción de la clase que ha extraído costosas lecciones de su pasado reciente y es la perspectiva de los revolucionarios que quieren hacer la experiencia de una organización que no tenga nada que ver con los leninismos, consejismos, anarquismos y autonomismos en desuso.
Que los revolucionarios se reagrupen, construyan su organización e incidan con éxito en la organización masiva de los trabajadores. Esa es la tarea esencial" (Editorial de Alarma n.º 10)
De acuerdo con esta propuesta asumimos nuestros compromisos partiendo una vez más de los puntos mínimos expuestos en Alarma n.º 11 y que de nuevo resumimos:
Denuncia del capitalismo del este y del oeste; del nacionalismo y de las luchas de liberación nacional.
Rechazo del parlamentarismo, de los partidos políticos y los sindicatos como pilares básicos del sistema capitalista.
Reafirmación del comunismo como única salida válida para toda la sociedad en estos momentos de crisis total del sistema capitalista.
F.O.R.
Barcelona. Diciembre de 1981