Alarme, n.º 5, julio-agosto-septiembre de 1979 (págs. 8-9). PDF del número completo · Texto original en francés
¡EL BENEFICIO DE UNOS HACE EL PARO DE OTROS!
El patrón de los patronos, François Ceyrac,1 lo dice y lo repite: «No, no todo va tan mal...» (esta semana, en La Vie française). La prueba: «Los empresarios son más optimistas. Sus márgenes no se deterioran, la financiación de las inversiones no se hace más difícil y la mayoría de ellos tienen menos problemas de tesorería. La tendencia es claramente mejor...»
Y pensar que cerca de millón y medio de parados no se han enterado...
Grasa
Ceyrac, sin embargo, sabe de lo que habla.
En efecto, si la producción se estanca, si el paro persiste y se agrava, si el poder adquisitivo de los asalariados está bloqueado o recortado, la contrapartida es a menudo un saneamiento de la «salud financiera» de las empresas.
Según las primeras indicaciones recogidas por la prensa financiera, los beneficios de 1978 aumentan, a menudo de manera espectacular, respecto a 1977:
— un 16 % más en la CIT (teléfonos); — un 20 % en Perrier; — un 25 % en la Compagnie de navigation mixte; — un 32 % en la CII (informática); — un 20 % en Pompey (aceros especiales); — un 22 % en Locatel (alquiler de televisores); — un 80 % en la CIMT (vagones de metro); — un 21 % en la CSF (electrónica); — un 15 % en los esquís Rossignol; — un 116 % en las pinturas Corona; — un 128 % en los papeles Arjomari; etc.
Los beneficios van así mucho más deprisa que los precios o los salarios. Hay un enriquecimiento neto de las empresas. Es exactamente el objetivo que se había fijado Barre al llegar al poder.2
La balanza
La receta no es difícil cuando está asegurado el apoyo del poder político: basta con producir lo mismo, o más, con menos personal. Es lo que se llama aumentos de productividad. Quizá resulten de ello unos cientos de miles de parados más, pero la MBA (traduzcamos: el margen bruto de autofinanciación) y los dividendos mejoran.
El fenómeno es general, incluso en la siderurgia, donde los déficits se aligeran a golpe de parados. Por lo demás, Hacienda lo confirma: el impuesto sobre los beneficios de las sociedades, mediocre en el ejercicio de 1977 (4.000 millones menos de lo previsto), será claramente más jugoso en 1978.
¿Se sienten consolados?
Extracto de Le Canard enchaîné del 21/02/79
Esa es la realidad del mundo capitalista decadente. Estos señores, nuestros explotadores, al amparo de una supuesta crisis económica mundial que comparan con la crisis del 29 (como comparar un dinosaurio y un ratón), no paran de lloriquear, llamando al pueblo francés a sacrificarse, a la solidaridad nacional y a otros engaños cínicos. En realidad, el crecimiento del capitalismo continúa (aunque más despacio), y ello a costa de la sociedad. No es solo la supuesta crisis económica de sobreproducción la que traería miseria y paro (no hay que olvidar que una crisis así sería catastrófica ante todo para el capital), sino el propio crecimiento del sistema. Hoy, para él, las cosas van relativamente bien económicamente; es a nosotros a quienes nos va mal. La cancioncilla siguiente es bien conocida: «No reclaméis demasiado, que la empresa está en déficit; querer demasiado sería la quiebra y, por tanto, el paro». Es un medio muy práctico para hacer callar a la gente, y los sindicatos no se privan de él. Lo que hay que saber es que, aunque la empresa funcione bien, y el sistema en su conjunto también, las necesidades de la competitividad acarrean igualmente despidos y paro. Los medios técnicos actuales solo pueden ser válidos si se cambian las relaciones de producción, si se acaba con el trabajo asalariado. No tenemos por qué preocuparnos del buen o mal funcionamiento de una empresa; nuestro problema no es luchar contra una pretendida crisis económica, sino contra la explotación y la miseria capitalistas. A fin de cuentas, cuando se leen las revistas de quienes, mal que bien, se proclaman revolucionarios, «expertos» en materialismo histórico y dialéctico, que blanden la cita de Marx que los inmuniza contra toda crítica, nos vemos obligados a constatar una cosa: en todos esos poseedores del saber revolucionario, a fin de cuentas, si hay que destruir el capitalismo es porque está en crisis económica irreversible, porque ya no es posible el crecimiento de las fuerzas productivas, sino que, al contrario, hay una desaceleración que lo llevaría rápidamente al crecimiento cero. Pues bien, nosotros decimos que no. El proletariado, desde su aparición, tenía por tarea la destrucción del capitalismo, porque era, y sigue siendo, la única contradicción capaz de transformar la sociedad. El proletariado no es históricamente revolucionario porque el capitalismo sea incapaz de desarrollar las fuerzas productivas, sino, al contrario, porque desde el principio el crecimiento de las fuerzas productivas se realizaba gracias a su explotación. Si hoy las condiciones para la victoria de la revolución comunista mundial están maduras y archimaduras, es, por una parte, porque el proletariado se ha manifestado ya como clase revolucionaria mundial y porque el propio crecimiento de las fuerzas productivas ha entrado en contradicción con el desarrollo social. El único desarrollo posible hoy pasa por la destrucción de todas las relaciones sociales existentes.