Alarma, tercera serie, n.º 13, mayo de 1982 (págs. 6-8). PDF del número completo
Es necesario aclarar, para que estas líneas sean bien comprendidas, que la denominación de stalinista está aplicada a todas las organizaciones oficialmente reconocidas con el título de "comunista", cualquiera que sea el lenguaje o táctica que adopten en la presente etapa. Esta aclaración es tanto más necesaria cuanto que la fraseología de anti-stalinismo facilitada por todos los Kruschef y compañía se presta a confusión o a malas interpretaciones.
Para evitarlo es necesario dar a conocer y señalar de antemano el verdadero sentido de ese "anti-stalinismo" a lo Kruschef colaborador del mismo Stalin en todas sus depuraciones y en el exterminio de los revolucionarios.
El origen de ese anti-stalinismo y su fondo, residía en el hecho de impedir artificialmente el desprestigio generalizado a escala internacional del sistema falsamente denominado soviético y representado por Stalin.
Para salvar dicho desprestigio la casta burocrática capitaneada por Kruchef tuvo el cinismo de declararse opuesta a las prerrogativas e imposiciones del poder de Stalin pronunciándose contra "el culto de la personalidad" y otras triquiñuelas más. Pero todas estas denuncias y formulaciones no han pasado nunca de ser críticas de forma y no de fondo.
Efectivamente con Stalin o sin él, con Kruchef o sin él, con Breznef u otro -salvo revolución social- la política rusa, al igual que la de sus satélites, está orientada a eliminar toda lucha social de la clase.
"Socialismo en un solo país" es decir en realidad capitalismo de estado, en beneficio exclusivo del interés capitalista nacional e imperialista.
Con esa orientación imperialista actúan los "comunistas" en cada país sea a lo Berlinguer, Carrillo (Eurocomunismo), Lister etc. o los Marchais y otros con su socialismo de color nacionalista.
El stalinismo con todos sus crímenes y falsificaciones es la contrarrevolución y quien quiera que no lo denuncie así no es anti-stalinista. Este es el fondo del problema. Eso es lo que determina la continuidad de la política iniciada por el propio Stalin. Los objetivos y orientaciones siguen siendo los mismos: preparar las condiciones para, a través del aparato del partido, alcanzar el poder político y ser ellos los administradores del capital concentrado en manos del estado mediante las nacionalizaciones.
Es congratulatorio constatar que el stalinismo en sus principales dominios: Italia, Francia, Portugal y España, está perdiendo la confianza que el pueblo trabajador tenía antaño en él. Se está perdiendo porque los hechos son cada vez más evidentes y pueden engañar menos que su demagógica verborrea.
No obstante fuerza es reconocer que aún pueden -y nosotros debemos evitarlo- con su cínico y engañoso lenguaje ayudados por la influencia de su inicial y mal conocido pasado (la "patria del proletariado") confundir a ciertas capas sociales explotadas, en particular al proletariado. Posibilidad de engaño, acentuada por el hecho de que sectores no directamente stalinistas están interesados en presentar a los "P.C." como partidos pertenecientes al campo obrero.
Sin ambigüedad ni duda alguna hay que considerarlos como lo que son: ENEMIGOS DE CLASE.
A los revolucionarios corresponde denunciar su maquiavelismo y con él a todos los que le hacen el juego.
Tanto más necesario es cuanto que como se ha señalado aún existen sectores que por carencia de suficiente información y conocimiento de cómo evolucionó la revolución rusa se dejan influenciar por una falsa y estudiada propaganda sólidamente mantenida por el sistema dominante.
Tener a los trabajadores en la ignorancia es el mejor medio de dominarlos para mantenerlos en su condición de esclavos.
A esta pérfida táctica hay que enfrentarse con la verdad puesto que la realidad de los hechos es la mejor arma para que los "parias de la tierra" deseosos de dejar de serlo comprendan la mentira de la Rusia de hoy. El país del primer intento de transformación proletaria de la sociedad ha pasado a ser la vanguardia de su contrario.
El poder político y económico están determinados en función no del interés social sino en interés exclusivo de la casta burocrática que administra la economía nacional con más absoluto despotismo que en los países donde el capitalismo no está aún concentrado en manos del estado.
Los mejores revolucionarios iniciadores del Octubre Rojo han sido exterminados por la contrarrevolución capitalista de estado.
Para probar lo expuesto y darle mayor comprensión basta una breve explicación de cuáles fueron los factores que determinaron esta situación.
Para ello es importante hacer un poco de historia. La revolución rusa parte de uno de los países más atrasados de Europa con muy débil desarrollo de las fuerzas productivas es decir con un limitado aunque concentrado proletariado que se encontraba en proporciones muy inferiores al campesinado y éste a su vez era de los más atrasados.
A los revolucionarios rusos de la época no se les escapó este inconveniente y por otra parte no ocultaron nunca la imposibilidad de la realización del socialismo en un solo país.
