Alarme, n.º 6, octubre-noviembre-diciembre de 1979 (pág. 6). PDF del número completo · Texto original en francés

En la prensa, en la radio, en la televisión, nos hablan y nos vuelven a hablar de las 35 horas. Sus partidarios (centrales sindicales y partidos llamados de «oposición») y sus adversarios (los que se suele llamar «liberales») discuten para saber si la economía podrá soportar o no la semana de 35 horas, si la semana de 35 horas ayudará a relanzar la economía o si, al contrario, la echará por tierra. Pero unos y otros están de acuerdo en reconocer la «reforma» de la semana de 35 horas —si sale adelante— como una victoria obrera.

Sin embargo, LAS 35 HORAS NO SERÍAN UNA VICTORIA OBRERA, SINO, AL CONTRARIO, UNA DERROTA.

En efecto, se nos oculta todo lo posible a cambio de qué se concederán las 35 horas. Las 35 horas se «concederán» a condición de que la clase obrera esté todavía más dividida que hoy, a condición de que desaparezca incluso toda sombra de solidaridad entre sus miembros, a condición de que cada individuo en el seno de la sociedad esté y se sienta todavía más aislado, de que las relaciones que tiene con los demás seres humanos sean todavía más inexistentes y podridas, a condición, en fin, de que el proletariado pague sus 5 horas menos por semana.

Sí, las 35 horas solo se «concederán» con esas condiciones, y esas condiciones se realizarán por los medios siguientes:

  • generalización del trabajo por turnos (combinada con la famosa «ordenación del tiempo de trabajo»), que aísla al empleado o al obrero en la fábrica o en la oficina, al tiempo que asegura la continuidad del trabajo y, por tanto, un rendimiento todavía mejor para la empresa;
  • algunos de los defensores del capital temen la inflación. He aquí por qué: si las 35 horas se establecen reduciendo los salarios, no habrá inflación... pero los asalariados correrían el riesgo de estar muy descontentos, porque sería un ataque frontal contra ellos. Otra solución: las 35 horas «concedidas» sin reducción de salarios (solución de la que son partidarias la «izquierda», la «extrema izquierda» y las centrales sindicales), en cuyo caso los asalariados pagarán de todos modos sus 5 horas menos, y solo cambiará la manera en que las paguen: los capitalistas manejarán la inflación, es decir, subirán los precios para reducir el poder adquisitivo; y sobre los precios no podemos tener en ningún caso control real alguno.

Por otra parte, como hemos subrayado más arriba, partidarios y adversarios discuten la cuestión de las 35 horas simplemente para saber si la economía irá mejor o peor. Pero a NOSOTROS ¿qué nos importa que la economía vaya bien o mal? De todos modos, vaya bien o mal, somos nosotros los que pagamos el pato. La economía capitalista funciona produciendo plusvalía, es decir, nos hace trabajar y producir por un valor de mercancías superior al salario, y ese sobretrabajo proporciona los beneficios de los capitalistas y, SOBRE TODO, las inversiones que permiten reproducir y reforzar nuestra explotación. Los enormes medios que posee hoy la economía capitalista tienen que volver a nosotros, a quienes los capitalistas sustraen durante toda la vida activa las riquezas que NOSOTROS producimos o contribuimos muy estrechamente a producir. No se trata, pues, de saber si la economía funcionará bien o mal, sino sobre qué bases funcionará: sobre el capital, que nos explota mediante el salariado, o sobre la producción organizada por todos los que participan en ella, con los productos distribuidos bajo su dirección.

Al tomar en nuestras manos la producción, será necesario reorganizarla sobre la base de la satisfacción de las necesidades reales de la sociedad. Se suprimirán los trabajos nocivos para la sociedad o inútiles en una sociedad organizada sobre la base de la propiedad social de los medios de producción. Desaparecerá también todo paro, puesto que paro y salariado son inseparables. A partir de ahí, el trabajo socialmente necesario podrá repartirse reduciendo masivamente el tiempo de trabajo asignado a cada cual y aumentando al mismo tiempo la producción. Estas primeras medidas de la dictadura del proletariado nos lanzarán por el camino al final del cual se encuentra la realización del principio socialista «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades».

¡NO a las 35 horas!

¡NO al trabajo por turnos!

¡ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO POR QUIENES LO REALIZAN!

¡ABAJO los convenios entre Estado, patronos y sindicatos!

¡VIVA la soberanía exclusiva e ilimitada de los trabajadores a través de sus delegados elegidos directamente y revocables en todo momento por quienes los han elegido en asamblea!

¡ABAJO la economía capitalista!

¡VIVA la gestión obrera de la producción y de la distribución de los productos!

¡ABAJO la explotación capitalista!

¡VIVA la abolición del trabajo asalariado!

¡ABAJO las clases sociales!

¡VIVA la humanidad unida, sin fronteras y sin clases!