Alarme, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (pág. 19). PDF del número completo · Texto original en francés
Ha habido dos huelgas similares en la construcción, en Salamanca y en Valladolid.
La huelga de Valladolid, iniciada el 9 de octubre del 79, duró 40 días gracias a la solidaridad de toda la ciudad. En la primera asamblea, en la que participaron más de 1.000 trabajadores, se decidió que solo la asamblea tendría poder de decisión sobre el curso que había de darse a la huelga. La asamblea de trabajadores creó una caja de resistencia y piquetes de huelga destinados a fomentar actos de solidaridad en su sector. Más del 95 % del sector participó en la huelga. En Medina del Campo, una asamblea de 300 obreros creó una comisión de enlace con Valladolid y una caja de resistencia para ayudar a los más necesitados. En una asamblea en la que estaban presentes más de 3.500 trabajadores, CC. «OO.» (Comisiones «Obreras», próximas a los «comunistas») y U.G.T. (Unión General de Trabajadores, próxima a los «socialistas») propusieron una votación secreta sobre el fin de la huelga. La votación secreta no tuvo lugar y, salvo 40 trabajadores, además de los dirigentes de los dos sindicatos, todos se pronunciaron por la continuación de la huelga. Dos días más tarde los sindicatos firmaron un convenio con la patronal sin tener en cuenta las decisiones de la asamblea. 2.000 personas se dirigieron entonces a los locales de CC. «OO.» y de la U.G.T.; estaban cerrados. Esto ocurría un viernes. El lunes se reanudaba buena parte de las obras, y la falta de dinero en la caja de resistencia hizo que los huelguistas volvieran al trabajo. No obstante, se decidió mantener en el sector asambleas mensuales con la función de permitir y organizar la información y la coordinación, a fin de evitar que se repitiera lo que acababa de suceder.
En Salamanca hubo una reacción violenta contra esas dos centrales sindicales, cuyos locales fueron saqueados y pintados de amarillo.
Una vez más, los sindicatos han mostrado lo que son: los defensores encarnizados del orden social capitalista. Solo la lucha independiente de clase puede acabar de una vez por todas con el capital y sus engranajes, de los que el sindicato es uno de los más peligrosos contra la clase obrera. Es por la vía de lo ocurrido en Valladolid y en Salamanca por donde debe lanzarse el proletariado para abatir por fin el reino de la explotación. Ningún compromiso con los sindicatos. En nuestros conflictos con el capitalismo debemos tenerlos por lo que son: los aliados de los patronos y del Estado. Es la única manera de llevar a buen término la acción obrera anticapitalista y de encontrar el apoyo del proletariado tanto en el plano nacional como en el internacional. El capitalismo no es en modo alguno algo eterno y difícil de destruir; el combate del proletariado puede demostrarlo si actúa en masa y unitariamente contra todo lo que entorpece su emancipación, y por tanto organizándose ante todo al margen y en contra de los que pretenden defenderlo.
20-12-79