Alarma, tercera serie, n.º 19, noviembre de 1984 (págs. 4-6). PDF del número completo
Traducción de Alarme nº 24
"Lucha contra el paro", "creación de empleo", "relanzamiento por el consumo", "despido por reconversión", "cambio industrial", "lucha contra la crisis económica", inflacción, "balance del comercio exterior", "producto nacional bruto" etc.
Se comprendan o no estos términos, representan toda la riqueza del vocabulario más utilizado en estos finales del siglo XX en el que, en nombre del más tétrico inmediatismo, el problema del cambio radical de las relaciones sociales es postergado hasta su último fin : LA NADA.
En nombre de las más variopintas tácticas y estrategias, en nombre de una comprensión más o menos "científica" de la realidad actual se nos impone como única alternativa todo lo que implique el mantener la existencia del sistema como realidad totalitaria y opresora, admitiendo incluso la posibilidad de cambios ocasionales en el proceso.
Lógico ya que los cambios que puedan intervenir en algunos aspectos no varían ni alteran en lo más mínimo la totalidad opresora en la que la base fundamental es la dictadura del capital sobre el trabajo. El proletariado es mantenido en su papel de mercancía productora de valor, independientemente de la coyuntura económica del capitalismo y de la forma política que lo administre. De ello ha dado amplia y cumplida prueba la experiencia del reformismo original ( los que hoy se reivindican como reformistas no son más que un subproducto alterado y mucho más reaccionario).
Todas estas verdades están tan camufladas bajo porquerías como "son etapas necesarias" o " son males menores" que ni aparecen ya en las teorizaciones de quienes tienen la caradura de presentarse como defensores de la emancipación social cuando objetivamente contribuyen tan sólo a la supervivencia del sistema de explotación. En plata: la afirmación del comunismo, sociedad sin clases ni intercambios mercantiles, si aparece, no es más que un pálido reflejo de un sueño conscientemente olvidado en aras de una práctica falsamente reivindicativa y etapista, circunscrita y delimitada por lo que el mismo capitalismo nos impone como la práctica posible y realizable. El comunismo como única alternativa a la organización social de la humanidad ha sido de hecho descartada para siempre.
La no afirmación categórica del único devenir humano posible se transforma en la negación de este mismo devenir y, por consiguiente, en nuevas formas de discurso y práctica reaccionarios que alimentan la dinámica capitalista, en detrimento de las necesidades inmediatas e históricas de una clase que no puede afirmarse como tal si no es en la perspectiva de autodestruirse, barriendo y aniquilando de una vez por todas las clases sociales.
Lo que se acaba de afirmar no es pura ideología que se situe, por definición, sobre la realidad social y sus posibilidades intrínsecas. Muy al contrario, de la afirmación de la necesidad del comunismo, basada en la realidad presente , se derivan las tareas cotidianas de la lucha de una clase que busca la realización de una sociedad humana. Olvidar esta perspectiva es caer de bruces en lo que el mismo capitalismo acepta como "terreno de lo posible". Es precisamente este realismo el que él pone en práctica día a día utilizando principalmente su mecanismo indispensable: el sindicalismo y todas las falsas luchas y negociaciones que éste sostiene. Lo que el capital acepta desde la cúspide de la dictadura que impone a toda la sociedad es la existencia de coprotagonistas sociales tan responsables como él frente al proletariado que a ambos alimenta. Lo que no acepta o le amedrenta es la lucha del proletariado en tanto que clase antagónica que se opone a sus intereses.
Por eso nuestro objetivo en tanto que revolucionarios, en tanto que comunistas, lo mismo que el interés real del conjunto del proletariado no puede en forma alguna coincidir hoy con el interés y los objetivos de quienes nos oprimen y explotan; mucho menos si tenemos en cuenta que se dan ya a escala planetaria las condiciones materiales que permiten destruir definitivamente la existencia de clases sociales.
En la lucha el comunismo no puede plantearse como una utopía para el futuro sino como una urgente necesidad del presente.
Después de lo dicho sería de ilusos creer que la consciencia comunista pudiera aparecer por un aprendizaje y una asimilación progresiva del conjunto del proletariado de la teoría revolucionaria inyectada a pequeñas o grandes dosis por los que pretenden encarnarla. El proletariado internacional si realiza la única revolución totalmente emancipadora del hombre a lo largo de la historia, no la realizará a partir de una comprensión teórica del mundo que le explota, ya que no en vano es la única clase desposeída de todo a excepción de su fuerza de trabajo. Pero esto en modo alguno significa que esté irremediablemente condenada a una consciencia "tradeunionista" de la que deba aprovecharse la élite de la revolución para imponerle altruísticamente la subversión total del viejo mundo. Así la revolución social jamás será posible.
Se nos podría replicar que , en estos términos, el comunismo es imposible y que, al igual que las pescadillas, nos mordemos la cola en un intento de soslayar los eternos problemas reales a los que nos enfrentamos en esta sociedad, es decir , los reseñados al inicio del artículo. Pero lo que sí es morderse la cola es tener tan sólo en cuenta el inmediatismo ya que así se respeta la lógica del capital y no se resuelve ni siquiera mínimanete ni una sola de sus contradicciones. Y esto porque la contradicción principal entre capital y trabajo es tan primordial que la única forma de resolver las contradicciones que de ella se derivan es hoy, ya, la eliminación pura y simple de la primera de las contradicciones.
