Alarme, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (pág. 3). PDF del número completo · Texto original en francés
La ciencia no deja de progresar; hasta hay audaces que afirman perentoriamente que «¡el progreso no deja de avanzar!». Uno de sus últimísimos éxitos es la desaparición de la viruela en el mundo. Con la lágrima en el ojo nos enteramos de que ha sido desalojada de su último reducto: el «Cuerno de África». La desaparición de un virus natural nos deja, en efecto, poco más o menos indiferentes (poco más o menos solamente, pues tenemos así una prueba más de las capacidades de las fuerzas productivas actuales) cuando consideramos en qué contexto se sitúa este beneficio.
En efecto, todo esto no puede hacernos olvidar la creación cotidiana de virus y bacterias artificiales, concebidos especialmente para matarnos y cuya existencia solo se nos revela cuando ocurre un accidente grave en una fábrica que los produce. Así, en Dugway, en los EE. UU. (Utah), hubo toda una serie de accidentes (entre ellos la muerte de 8.000 ovejas a raíz de una fuga no taponada1) entre 1965 y 1970 (después la base fue trasladada). Hoy estamos tranquilos; en efecto, «ignorábamos» que Rusia poseyera armas semejantes y temíamos un desequilibrio del terror. Ese reequilibrio tan deseado nos lo «enseña» el semanario Now (Londres, 26/10/79): en Rusia se ha producido un accidente similar al citado más arriba, pero allí (en Novosibirsk) habrían muerto centenares de personas y miles estarían gravemente afectadas.
Tenemos aquí, pues, la ilustración de la existencia de nuevos descubrimientos científicos sobre el dominio de las bacterias y los virus (lo cual se incluye en el crecimiento económico del capital) y de la manera en que el conjunto de esos descubrimientos aprovecha a la sociedad (desarrollo social): en la hora actual, lo que le toca al conjunto de la sociedad con esos descubrimientos y, de manera más general, con la supervivencia del sistema capitalista, es nefasto para la humanidad.
Es lo que describimos como decadencia del capitalismo, y en eso consideramos que hay crisis de civilización, crisis que solo puede resolverse con la supresión de esta sociedad, con la superación revolucionaria, violenta, de la contradicción trabajo asalariado/capital mediante el advenimiento de una sociedad comunista.
El incidente más conocido de Dugway es la muerte de varios miles de ovejas en Skull Valley, en 1968, atribuida a una prueba con agentes químicos. ↩