Alarme, n.º 9, julio-agosto-septiembre de 1980 (pág. 16). PDF del número completo · Texto original en francés

Se acabaron: ¡ahora, a trabajar! Hay que producir, producir francés preferentemente1, producir mercancías para los capitalistas que nos explotan. Se nos despoja, se nos roba: el producto social de nuestro trabajo no nos pertenece. Con nuestro salario solo podemos disponer de una parte de él, justo el precio de nuestra fuerza de trabajo, justo para poder recuperar fuerzas y poder trabajar al día siguiente; y así ocurre con todos los descansos, vacaciones incluidas: poder reconstituir nuestra fuerza de trabajo después de haberla vendido.

Sí, las vacaciones hay que pagarlas ahora: el sol que hemos tomado, el aire puro de las montañas que hemos respirado, las fuerzas que hemos recuperado, habrá que devolvérselos de un modo u otro a los capitalistas que nos explotan. En efecto, esas fuerzas hacen falta para soportar los ritmos, las normas de productividad; hacen falta para trabajar. El cansancio perjudica a la productividad; la «inversión vacaciones» habrá sido, pues, muy apreciable para los capitalistas: antes de las vacaciones disponían de fuerzas de trabajo que se cansaban, que se quedaban sin aliento; después disponen, sin pagar más caro, de fuerzas de trabajo dinámicas, revigorizadas y, por tanto, más rentables. Dispondrán de ellas hasta las próximas vacaciones, en que de nuevo el cansancio desaparecerá en provecho de la rentabilidad.

En el sistema capitalista, el hombre queda, pues, reducido a cultivar su fuerza de trabajo para poder venderla y tener así el dinero para sobrevivir, para volver a cultivar su fuerza de trabajo, para poder revenderla, y así sucesivamente.

Sí, en esta sociedad miserable vivimos, y es precisamente esta sociedad la que nosotros, los revolucionarios, queremos destruir para construir su antítesis, la sociedad sin clases, que no es producto de nuestra imaginación sino producto natural de la lucha de clases, motor de la historia: el Comunismo, donde la producción se hará únicamente en función del consumo y no principalmente en función de los beneficios de una capa de explotadores: burócratas sindicalistas, gestores... La técnica, las fuerzas productivas, beneficiarán entonces a la sociedad entera, mientras que hoy, en comparación con la fabulosa técnica de esta sociedad, vivimos en la miseria. El capitalismo está en decadencia y no tiene ya razón de ser, en la medida en que el proletariado tiene la capacidad de destruirlo y no lo hace. Luchamos por la verdadera sociedad de consumo contra la sociedad de subconsumo alimenticio e intelectual en que vivimos.

  1. «Produisons français» («produzcamos francés») era una consigna proteccionista del P«C»F en aquellos años. ↩