Alarma, tercera serie, n.º 18, 1984 (págs. 1-3). PDF del número completo
Los recientes éxitos de los astronautas americanos han excitado a los medios de información como en los felices días de los alunizajes del proyecto Apollo.
Todos, a coro, se han puesto a parlotear sobre los "reparadores del vacío", "el servicio post-venta de la NASA " o "los Peones Especialistas del espacio".
Con una infatigable venalidad, periodistas tecnócratas y otros especialistas de la mentira se han alternado para airear los méritos y la importancia de la misión realizada con éxito por la nave espacial: la ganancia de dólares obtenida al no enviar contra el sol (para su destrucción) al satélite "solar max" y repararlo y la perspectiva de un desarrollo espacial industrial, nuevo y "limpio".
Todo esto es falso. Veamos: si efectivamente una reparación en el espacio es más barata que en tierra permite a la NASA invertir mucho más en su programa de desarrollo gracias a la nave-taller y lanzarse más a fondo en la preparación de nuevos programas para los años 90. Cada uno de estos éxitos ve aumentar (directa o indirectamente) su parte en los presupuestos de los USA y repercutir sobre la sociedad.
Esto implica que no concierne sólo a la NASA ya que todo aumento del déficit presupuestario americano repercute directamente sobre la orientación política, militar etc. de los USA y por lo tanto sobre la economía mundial. Todo lo que aumenta el déficit presupuestario americano o que frena su disminución produce un mantenimiento o un alza de la tasa de interés del dólar y frena el desarrollo de los países menos potentes que los USA y llega , como una cascada, hasta el hundimiento total de los más débiles como Brasil, Méjico, etc.... evidentemente esto el primero y quizás el único en pagarlo es el proletariado.
Además, las perspectivas de desarrollo espacial se presentan como un iceberg: la parte sumergida, la escondida, es el desarrollo militar. El 75% de los catorce miles de millones de dólares del presupuesto de la NASA estan ya destinados al sector militar y los programas de los años 90 , que serán ensayados sobre la nave-taller, apuntan simplemente a conseguir un arsenal militar de intercepción y ataque basado en los LASER.
Desde ahora, ya, los asesinos del Pentágono restructuran ( una moda que hace furor) la estrategia americana en función del nuevo terreno de operaciones, el espacio, en el que su superioridad es aplastante.
Qué excitante!. Sólo falta ir al cine a ver "La guerra de las Galaxias" para quedar convencidos del "ardiente" encanto de la guerra espacial.
El freno posible ( aparte , claro está , de la lucha por la revolución comunista) a esta carrera de armamentismo está en una posible degeneración del sistema de enseñanza y reclutamiento de los técnicos militares, de los centros urbanos y de los sistemas de transporte amén de los de información pero, en cualquier caso así sólo se conseguiría una ralentización de la loca carrera.
Lo mínimo que se puede decir es que es decepcionante el contraste entre la ficción prometeica y la macabra realidad, entre el lirismo de los "pioneros del espacio" y la triste banalidad tecnológica. Entre "los seis viajes a la luna" de Cirano de Bergerac o el de Julio Verne y los "peones especialistas" del espacio tan célebres hoy ( quizás su celebridad consista en haber logrado trabajo de peón en los tiempos que corren) hay un abismo profundo de miseria.
Los especialistas, los periodistas etc. se conmueven ante esta miseria. Se han planteado múltiples propuestas de utilización de esta nube de millones de dólares: programas de desarrollo escolar y agrario en los mismos USA o en el tercer mundo, para un poco más de justicia "social", para acabar con un cierto número de enfermedades... etc. etc. Ninguno de estos programas "benéficos" pone en cuestión el funcionamiento de la actual sociedad. Todos plantean distribuir de otra forma la riqueza producida pero ninguno se plantea el modo cómo se produce esta riqueza. De ahí su impotencia frente al argumento utilizado : " Nuestros problemas provienen de que aún no estamos a punto; paciencia y ánimo; la tecnología moderna tiene respuesta para todo".
