Alarma, tercera serie, n.º 19, noviembre de 1984 (págs. 1-3). PDF del número completo
Felipito gonzález y su cauda ministerial, coronada testa juancarlina por dosel, se desviven queriendo remendar la economía nacional y superar la llamada crisis. Nada singular, ni por lo que acontece en el dominio de la producción, ni por el proyecto de reconversión industrial. En ése no menos que en otros actos y proyectos gubernamentales, Felipito y su cauda son, a su vez, cauda de los economistas más duchos en la materia, sirvientes de los mayores países industrializados. Falsos éstos en su decir y en su planear, falsos de segunda mano- y orondos de su papel - parecen sus imitadores de por aquí. Eso sentado, importa precisar el que ningún otro gobierno que pudiera constituirse cambiaría de meta ni de métodos. Es evidente que en la gama política conocida, partidos y sindicatos asienten , con modificaciones secundarias, a la modernización, la implantación de otras técnicas, la competitividad etc; asienten, en suma, a las recetas de los grandes centros económicos internacionales : OCDE, Banco Mundial, Wall Street, Banco de Tokio, Banco de Moscú, satélites de unos y otros incluídos. Madrid tiene pués el sendero marcado, y las ideas de prestado. Muy secundario.
Quede aquí dicho sin ambages, el proyecto es un aleve chanchullo. Su propia terminología es aposta engañosa, y la intención, incluso óptimamente lograda, reaccionaria, no sólo relativamente a la clase obrera, sino también porque va a contrasentido del devenir social, humano en general. Véase:
Modernización
Mentira. Utilizar esa voz cual sinónimo de actual, convierte en moderno cualquier cosa que aparezca en nuestro tiempo. Lo negativo, lo criminal, lo asqueroso serían modernos desde el momento en que se insinuan o propagan hoy. La sanguinolenta dictadura clérigo-militar de Franco habría sido el último grito de la modernidad en su tiempo. Así lo pretendió, no se olvide. Esa utilización del término embrolla las nociones y traba el entendimiento; mas no sin esquinada intención, vulgo mala leche, pues la "modernización" prevista consiste en fortalecer el sistema económico imperante. Ahora bien, es éste más que antiguo, vetusto y la única actividad moderna en su seno reclama derribarlo sin dejar de él otro vestigio que un ominoso recuerdo.
Renovación tecnológica
También mentira, cual está insinuado en la generalización anterior. Pero en este enunciado se puede señalar con precisión la mentira y su traicionera enormidad. La idea que guía la tal renovación, verdadera obsesión de sus patrocinadores consiste en agrandar al máximo los beneficios del capital en general, y de los capitalistas privados, por igual, vendiendo cantidades crecientes de mercancías , extrafronteras sobretodo. Necesitan pues recoger un monto mayor de productos que antes, en la misma unidad de tiempo y con mengua importante de trabajadores. La tecnología será - lo es desde decenios - aplicada a contrasentido, o sea, para agravar la explotación del proletariado y amasar del lado del capital beneficios por miríadas de millones. Mientras mejor den cima a su proyecto Felipito y los suyos, mayor será el abismo entre proletariado y capital, los dos polos del sistema económico vigente. La pobreza continuará acentuándose en el primero, relativamente a la acumulación de riqueza en el segundo, cada año más ingente. Esa diametralidad está señalada, hace un siglo, por Marx y Engels. Por algo el Felipito, ignaro pero cuco, ganó sus oposiciones a jefe de gobierno mitineando : " ni puñetera falta que hace conocer a Marx".
La ciencia y la técnica modernas, es bien sabido, están en condiciones a aplicar su saber a la producción y a cualquier otro dominio, mucho más allá de lo que busca el gobierno español a semejanza de sus mentores occidentales u orientales, igual dá. Será pues la que implante una utilización muy limitada, mezquina incluso, de la técnica, debido al triple cálculo de disminución del número de obreros por industria, producción de mercancías competitivas y engrosamiento ampliado del capital.
De ahí la traicionera enormidad de ese designio engañosamente modernizador. Su presuposición es la explotación del proletariado y su resultante la colecta de inmensos beneficios por la minoría social dominante.
Creación de empleos y reabsorción del paro
Con jesuítica hipocresía, los dirigistas de todos los centros económicos mundiales hablan desde hace no poco tiempo de "creación de empleos". Diríaseles animados, en nueva versión, del caritativo mandamiento cristiano, "dar de comer al hambriento". Mas, quienes esta vez se comen literalmente hablando la mayoría del valor resultante de cada puesto de trabajo nuevo o antiguo, son los empleadores, no los empleados. Se lo embolsa pues el capital, cuyos representantes lo despilfarran suntuariamente en parte, e invierten la otra parte como conviene a sus intereses económicos y políticos ulteriores: nuevas máquinas, ejército y policía, producción de guerra y compra de armas importadas, burocracia administrativa y latiguera etc.
