Alarma, tercera serie, n.º 14, finales de 1982 (págs. 7-9). PDF del número completo
Los acontecimientos se han precipitado. Ya están aquí las elecciones. Han sido adelantadas por necesidades internas y organizativas del partido de Centro.
La descomposición de UCD que se ha observado en los últimos tiempos ha llegado a su punto culminante.
Los diferentes líderes grupusculares de la nunca única UCD han desgajado a sus militantes del partido.
La causa final ha sido la desreorganización creada entorno a Lavilla y Calvo Sotelo, unos de los líderes más amorfos del panorama -amorfo de por sí- político nacional.
La fuga de Suárez (duque democrático por antonomasia) ha sido el clarinazo definitivo.
Cerrada en sí misma, la UCD mal podía seguir desgobernando el país a pesar del incondicional apoyo de la oposición. Se ha visto obligada a convocar lo que siempre negó: nuevas elecciones generales.
Un partido nacido del contubernio de líderes provenientes del antiguo régimen sólo ha podido sostenerse tanto en el poder no por sus propias virtudes (o a pesar de sus múltiples defectos) sino por la ineficacia de la oposición.
Amalgama incomprensible, ha saltado en pedazos volatilizada por: su lógica falta de programa, los ataques de conjuras fascistoides tipo "operación Galaxia", 23 Febrero...., sus fracasos electorales parciales como Andalucía, Galicia y otras autonomías y finalmente por sus disensiones internas.
Por lo expuesto, mal puede ser ahora el partido-solución para el capital español.
¿Y el PSOE?
Digámoslo de entrada: el PSOE tampoco. Mal que pese a los niños del capullo (el símbolo socialista sigue siendo un capullo) no son la solución que auspicie el poder económico.
Y sin embargo, a poco que las cosas evolucionen normalmente, vencerá en las elecciones próximas.
Periódicos de todo tipo le dan como seguro triunfador. Los medios de difusión -TVE incluída- favorecen abierta o indirectamente esta premisa presentando a su líder como un "vencedor nato". La opinión "general" les es favorable.
Y, lógicamente, triunfarán y formarán un nuevo gobierno que nos desgobernará... ¿por cuánto tiempo?
Ésta es la gran incógnita. Pero lo es a corto plazo. NO DURARÁ MUCHO.
Sólo el tiempo suficiente para que el capital español logre su objetivo: Por un lado demostrar la inviabilidad de un gobierno socialista (incluso en el caso de este peculiar "socialismo") y conseguir una coalición de derechas que le garantice mejor que el actual gobierno y el futuro del PSOE el control absoluto de la sociedad española.
Precisamente el PSOE es presunto y posible partido de gobierno por la incapacidad política de los restos momificados de la UCD. La negativa de éste a formar coalición con Fraga ha evitado momentáneamente que se consiguiese el partido de gobierno que la patronal hubiese deseado y apoyado totalmente.
Lo pagarán caro. UCD con esta negativa ha firmado su disolución definitiva y ha arrojado por la borda del absurdo la remota pero aún factible posibilidad de seguir en el poder, aunque fuera compartido con A.P.
El PSOE pagará también su victoria, propiciada -vale la pena repetirlo- por UCD.
No va a poder gobernar.
Intentando destacarse del PCE ha rechazado una parte importante de votos del electorado, a pesar de su intento de última hora de conformar su "programa de gobierno" al programa de CCOO.
Salvo raras excepciones, la mayoría en las Cortes va a ser de derechas y va a tener un objetivo claro: boicotear la política del PSOE a cualquier precio. Los poderes fácticos van a colaborar de buen grado en esta tarea, no cabe duda.
El lapsus de gobierno del PSOE va a ser corto. Tiempo al tiempo.
E ineficaz. De ello se encargarán, además del propio PSOE, el resto de partidos, el capital, la iglesia, el ejército, los nostálgicos fascistoides de turno... y la misma clase obrera.
Porque no se puede contentar a todos, el PSOE, a pesar de sus programas no contentará a nadie.
(Es interesante sobre el tema señalar las observaciones que sobre la posible retirada de la OTAN ha hecho Gutiérrez Mellado al programa del PSOE: dejando a los militares campar por Europa, es más fácil hacerles olvidar España. Más claro el agua.)
Decíamos antes que el PSOE va a ganar las próximas elecciones. Cierto.
La importancia en la opinión pública de los medios de comunicación es hoy reconocida por todos; y en este caso se ha decantado descaradamente por el PSOE, creando un clima de victoria socialista que la hace, al mismo tiempo, más factible.
(Otra, sin duda, hubiese sido la dirección de la tendencia informativa si se hubiese realizado la coalición de derechas auspiciada por el capital.)
Pero aunque suficiente, no va a ser aplastante -deseos aparte-.
Fraga va a obtener un tanto por ciento importante de los votos.
Este hideputa político representa los intereses de una derecha "civilizada" y tiene carisma de líder. No. No es apología de Fraga; es reconocimiento a su posición en el mapa político de la nación.
