Alarme, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (pág. 3). PDF del número completo · Texto original en francés

Declaración del señor A. Spire, director comercial de las Éditions sociales1, hecha a Le Nouvel Observateur del 31.12.79:

«Es, por lo demás, extraordinario comprobar que la vuelta a la producción se esgrime como un castigo, aunque se la magnifique en los discursos. Este doble lenguaje se generaliza en muchos comunistas. Fuera se defiende la política del partido, pero en privado se la ridiculiza: “entre nosotros” se dicen sus límites.»

En el partido de la contrarrevolución, hasta los privilegiados, gigantesco hatajo de carroña, temen verse en las filas de los productores a los que por otra parte dicen defender. En realidad los defienden, pero en un sentido muy preciso, en realidad de la misma manera, y peor, que la antigua burguesía liberal: defender en apariencia las condiciones de vida de la «clase trabajadora», pero sobre todo que siga siéndolo... Sin eso, ¿de qué vivirían esos «queridos defensores del proletariado»? No quieren, inteligentes, hipócritas y pérfidos como son, probar las alegrías supremas del trabajo asalariado vivido en el presidio de la producción. «Producid, franceses», «defended la economía nacional», «arremangaos», y dejadnos (es decir, dejad a esos queridos magnates del Partido «Comunista») aprovecharnos de vuestra alienación, de vuestra explotación, de vuestra vida consagrada a la supervivencia. Solo que ni hablar de que esos queridos «comunistas» pongan en práctica lo que hacen tragar a millones de proletarios: arremangarse con buen humor y con responsabilidad. Pero ¿hasta cuándo podrán hacer tragar sus porquerías? Esa querida chusma dirigente del P«C» tiene razón para temblar. Porque si alguna vez llegara a estallar la revolución social, que lo sepan, serán los primeros en caer. Ese día el proletariado se habrá negado realmente como clase, negando el trabajo abyecto y rutinario que se le impone durante ocho horas y del que se extrae una plusvalía que hace vivir a todos los esbirros del capitalismo, sea cual sea el color que se den.

MUERTE A LOS DEFENSORES DE LA ESCLAVITUD ASALARIADA.

  1. Las Éditions sociales eran la editorial del Partido Comunista Francés. ↩