Y el paro no será reabsorbido por completo debido precisamente a la técnica así aplicada. Ejemplo : durante la etapa anterior de automación, los expertos estadunidenses en la materia consideraban que había pleno empleo cuando quedaba "solo" un remanente continuo de tres o cuatro millones de obreros sin trabajo. Se sigue sin lugar a duda que los nuevos perfeccionamientos dejarán en la calle mayor número de hombres y mujeres. Cuéntese , por añadidura, que la descualificación de los trabajadores irá en aumento. Serán inhábiles para todo; su cometido, como mecanismo de servidumbre o como vigilantes de las máquinas, hará de ellos personas sin la menor aptitud profesional. Pero, eso sí, florecerá el bandidaje de la competitividad mercantil.
Esas tres letanías machaconamente canturreadas desde todas las antenas, constituyen una sola verdad, oculta porque inconfesable: las capas sociales dominadoras y su monstruoso Estado cavilan sobre cómo redoblar su riqueza y su poder, lo que conlleva imperativamente redoblar la explotación inseparable del sistema. Pero cuando el proletariado, que intuye o tiene idea de lo que ocultan los voceros oficiales, se opone a los despidos, a veces con tanta energía como en la metalurgia del Mediterráneo, Felipito en persona y su Boyer rabian: desleales, métodos terroristas, desestabilizadores. Franco y sus torsionarios acusaban a los huelguistas de parecida manera. Es que la torpidez cerebral de los del bordo Felipe y compañía, ha hecho de ellos, deserción de las filas revolucionarias mediante, chuchos guardianes a los piés del amo. No les entra en la materia gris nada que no sea para humillar y hundir a la clase obrera siempre que el amo lo necesite.
Los trabajadores deben responder a Felipito y su cauda : desleales y pérfidos vosotros, sin que nadie pueda dudarlo ya que os decís socialistas siendo sólo vil instrumento y parte fundamental del sistema capitalista; ¿ métodos terroristas ?. Están fuera de cuanto requiere nuestra lucha e incluso de nuestras posibilidades materiales. En cambio vosotros, que por definición de vuestro nombre - P.S.O.E.- debiérais respaldar sin mitigaciones nuestra lucha contra los despidos y más allá, en pro de la supresión radical de la explotación, azuzáis contra nosotros el terror organizado del aparato represivo, todavía el de Franco, por más señas. Si la ETA gobernase algún día en Euzcadi se comportaría de igual modo en palabras y en actos, pues su mente y sus intereses materiales difieren de los vuestros tan sólo en su particular cerrilismo patriótico.
En cuanto a querer desestabilizar vuestro tinglado gubernamental, eso lo despreciamos, porque es propio de los partidos y sindicales, cuya concurrencia mercantil aspira a estabilizarlos a ellos en el lugar que ocupais. Y son esos competidores, no obstante vuestros amigotes, los que retienen a la clase obrera amurallada en la negociación-consenso, impidiéndole tomar el rumbo suyo, el de su naturaleza de clase revolucionaria: no desestabilización alguna, sino derroca- miento de cualquier gobierno capitalsita, vuestro o de quien sea, incluyendo el que pudieren constituir la franja CCOO y sus apuntadores políticos. Es una necesidad imperiosa romper con ellos, no tolerar su intervención en los asuntos de la clase y crear, en cambio, en los lugares de trabajo, núcleos que sin tapujos digan al proletariado: sin reclamaciones directa e inmediatamente anticapitalistas, toda lucha revierte en contra de nuestra clase. Opongámonos pues a cualquier despido luchando por una disminución del tiempo de trabajo proporcional a los efectivos humanos y a la eficacia instrumental, sin que la paga cambie; neguémosnos a la renovación tecnológica limitada según la quieren los explotadores, la cual supone producir para la famosa competitividad entre capitalistas. Contra lo uno y lo otro, la clase obrera debe luchar por imponer las máximas aplicaciones técnicas en todos los dominios, el agrícola inclusive, pero organizando la producción exclusivamente para dar satisfacción al consumo de la sociedad, toda producción y gasto de guerra suprimidos. Sin transformar de arriba abajo la estructura económica y la superestructura política, el porvenir de la clase asalariada será cada vez más negro. No tengamos pues empacho en gritar:
ABAJO EL CAPITALISMO Y SUS APARATOS AUXILIARES POLITICOS Y SINDICALES
PREPAREMOS LA REVOLUCION SOCIALISTA.
Octubre de 1984 G. Munis.