Sus esperanzas y esfuerzos residían en la convicción de que alcanzada la victoria de la toma del poder político por el proletariado se provocaría la revolución social a escala internacional. Esa confianza, casi certeza, residía en la moral que les daba las esperanzas de revolución en Alemania cuyo desarrollo industrial era grande con un proletariado fuerte.
"La verdad es que si la revolución alemana no se realiza estamos perdidos" (Lenin en 1918).
Esta opinión era compartida por todos los revolucionarios en Rusia, Alemania y el resto del mundo. Lo que corrobora que en esa época el poder de los soviets consideraba la revolución como la iniciación de la revolución mundial.
"El socialismo no se puede realizar más que a través de la revolución mundial" (Resolución aprobada por el buró político del P. C. ruso en 1921.)
La no realización de tales previsiones dió como resultado que el intento inicial de revolución social quedase limitado a la toma del poder político por el proletariado y esto a pesar del intento de organizar en plena guerra civil, su producción con arreglo a una distribución orientada sinceramente hacia el socialismo (etapa 18-21 conocida con el título de comunismo de guerra).
Desgraciadamente no pudieron consolidar esta orientación faltos esencialmente del apoyo internacional en que confiaban. El aislamiento en que se encontraron agregado al desgaste físico y moral del esfuerzo realizado durante la guerra civil añadido a una economía en plena bancarrota determinó al poder en plaza a realizar una marcha atrás táctica y restablecer, a título provisional, medidas económicas no en función de una orientación de carácter socialista sino con vistas a poder sobrepasar esa situación insostenible. Ese retroceso pasó a la historia (1921) y es conocido con el título de NEP, nueva política económica. Política basada sobre el restablecimiento del libre comercio: estimular el comercio y con ello lógicamente la libertad del medro individual.
El resultado fue que al amparo de estas prerrogativas se engendró una casta jerarquizada de burócratas con intereses propios en oposición a los intereses comunes a los que se añadieron técnicos, militares y burócratas del antiguo régimen. En realidad se creó y se consolidó una casta social opuesta a las perspectivas de una sociedad comunista.
En estas castas privilegiadas Stalin -ya secretario general- encontró su principal apoyo para convertirse en el dictador más cruel de la época actual.
Es prácticamente con el poder absoluto que sin transición ni discusión Stalin en 1924 tres meses después de declarar lo contrario se pronuncia por la teoría del socialismo en un solo país.
En realidad esto significa consolidación reaccionaria del no triunfo de la revolución y por consecuencia de su extensión.
Teoría anti-socialista en clara contradicción con los principios comunistas de internacionalismo proletario. Todo por y para su propia economía y provecho.
Ese nuevo rumbo y orientación es lo que les coloca a la vanguardia de la lucha contra toda tentativa de revolución social. El impedirla es su razón de existencia y continuidad; saben mejor que nadie que el más mínimo movimiento del cambio social comporta la destrucción del sistema de explotación capitalista del que ellos son parte integrante.
Esa es la razón de su intervención en dondequiera que se presente para aplastar con los medios que sean, de los que sus técnicos son especialistas, el menor intento de rebelión proletaria que ponga en peligro el sistema social existente. Numerosos son los casos a contar en confirmación de lo dicho: China de 1927, España 1936... En el período más reciente Checoeslovaquia, Hungría.... Polonia hoy.
España nos legó a través de las barricadas de 1937 la más real, significativa y mejor demostración del carácter contrarrevolucionario del stalinismo.
"La emancipación de los trabajadores es obra de los mismos trabajadores"
Sí. Pero para ello es necesario que no desconozcan los proletarios cuáles fueron y cuáles son sus principales enemigos de clase. Con esta intención están escritas estas líneas.
El anti-stalinismo de todos cuantos colocan el cualificativo de "socialismo" a Rusia, China y países del este, sea cual sea su afiliación política es falso. Generalmente todos estos anti estalinistas han apoyado en un momento u otro al régimen stalinista; tal es el caso de la IV Internacional con su defensa incondicional de Rusia y también el de los dirigentes del mundo occidental cuando pese a las rivalidades imperialistas se dieron cuenta de que el orden "capitalista" de Rusia cortó por lo sano todo intento de revolución proletaria a escala mundial.
Nuestro antistalinismo es diferente porque va ligado a nuestro odio del capitalismo en general y por ende del contrarrevolucionario poder ruso como fuerza que ha imposibilitado directamente a la revolución el triunfar allende sus fronteras.
El cambio social está determinado por la transformación profunda de las relaciones sociales basadas sobre la ley del provecho. El proletariado, pueblo trabajador, no podrá pretender cambiar la sociedad si como objetivo no elimina esa ley. Su realización primordial deberá ser no sólo la supresión de la propiedad privada de los medios de producción sino el impedir con la misma energía la propiedad del estado e imponer una planificación socialista: socialización y no estatización; eliminación de privilegios y jerarquías; supresión de la separación entre trabajo manual y el intelectual... producir para las necesidades de consumo en general.
A partir de ahí se puede hablar de marcha hacia el socialismo y esto determina una lucha sin cuartel contra sus enemigos representados principalmente por el stalinismo y los "anti-stalinistas stalinistas".
J. Costa.