Alarme, n.º 9, julio-agosto-septiembre de 1980 (pág. 19). PDF del número completo · Texto original en francés
Dos países «revolucionarios», uno islámico, el otro «sin clases». Punto común, aparte de que sean «revolucionarios»: la caza del «disidente» en país extranjero1. Si siguieran su propia orientación, los dirigentes de estos dos países deberían juzgarse a sí mismos y condenarse a sí mismos a muerte, en lugar de buscar a los opositores al régimen en el extranjero. En efecto, tanto los unos como los otros han cometido crímenes de lesa majestad si nos atenemos a sus principios: Gadafi y los suyos porque han coqueteado con el imperialismo USA (dinero entregado a Billy Carter), Jomeini y los suyos porque han escondido en el extranjero sumas importantes de dólares.
Punto común con los demás países del planeta: explotan al proletariado que tienen entre sus sucias manos y se llenan los bolsillos.
¡QUE REVIENTEN CON LOS DEMÁS!
En la primavera y el verano de 1980 fueron asesinados en varias capitales europeas opositores libios en el exilio; en julio de 1980, en Bethesda, cerca de Washington, un antiguo diplomático del sha, Alí Akbar Tabatabaí. ↩