Alarme, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (págs. 16-20). PDF del número completo · Texto original en francés
Cincuenta años de falsificación ideológica y terminológica por Moscú, a lo cual Pekín añade ahora otras falsificaciones suyas, hacen necesario contraponer el valor de las palabras revolucionarias al que en realidad tienen en boca de la ralea stalinista.
Países socialistas
Acepción truhanesca
Aquellos en que el capital, estatizado, explota al proletariado a mansalva, sin que este conserve siquiera la libertad de rechazar el precio que le ofrece aquel por su capacidad de trabajo, ni otra libertad cualquiera, sea de huelga, de palabra, de asociación o de simple desplazamiento.
Acepción revolucionaria
Aquellos países, inexistentes hoy, donde la función productiva se efectúe sin trabajo asalariado y las mercancías dejen de serlo para convertirse en productos adquiribles sin equivalente. La venta de la capacidad de trabajo supone por sí sola la existencia de un capital comprador, mientras que la relación capital-salariado presupone, no puede dejar de presuponer, la explotación del último. La prueba de la supresión del capitalismo es la supresión del trabajo asalariado.
Dictadura del proletariado
Acepción truhanesca
Despotismo policíaco, militarista y burocrático, enderezado contra la revolución proletaria en el interior y en el extranjero. Estado-partido del capital supremamente centralizado en que el poder es ejercido, sin control ni responsabilidad, por un puñado de dirigentes todoterroristas y todopoderosos. Históricamente, su origen es la destrucción de la revolución de 1917 y el exterminio de sus protagonistas. Es una dictadura sobre el proletariado.
Acepción revolucionaria
Gobierno del proletariado basado en su propio armamento, previo desmantelamiento de los cuerpos represivos capitalistas, y en la gestión obrera de la economía y de la distribución del producto social del trabajo. Realiza así la supresión del trabajo asalariado, y como resultado de ella la desaparición de las clases y del Estado. Es, por tanto, la más completa democracia, no ya en derecho, sino de hecho. Con la dictadura del proletariado empezará a regir el primero y más importante de los derechos del hombre: el derecho de vivir y realizarse cada persona sin tener que vender su capacidad de trabajo y creación, ni que comprar o vender los productos de una y otra. Segundo derecho a garantizar, el derecho de insurrección contra toda tentativa de vuelta atrás. Por medio del proletariado la humanidad entra en posesión de sí misma, iniciándose una civilización enteramente nueva.
Internacionalismo
Acepción truhanesca
Sometimiento a los intereses económicos y militares del capitalismo ruso, por parte de aquellos países en los cuales los Estados Unidos le cedieron la preponderancia como su parte de botín de guerra. Cuando amenaza escapar, el botín es recuperado de nuevo por la invasión militar y el terror policíaco: Berlín Este 1953, Hungría 1956, Checoslovaquia 1968.
Por extensión, reclutamiento o leva paramilitar llevada a efecto por los secuaces de Moscú so color antiimperialista, a fin de aventajar los intereses rusos en los preparativos de la tercera guerra imperialista mundial, así como en las guerras subimperialistas locales tipo Vietnam. Ídem respecto de China tratándose de truhanes de obediencia pekinesa. Moscú y Pekín llaman internacionalismo a las mismas acciones y actitudes que denuncian como imperialismo tratándose de Estados Unidos.
