Alarma, n.º 17, diciembre 1983 (págs. 16-17). PDF del número completo

Quienquiera sabrá al primer vistazo a qué partido aludo. Es la apelación monda que mejor le conviene, a parte la más exacta; pero todavía desconcertante para muchos lectores, de Partido ANTICOMUNISTA.

Y bien, el tal partido se encuentra en fase de desmorone a fuerza de estar pocho Mas, para comprender a fondo lo que le sucede y el por qué, la primera disposición a tomar es no tener para nada en cuenta lo que peroran Carrillo, Iglesias, sus respectivos corifeos, o lo que hayan dicho los dimisionarios, expulsados y escindidos anteriores. Me refiero a los Lister, Semprún Claudín y cualquier Tamames.

Ninguno de ellos ha sido jamás comunista; stalinistas sí, y con qué deleite perruno! Otrosí, por que diferenciándose entre ellos apenas por sus respectivas habilidades marrulleras, soltura de labia y otros zancadilleos, sus decires son tan sólo palabrería encubridora de maniobras enderezadas a detener puestos de mando y buen regosto a instalarse en ellos, o bien a absolverse de graves culpas anteriores. En fin , y argumento inapelable, por que en este caso mucho más que otros, la lucidez requiere, aunque no baste, una honradez de que todos los aludidos hicieron almoneda para ser lo que son o lo que fueron.

Espetándolo de manera muy sucinta, el problema de El Partido proviene de que desde bastante antes de 1936, es él una gigantesca estafa ideológica en cualquiera de sus manifestaciones, y en lo orgánico una cueva de trepadores, salvado, aunque no siempre, el embelesado carnetista de base. Un decenio u otro la estafa tenía que perder rentabilidad. Demasiado , interminable tiempo se cotizó alto en la bolsa internacional de valores politiqueros. No se trata, precísese, de El Partido español en particular, sino también de todos y cada uno de sus semejantes, de manera que lo dicho con acierto tocante a éste vale para cualquiera de los otros, aunque los síntomas de descomposición sean momentáneamente menos agudos. El Partido español no ha tenido ninguna manera peculiar de estafar. Ni peor ni mejor que sus colegas, ha sido una caja de resonancia del epicentro estafador: El Partido-Estado ruso.

He ahí la verdad desnuda y nada más que la verdad. Que Rusia sea un país socialista, obrero, revolucionario, democrático , protector de los oprimidos y queseyó, ha sido una aviesa mentira que va haciéndose más patente cada año. Está ya tan desacreditada de hecho, que los propios dignatarios de todos los partidos saben bien que pierde de contínuo eficacia como instrumento de embauco y leva de incautos, lo que era desde mediados del decenio veinte. Por eso andan requebrando al capitalismo rival de su propia matriz capitalista y se esfuerzan en hacer muecas humanoides. Es que están muy lejos de tenerlas todas consigo en cuanto al porvenir de su matriz Más particularmente, les ocurre-advenimiento grave, preñado para ellos de malhadados augurios- que cuanto más se sabe de Rusia y adyadcentes, aspecto económico y aspecto político por igual, mayor repugnancia inspiran. La mentira cede el puesto a la verdad, y para servirla todavía se pueden reclutar sí, funcionarios venales, pero la clase obrera se deja sorprender por ella cada vez menos y nunca con entusiasmo. Dimes y diretes, discusiones, insultos , calumnias, escisiones, expulsiones etc... responden a la misma necesidad para todos los jerarcas de El Partido: qué grado de identificación o de distancia adoptar tocante a Rusia, al menos en apariencia. Riñen por la dosificación, en un sentido u otro que mejor convenga tácticamente a su razón social... y la realidad con que topan es que ninguna les saca bien de apuros. Lo que podría convenirles en un sentido les perjudica en el otro. Muy cerca del Kremlin recogerían toda la aversión que suscita la política interior y exterior de éste; muy distantes y "críticos" a su respecto, perderían las facilidades financieras, de desplazamientos y maniobras transfronteras que les consiente -muchísimas - su filiación al segundo Bloque imperialista. También perderían el atractivo siquiera mortecino que aún les vale el capitalismo de Estado ruso mal disfrazado de socialista. Podrían decidirse a desprenderse de éste si en cambio pudiesen ganar la confianza del capitalismo occidental. Pero para ello tenían que haber roto el collar del imperialismo oriental mucho tiempo antes.

El Partido español y otros de su mismo molde, siempre obedientes al Kremlin, han prestado al capitalismo occidental servicios muchísimos más importantes que los rendidos al mismo, desde 1914, por los falsos socialistas. En efecto, ellos impidieron o reprimieron la revolución proletaria a partir de 1923, ellos reavivaron la defensa nacional durante la última guerra y al finalizar ésta indujeron la clase obrera a la reconstrucción del capitalismo.

Hasta ahí, los gobiernos occidentales no les escatimaron aplauso unánime y agradecido. Pero se vió enseguida que El Partido (todas las nacionalidades confundidas) han prestado a Occidente servicios magnos, decisivos para su existencia, amén de otros menos espectaculares, pero utilísimos para la diaria rutina funcional del capitalismo, laboraba con vistas a los intereses materiales y estratégicos, inmediatos y venideros, de su propia metrópoli imperial.

Diciéndolo sin el menor ambage, los gobiernos de nuestras latitudes temen las actividades de El Partido en calidad de Quinta Columna, no porque actúe en modo alguno a favor de la clase trabajadora , menos todavía de la revolución. Ahora bien, tal situación conviene a los empingorotados líderes tanto menos cuanto más cae en el dominio común la verdadera naturaleza capitalista y reaccionaria de sistema económico y régimen político rusos. Por muy lerdos que sean, la aritmética les aporrea la mollera: las ganancia obtenidas acatando a Moscú no compensan ya las pérdidas que ese mismo acato les causa. La descomposición es pues inevitable. Todavía les queda mucho aparato orgánico, recursos financieros grandes dentro del país y exteriores, además de capacidad de maniobra mediante los sindicatos en que dominan. Con esto podrán tal vez lentecer el desmorone; evitarlo ya no hay manera, hagan lo que hagan.

Otro factor reconcomia las mentes mucho más calculadoras que pensantes de los señores líderes: el porvenir de Rusia, no ya como mito o mentira monstruosa, puesto que está en las boqueadas, sino como potencia imperialista simplemente. Conocen mejor que muchos las relaciones de enemigos mortales existentes entre el Partido-Estado ruso y los millones y millones de trabajadores de la industria y de la agricultura. Saben que un enfrentamiento generalizado podría instaurar un poder revolucionario, haciendo trizas el actual y la potencia imperialista de la falsa Unión de falsas Repúblicas falsamente Socialistas y falsamente Soviéticas. Esa eventualidad, que sería gloriosa para el proletariado mundial y para los hombres revolucionarios, la perciben los amos de El Partido en cualquier latitud como su sentencia de muerte. Es decir que su propio fuero interno se ve trabajado, años ha por la descomposición.

El cometido de los revolucionarios tocante a tan importante coyuntura, consiste en acelerar la descomposición de El Partido poniendo en claro el enorme cúmulo que razones que la determinan, que la han retrasado durante tantos decenios y el por qué de sus repercusiones benéficas para la lucha comunista del proletariado mundial.

G. Munis.

Noviembre 1983.