De talante aparentemente liberal (la realidad no puede ser más diversa) y formado en el régimen anterior pero con aureola de hombre liberal tras su estancia en Inglaterra, su programa electoral debe satisfacer al capitalismo español. Sólo cuenta con los votos negativos de la "izquierda" que no olvida sus deseos de dominar el cotarro a la brava y de los quiero y no puedo de los partidos inútilmente autocalificados de centro.
Fracasado su programa de "la mayoría natural" se verá relegado a un papel segundón pero importante y seguirá siendo la pieza de recambio deseada por la burguesía nacional.
El protagonismo lo tendrá ficticiamente el PSOE, gracias a ese fracaso de la coalición de derechas, al degradante espectáculo de UCD, a las disensiones en las fuerzas políticas de la derecha, a la desilusión electoral de la mayoría de los posibles votantes y al auge de un izquierdismo fácil entre capas de intelectuales y profesiones liberales que como siempre votan o votarán a favor de la solución más fácil.
El PCE merece siquiera unas líneas. Las imprescindibles para remarcar su seguro fracaso electoral.
Va a ser el gran derrotado. Su política le ha desenmascarado y ha alejado de él a muchos de sus posibles votos. Por la derecha (Tamames, Bravo etc.) y por la izquierda (los nuevos PCs). Además, a pesar de los intentos de sus líderes y sus apologistas periodísticos que loan e idolatran al PSOE, van a ser rechazados por éste claramente.
Su posición, de momento, no puede ser más endeble. Su importancia ridícula. (Al igual que la de su momia principal, el diputado Carrillo.)
La abstención
Una vez más, como en todas las elecciones fueren del tipo que fueren, la abstención será importante. Muy importante. Y es natural.
El desencanto popular por la política va en aumento. Es la posición mayoritaria.
Ninguno de los partidos actuales puede complacer mínimamente al menos exigente de los españoles.
Su práctica, demostrada hasta la saciedad en estos años de democracia posfranquista, ha sido lo suficientemente reveladora de los intereses reales de los líderes que van a mendigar el voto popular.
Cierto que existen sectores políticos como la CNT y otros grupos pequeños que defienden -defendemos- la abstención pero su -nuestra- importancia, no vale la pena negarlo, es prácticamente nula.
La abstención, por lo tanto, dándose en un % importante va a ser una abstención de hastío, no consciente.
Será una posición de rechazo más que una posición de enfrentamiento.
De ahí su propia debilidad, su ineficacia.
De ahí que mientras no adquiera un carácter de oposición organizada ante el poder, hablar de la abstención será -sin caer en la demagogia de los partidos que piden el voto a toda costa identificando abstención con voto a la derecha más cretina- un mero comentario de cifras indicativas, eso sí de una posición de rechazo que puede y debe ser canalizada hacia posiciones de lucha de clase.
Precisamente el voto de los trabajadores va a demostrar lo dicho antes.
Una parte no va a votar.
Sus motivos, los de su abstención serán conscientes (posición de clase) o responderán simplemente a ese asco de que hablábamos.
Otra, más importante, acudirá a las urnas y delegará sus problemas en partidos y líderes que sólo le atienden en el momento electoral.
Y lo hará en favor del socialismo, con las excepciones de los izquierdosos de siempre.
¿Por qué vota la clase obrera?
Porque todavía tiene fé en el fantasma de la democracia; porque todavía cree en los partidos que le camelan con programas que nunca cumplirán; porque el gobierno actual que "tan mal lo hace" es de derechas y quizás con el socialismo todo cambie; porque las condiciones actuales aparecen modificadas en su óptica de obreros cuando se las contempla bajo el prisma falaz del "socialismo"... Y, en muchos casos, porque el trabajador tiene algo más que sus cadenas por perder: su puesto de trabajo en un país de parados.
Por estas y otras razones quizás más sutiles o personales (nostalgia, actividad en el comité ugetista de su empresa....) el trabajador votará y votará a los socialistas.
Por eso el PSOE ganará en las próximas elecciones su puesto de gobierno. (Elecciones en las que, según las informaciones oficiales van a dilapidarse nada menos que CINCO MIL MILLONES de pesetas. ASÍ SE LUCHA CONTRA EL PARO, según los programas electoralistas de los partidos.)
Será la solución del momento para el capital español que, malograda la coalición de derechas que proponía, prefiere al PSOE como cabeza de turco al frente de una situación caótica.
Nada podrá hacer desde el gobierno el PSOE salvo ver cómo se le hace responsable de los problemas actuales y cómo se demuestra su ineficacia gubernamental. De ello se encargarán todos.
Y así, logrado el objetivo -fácil a todas luces- de hundir la posibilidad del "socialismo", la gran derecha retomará el poder.
A pesar de su victoria, asistiremos al fracaso del PSOE y a nuevas elecciones anticipadas justo en el momento en que la relación de fuerzas sea claramente favorable a las derechas.
De todos depende que estas próximas elecciones (muy próximas a las actuales) que deberían presenciar de acuerdo con todos los cálculos la victoria aplastante de la derecha, sean las que den el triunfo a la abstención consciente de la clase obrera, opuesta ya a todo tipo de poder capitalista.