Alarme, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (pág. 14). PDF del número completo · Texto original en francés
Los obreros de la Sonatrach1, en Argelia, se declararon en huelga en mayo de 1981 por reivindicaciones salariales y de condiciones de trabajo. La dirección había cedido antes en la revisión del sistema de turnos y de ascensos. Fue lisa y llanamente «despedida» por la Dirección General. Esta nombra una nueva dirección en Sonatrach-Beni Merad, que se distingue de inmediato por romper los compromisos contraídos por la dirección anterior. Enseguida se decidió la huelga con ocupación. La respuesta de la dirección no se hizo esperar: el 25 de mayo el ejército intervenía tomando al asalto la fábrica en el momento en que los obreros se reunían en el patio para escuchar una supuesta declaración del alcalde de Blida, convocado por la UGTA (sindicato)2. Los obreros, tras un momento de pánico ante la embestida de los soldados, se precipitaron a los talleres, de donde salieron armados con lanzallamas de largo alcance para enfrentarse al ejército... Unas horas más tarde se reanudaba la huelga con ocupación, pese a la muerte de una quincena de obreros. Pero esa victoria de los huelguistas duró poco: la intervención de la aviación, que bombardeó a los huelguistas con ácido, y el chantaje de las autoridades, que amenazaban con castigar severamente a un centenar de obreros detenidos, obligaron a los obreros a poner fin a su huelga.
Una vez más, el ejército muestra su rostro reprimiendo al enemigo interior, la clase obrera.
Una vez más, desencadena su capacidad devastadora allí donde el proletariado está supuestamente en el poder.
Una vez más, la realidad clamorosa del orden capitalista muestra que allí donde domina el capital (es decir, en todo el globo) el proletariado debe respetar la dictadura que aquel ejerce sobre él, se llame fascismo, democracia o totalitarismo.
Una vez más, la prensa burguesa calla un acontecimiento que no le interesa divulgar.
Una vez más, el orden capitalista mata a proletarios.
Una vez más, LA RESPUESTA OBRERA ES NECESARIA.
Que tiemblen los defensores del capital de toda laya ante la idea de que un día ya no habrá «una vez más». La revolución los habrá barrido.