Pero, por el contrario aparte de que la moderna tecnología no hace más que generar nuevos problemas cada vez más difíciles e insolubles ( sobretodo "tecnológicamente" ) es incapaz de solucionar los actuales y no hace más que incrementar la miseria.
Todos, "humanistas" y "tecnócratas" mienten.
Nada de lo que ellos sugieren o prometen puede realizarse por el simple desarrollo del capital. Tanto si nos imponen un beneficio limpio ( se realiza en lo social) o sucio (militarista, polucionador...) el desarrollo del capital no crea más que plusvalía y miseria. El capitalismo es desde sus orígenes una sociedad anti humana y su progresividad no ha residido más que en la destrucción de las relaciones sociales locales en beneficio de las relaciones sociales mundiales realizadas en la guerra y en la huelga revolucionaria mundial.
Esta miseria incuestionable intentan esconderla en los discursos oficiales dándole un carácter accidental ( parece que exista por culpa de las condiciones naturales!) y únicamente económico ( falta de dinero, de víveres ...). Sólo reconocen su existencia para mentir proponiendo o prometiendo un medio de solucionarla en el marco de este sistema.
Debe hacerse notar que si algunas soluciones más "humanistas" se jactan de conseguir acumular más capital a largo plazo es a base de soluciones "tencológicas" y "sucias". Y esto no por que los dirigentes sean estúpidos o embusteros ( lo que sucede siempre) sino simplemente por que el capital no puede dejar de acumular y lo hace allí donde puede conseguirlo más rápida y eficazmente. De ahí dónde se invierte y su discordancia con las "buenas intenciones".
En fin, no existe una solución tecnológica al capital por que una tal solución es en sí misma una manifestación del capital.
Efectivamente: la base misma de estas propuestas es que una buena tecnología, bien aplicada, en unas condiciones adecuadas, dà unos buenos resultados. Aparentemente nada más sencillo y nada más fácil de explicar aunque deba darse un buen "rodeo" para hacerlo. Entre la tecnología, el útil y su sustrato aparentemente no hay nada. En los esquemas más "humanistas" el hombre se situa en lo alto -él aplica- y en lo bajo - el recibe- del proceso. La intervención del hombre está en todo: en la producción del útil, su transporte, en la producción del sustrato, su almacenamiento o degradación etc... Y la relación entre un útil y su sustrato, aparentemente inanimado, es en realidad una relación entre estructuras que han ya cristalizado toda una serie de relaciones de producción en las que los hombres han atribuido, por su tiempo de trabajo, un poco más de valor en cada etapa, en cada componente del útil y sus sustratos.
Así, el discurso del capital sobre la tecnología y su aplicación, por simple que parezca, vela el complejo tejido de las relaciones en la sociedad en la que cada objeto, cada relación entre objetos, ocultan al hombre, mediatizan sus relaciones y obstruyen la relación directa entre ellos. En lo que parece ser una relación entre objetos se si- túa una inmensa cadena que alterna las mercancías y los hombres que las producen y las hacen circular. Esta cadena es la del capital que abarca toda la sociedad.
Es ahí donde reposa nuestra verdad, tan simple: el capital es una relación social y es por ello que una acción que no se enfrente a sus raíces no puede hacer otra cosa que someterse a su ley: la acumulación cada vez más amplia y más rápida. Los hombres que no están en mutua relación más que en la medida en que esta relación tiene por intermediario a la mercancía están sometidos al capital que mediatiza todas las relaciones sociales y constituye la comunidad inhumana (mercantil) y totalitaria que aplasta al hombre haciendo aparecer las relaciones sociales como relaciones entre simples objetos Por eso le es imposible al capital decir la verdad ya que sería desvelar que para encontrar una solución a los problemas del hombre hay que destrozar la comunidad del capital e instaurar la comunidad humana, el comunismo, un mundo sin dinero sin clases sin fronteras y sin estado.