Alarme, n.º 3, enero-febrero-marzo de 1979 (pág. 14). PDF del número completo · Texto original en francés
Extractos de un artículo de un camarada norteamericano publicado en la revista «Search and Destroy» en noviembre de 1978.1
La reciente huelga de ferrocarriles ha sido tachada por la patronal de ilegal y salvaje, y de amenaza para toda la industria. La huelga minera (carbón) y la serie de huelgas del verano culminaron en la huelga nacional de ferrocarriles en septiembre y han planteado, por primera vez desde hace décadas, el problema del TRABAJO Y LA CLASE OBRERA. El trabajo es fastidioso, y por serlo lo odian los obreros jóvenes. Los obreros que lo aceptan sin rebelarse son cada vez más raros. Esa es la causa de que la productividad haya bajado tanto en Estados Unidos, de que el absentismo sea tan elevado y de que los obreros, insatisfechos, corran de un trabajo a otro. Sería gran error separarse de esa juventud obrera so pretexto de que todavía no es bastante rebelde. Lejos de desentenderse de ella, los rebeldes debemos profundizar su rebelión. Hay quienes pretenden que apoyar a los obreros en huelga es de hecho ayudar a los sindicatos. Pero en realidad, hoy, los obreros ferroviarios y muchos otros no se declaran en huelga porque el sindicato les dé la orden. Se declaran en huelga para hacer frente a los patronos. Durante las huelgas de ferrocarriles, la minera y muchas otras, la dirección sindical ha estado del lado de los patronos, y los obreros lo saben. La mayor parte de los obreros desprecia toda dirección sindical; saben mejor que nadie lo corrompidos que son sus componentes. Saben que los dirigentes sindicales son agentes de las compañías, y por eso la mayoría de los obreros no acuden a las reuniones convocadas por los sindicatos. En cambio, no vacilan en declarar la huelga. Y cuando lo hacen, atacarlos por no haber roto completamente con los sindicatos es una cobardía, especialmente ahora, cuando empieza un nuevo movimiento de los obreros. Esa ruptura, con todo, hay que favorecerla por todos los medios.
La huelga nacional ferroviaria terminó el 30 de septiembre, cuando el jefe sindical F. J. Kroll ordenó a los obreros volver al trabajo. Así se planteó otra vez el problema de los sindicatos. Durante toda la huelga minera, los dirigentes sindicales se esforzaron en romperla; la huelga de ferrocarriles, por su parte, ha sido efectivamente rota por los sindicatos.
El papel de los sindicatos y de sus dirigentes es contener y reprimir la rebelión de la clase obrera. Los sindicatos existen en calidad de policía de las fábricas. Son un brazo del gobierno que actúa al servicio del capital. Cuando se produce una huelga, la bloquean o bien la toman a su cargo para traicionarla. Constituye una escapatoria creer que los trabajadores pueden reformar los sindicatos desembarazándose de las direcciones corrompidas. Los sindicatos como institución están por completo integrados en la estructura estatal y por ello no pueden ser reformados. Tanto ellos como el Estado al que sirven deben ser totalmente rechazados. En cuanto al espejismo de un sindicato nuevo e independiente, organizado contra los viejos sindicatos y contra el Estado, es algo tan caduco como irrealizable.2 ¡Es el sistema entero el que debe ser hecho añicos!
Texto español según «Clase obrera y sindicatos en Estados Unidos», Alarma, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978, firmado «N.O., California, noviembre de 1978», cotejado con el francés de Alarme. Alarme solo da extractos: omite dos pasajes, sobre la huelga de los almacenistas de Carolina del Norte contra el control del trabajo por computadora y sobre el uso capitalista de la automatización. Hemos corregido, según el francés, «concerniente a toda la industria» por «amenaza para toda la industria» y «ayudar la corrupción sindical» por «ayudar a los sindicatos»; hemos suprimido «en 1978» tras «hoy», y hemos restituido la frase «que actúa al servicio del capital. Cuando se produce una huelga, la bloquean», que falta en el texto de Alarma, donde se lee «Son un brazo del gobierno o bien la toman a su cargo para traicionarla». ↩
Alarme: «la verdad es que desde hace mucho es caduco considerar el sindicato como un arma de los obreros». ↩