Alarma, tercera serie, n.º 12, diciembre de 1981 (pág. 14). PDF del número completo

La democrática prensa española ha dado marcha atrás en el "asunto Viader". Convocó manifestaciones, publicó furiosas editoriales, llenas de loas y cantos a la libertad de expresión y anunció terribles huelgas... para nada.

La huelga ni se desconvocó. Simplemente no se hizo, alegando que "alguien" no la secundaría, dando así más valor al esquirol que al condenado.

La excusa es la normal en estos días; válida para todo precisamente por no ser válida para nada: no a las desestabilizaciones, no a las huelgas, no a las provocaciones... no a todo... nada de nada.

Viader es una víctima más del idiotismo nacional. Pensar que se vive en un régimen de libertades es de idiotas. La prueba está en esta condena, en alguna más de las que no se ha hablado y en la tomadura de pelo de nuestra vida cotidiana, cotidianamente pisoteada por la ley del más fuerte.

¿Podemos extrañarnos de la condena a Viader sabiendo que todos los que se denominan oposición, políticos, intelectuales, sindicalistas, "fuerzas progresistas" etc. callan ante la aplicación absurda de la ley?

¿Se extraña alguien de que quienes acusan a los ultraderechistas sean condenados a penas de largos años sin que nadie rechiste?

¿Se extraña alguien? Pues si lo hace es, según la ley un desestabilizador y según el sentido común un idiota.

Que conste que en el fondo lo sentimos por Viader y su condena; pero el colaborar en la revista más sensacionalista del país tiene sus riesgos.

Lo que no se nos ocurre ni por sueños es suspirar por la libertad de expresión; la cosa, demócratas de mierda, no va por ahí.