Los eslogans tipo "produzcamos nacional", "consumamos productos nacionales" u otros cualquieras que intenten ligar los intereses del proletariado a los del capital no aparecen por que sí, como caídos del cielo en un momento en que el capital, obligado por la lógica del sistema, la competencia, utiliza medios técnicos que serían capaces - utilizados en favor de la humanidad- de liberar al hombre de la necesidad y del empleo de horas interminables en su propia supervivencia.
Por ello decimos : No, gracias, a las reivindicaciones que tienen en cuenta la "realidad capitalista y sus necesidades".
De otra parte la simple afirmación de la abolición del salario y las clases sociales oponiéndola a la lucha reivindicativa diaria participa de la mística religiosa de una profesión de fé y es inoperante en tanto que profesión de fé y no ligada directamente al movimiento de las clases sociales en el seno de la sociedad. Participan de este mito quienes desplazan el centro de gravedad a ese otro aspecto de la cuestión que es la auto-organización del proletariado, la generalización de las luchas y la toma del poder. Al leerlos nos damos cuenta de que poco importa el contenido de la lucha ya que la intensidad de la crisis económica irremediable del capital empuja al proletariado hacia los tortuosos caminos de la consciencia de clase.
Tanto si su práctica es reaccionaria como si sus ideas generales sean revolucionarias, los extremos citados tienen en común la separación en diversos aspectos de lo que constituye en la vida real y su devenir una unidad orgánica.
No puede abandonarse alguno de los aspectos ( que están ligados todos entre sí) ya que es la totalidad lo que se quiere transformar. Además: de una u otra forma es la totalidad lo que acaba imponiéndose.
Tal como hemos afirmado otras veces el proletariado y sus fracciones más conscientes y decididas debe reemprender la lucha de clases. Efectivamente, la escuela mejor del comunismo tanto para el proletariado como para estas fracciones es la lucha cotidiana. La consciencia de clase es una actividad práctica. Pero creemos necesario señalar una vez más que entendemos por lucha no lo que corresponde a las necesidades del capitalismo ( las no-luchas reivindicativas sindicales) sino la que se opone directamente a su funcionamiento y a la base sobre la que descansa: la extracción de plus valía facilitada por la no organización del proletariado en clase.
"Reemprender la lucha de clases", acabamos de escribir pero esto no significa reproducir como una verdad de fé lo que esta lucha haya podido ser en el pasado ya que por una parte la situación objetiva es muy diferente y por otra porque creemos que debemos analizar el aplastamiento de la inmensa huelga subversiva de 1917-1937 realizado por el poder contrarevolucionario ruso.
Aunque se intente ocultar con tergiversaciones dialécticas, a pesar de los balbuceos del movimiento obrero después del aplastamiento de su primera y única huelga internacional, sufrimos todavía los efectos desastrosos de la contrarevolución rusa a pesar de que el descrédito de la "patria del socialismo" crece cada día más, lo que es importante.
El virus que ha inoculado a escala mundial en el seno de única clase capaz de emancipar a la humanidad perpetúa sus raíces, bajo diversos aspectos y sin hacer sistemáticamente referencia ( por razones tácticas evidentes) al país que lo ha engendrado. Debemos destruir este virus y para ello debemos oponernos a él siempre y en cualquier lugar, sin esperar beatíficamente que sea el conjunto de la clase quien lo haga ya que la misma clase en su mayoría no es consciente de su existencia emponzoñadora. Para hacerlo debemos contribuir a dar un contenido subversivo a las inevitables luchas que cada día se producen.
Acabamos de ver que la lucha diaria no puede ser separada del objetivo histórico. El movimiento de la clase y su objetivo forman un todo y es precisamente por el movimiento como podremos alcanzar el objetivo. Todo lo que obstaculice el movimiento hacia su objetivo natural debe ser combatido como enemigo del movimiento y, consecuentemente, de su objetivo.
Debemos oponer a la organización del capitalismo la auto-organización de la clase obrera.
No a la representación sindical. Elijamos nuestros propios delegados revocables en todo momento. No a los acuerdos y capitulaciones. Impongamos nuestros intereses incluso si no pueden ser plenamente satisfechos más que con la destrucción del poder capitalista y de su organización social. Mientras tanto que sepan que nos organizamos para ser cada vez más fuertes y que no contamos más que con nuestra propia fuerza.
Debemos oponer al poder político del capitalismo el poder de nuestra solidaridad de clase. Y ésta no será efectiva si no la ponemos ya en práctica y de forma sistemática.
Debemos atacar la economía capitalista atacando su acumulación: luchar por una disminución masiva de las horas de trabajo y por un salario real cada vez más alto. Rechazar las jerarquizaciones que se nos intenta imponer para dividirnos. Rechazar los despidos y el paro, tan envilecedor como el mismo trabajo que se nos impone. Luchar contra la economía capitalista es siempre rechazar, atacar y no tener en cuenta los intereses de un capital que nos explota.
REIVINDICAR SI , PERO PARA NO TENER QUE HACERLO YA MAS.
LUCHEMOS YA PARA LOGRAR NUESTRO OBJETIVO URGENTEMENTE: LA DICTADURA DEL PROLETARIADO Y LA ABOLICION DEL TRABAJO ASALARIADO
PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNAMONOS.