Alarma, n.º 22, marzo de 1986 (págs. 10-11). PDF del número completo
Aquí estamos de nuevo, este año con centenario incluido. Los sindicatos y toda cohorte de partidos "hermanos" o críticos, desde el PSOE a la extrema izquierda celebrarán, un año más, el éxito que supone para sus intereses materiales, ceñir al proletariado al carro del sistema capitalista, sumergiéndolo en un interminable juego de reivindicaciones de pequeñas reformas en el marco del capital, que nos impiden a los trabajadores y trabajadoras cambiar drásticamente las condiciones de existencia.
Los sindicatos y todos los partidos de "izquierda", celebrarán pues, este año, el centenario del 1º de Mayo. Se sentirán orgullosos y satisfechos como en una fiesta familiar. Eso sí, nos dirán que los tiempos han cambiado y que aquel día que hoy conmemoran, aquel día de lucha y solidaridad proletaria, debe adaptarse a la nueva época..., es decir, cambiar la lucha en cortejos domesticados mendigando mejoras a nuestros propios verdugos, mejoras que mantienen por igual la miseria del proletariado; claro que, siempre hay algunos que gritan más fuerte que otros, pero de sus bocas sólo sale una súplica en nada diferente al resto del desfile. Lo que quieren, en definitiva, es un 1º de Mayo que sea un fiel reflejo de la apatía revolucionaria de los trabajadores-as.
Sin embargo, una pequeña arruga afea el rostro rebosante de felicidad de "nuestros representantes" sindicales: el paro. Según dicen, está en vías de solución: se anuncian los días finales de la recesión económica en Occidente (del resto del mundo nada se sabe). Y a esto añaden programas salvadores: "nacionalización de sectores productivos", "concertación entre empresaios, sindicatos y gobierno", por no hablar de los famosos 800.000 puestos de trabajo."
TODO ESTO ES UNA ASQUEROSA MENTIRA. Lo que ellos llaman crisis, es la readaptación del sistema productivo capitalista a nuevas condiciones de explotación que permitan mayores ganancias. La propia dinámica del sistema obliga -en aras a la competitividad- a ir modificando los elementos que componen el sistema productivo (aunque no lo fundamental: la explotación del proletariado) y los trabajadores como parte integrante de él, sufrimos, sobre todo con la pérdida de puestos de trabajo, la aplicación de nuevas tecnologías.
El capitalismo no hace sino aumentar su necesario ejército de reserva, y en las condiciones actuales, es un ejército de reserva estructural. Quien abandera la posibilidad de una solución en el interior del capitalismo, está MINTIENDO, y lo utiliza como engañifa descarada con el único propósito de aturdir al conjunto del proletariado. El paro es consustancial al capitalismo, y ninguna posibilidad de REFORMA, por más radical que fuera, podría solucionarlo. Mucho menos cabe pensar en que haya remedios de carácter nacional como pretenden todo tipo de "salvadores". Quienes esto sostienen no hacen sino aplicar la política de compartimentación a mayor escala: primero nos dividen en fábricas, luego en ramos y más tarde en naciones. El objetivo de todo ello es doble: romper la unidad real que existe a nivel internacional en el proceso de lucha, e inculcar el nacionalismo a todos los trabajadores-as, haciéndonos partícipes del "destino nacional" ("consume productos nacionales" "todo en interés de la nación" "defendamos la nación"...). Todos los trabajadores-as tenemos que romper esas concepciones, nuestros intereses están por encima de cualquier nacionalidad. El proletariado internacional tiene las mismas necesidades, sin distinción de país, sea rico o pobre, esté en Europa, América o cualquier otra región del mundo. EL PROLETARIADO NO TIENE PATRIA, Y NUESTRO MAYOR ENEMIGO ES EL CAPITALISMO MUNDIAL, SEA ESPAÑOL O EXTRANJERO.
Pero aún en el caso hipotético en el que el capitalismo fuese capaz o se viese forzado a conceder el pleno empleo, esto no sería un triumfo para el proletariado sino, muy por el contrario, una nueva esclavitud que encadenaría a los trabajadores-as aún más al yugo del trabajo asalariado, manteniéndonos al margen de la posibilidad de hacer de la política y de la economía, instrumentos que, en nuestras manos, significarían la formación de una sociedad, el comunismo, en la que todos los individuos, con el proletariado a la cabeza, satisfacieran todas sus necesidades, tanto materiales como culturales, sanitarias...
Será bajo estas condiciones cuando el trabajo deje de ser un elemento de explotación y embrutecimiento, la fuente del beneficio del capital y el instrumento de negociación de los sindicatos (las dos caras de una misma moneda) para convertirse en una necesidad vital.
Bajo cualquier forma que fuere, la sociedad capitalista no puede ya ofrecer a la humanidad mas que un porvenir de miseria, de coerción económica y policíaca, de regresión social y cultural, y la guerra atómica por añadidura. Las condiciones materiales en las que vivimos, hacen posible la constitución efectiva de una sociedad en la que los hombres decidan y orienten la producción de acuerdo con sus necesidades; esto no es un sueño utópico propio de mentes débiles, por el contrario, este cambio radical de la sociedad es, cada vez más, una imperiosa urgencia para todos nosotros, y a todas luces, un proyecto realizable ya, ahora.
Los obstáculos que encontraremos en este camino los conocemos bien, contra ellos deberemos enfrentarnos; en primer lugar con aquellos más "próximos" a nosotros: los sindicatos y los partidos, desde el stalinismo, sea del signo que sea, a los trotsquistas, quienes intentan mantenernos en el "juego" de las reivindicaciones inmediatas que nos sujetan aún más a esta sociedad de explotación.
Para romper con ellos es necesario que nosotros mismos tomemos en nuestras manos la responsabilidad de destruir este sistema.
Trabajadores:
- Acabemos con la división entre parados y trabajadores con empleo, incorporando a las fábricas a todos los parados, no para rentabilizar el sistema capitalista, sino como expresión del poder obrero.
- No permitamos ningún despido más; socialicemos los medios de producción y organicémoslos bajo un plan que pemita satisfacer TODAS nuestra necesidades.
- Exijamos el inmediato aumento del salario real, sin tener en cuenta los intereses del capital.
- Expulsemos de las fábricas a los sindicatos y tomémos en nuestras manos las decisiones mediante asambleas con delegados directos, revocables en todo momento.
- Por una reducción del tiempo de trabajo; las condiciones existentes lo permiten, y nuestras necesidades como hombres lo requieren.
- Nuestras luchas tienen que adoptar un carácter internacional, unámonos a nuestros compañeros trabajadores de todo el mundo.
Únicamente en la lucha podremos dar cuenta de nuestro proyecto de cambio social, un cambio que pasa por la ruptura política con todos aquellos aparatos, políticos o sindicales, que son parte integrante del capitalismo, y que jamás saldrán de su laberinto.
¡LUCHEMOS POR LA DICTADURA SOCIAL DEL PROLETARIADO!\ ¡POR LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO Y DE LAS CLASES SOCIALES!