Acepción revolucionaria
Solidaridad del proletariado mundial como unidad frente al capitalismo internacional. Solidaridad tanto en las ideas como en los hechos, dirigida contra la nación y el patriotismo en primer término, países coloniales incluidos. No puede existir interés superior al del proletariado mundial, ni siquiera el de un país donde la revolución hubiese triunfado. Los internacionalistas combaten con igual saña a los dos bandos contendientes en las guerras imperialistas locales (Vietnam) tanto como en las guerras de carácter mundial, y señalan como traficantes de carne humana a los respectivos parciales y propagandistas. Proponen y se esfuerzan en organizar la acción de los explotados, en el frente y en la retaguardia, contra sus respectivos gobiernos y mandos militares. Toda defensa nacional —incluso en su grado de resistencia— encubre la explotación y la opresión. El enemigo inmediato está, para cada proletariado, en su propio país; hostilizarlo al máximo es condición para desencadenar la lucha del proletariado en otros países y emprender, unidos, la destrucción del capitalismo en todo el mundo. Por ende, los internacionalistas rechazan como reaccionario el lema «No injerencia en los asuntos interiores de un país». Está destinado a impedir la solidaridad y la acción colectiva del proletariado en los diversos países, mientras que auspicia la injerencia económica constante de las grandes potencias en los asuntos de las pequeñas y acarrea a menudo su intervención militar (guerras locales, invasión del Tíbet, de Santo Domingo, de Hungría, de Checoslovaquia, de Cuba), más el comercio gigantesco de armas. El proletariado de cualquier país tiene, más que el derecho, la obligación de intervenir en las luchas del proletariado de cualquier otro país. La acción internacionalista decisiva hoy, la que reclamamos los revolucionarios, es la del proletariado de Estados Unidos, de Rusia y de China frente a sus respectivos explotadores. Ella desencadenaría la rebelión en los dos bloques militares y pondría por obra el objetivo más vital e inmediato para la humanidad: la supresión de ejércitos, de policías, de producción de guerra, de las fronteras y del trabajo asalariado.
Revisionismo
Acepción truhanesca, de introducción china
La negativa o la resistencia del Estado-partido ruso a favorecer los negocios, la expansión territorial y la estrategia del Estado-partido chino. En cuestiones de preparativos bélicos, la escasa disposición de Rusia a batirse con los Estados Unidos para que China emerja como primera potencia.
Por extensión, política de los partidos que prefieren Moscú en lugar de Pekín como metrópoli imperialista. Históricamente, la acusación de revisionismo acudió a la mente estoposa de Mao Tse-tung al darse cuenta:
de que Rusia se negaba a darle armas atómicas o siquiera a proteger con ellas sus ambiciones militares en Formosa, la India, Birmania, etc.;
de que la «ayuda» técnica y económica comportaba el designio de mantener a China como potencia inferior, y subordinada, a Rusia;
de que, de la enorme plusvalía arrancada a los trabajadores chinos, las condiciones de la ayuda rusa le restaban mayor parte de la que perdería comerciando y tecniqueando con los países del bloque americano.
Acepción revolucionaria
Idea de diversos teóricos de la socialdemocracia tocante a la evolución del capitalismo (Bernstein, Hilferding, Bauer, etc.) y al establecimiento de la sociedad socialista. Así llamado porque reconsideraba o revisaba lo expuesto por Marx al mismo respecto. Según él, y dicho en resumen, el capitalismo tenía ante sí un desarrollo económico y democrático amplísimo, que consentiría al proletariado, sin revolución, dentro del juego de la democracia burguesa, ir ganando posiciones y aventajando su condición económica, hasta realizar el socialismo. Se trata de la evolución opuesta a la revolución, de las reformas progresivas opuestas a las medidas tajantes consecutivas a una revolución o salto en el desarrollo. Revisionismo y reformismo son sinónimos, si bien la última voz es la más adecuada para designar la concepción de los mencionados teóricos. El reformismo vino a ser el concepto superior y casi único de la Segunda Internacional, cuyos partidos, en el intervalo de las dos grandes guerras mundiales, fueron abandonando de hecho la pretensión de alcanzar el socialismo para transformarse en simples partidos demócratas burgueses, «buenos administradores de los negocios capitalistas», según admitió León Blum antes de morir.
Hoy, el reformismo político y el oportunismo anejo a él son inexistentes, al menos en calidad de teoría elaborada. El stalinismo, sea pro-Moscú o pro-Pekín, no es reformista ni oportunista, pues su meta es la instauración del capitalismo de Estado y la dictadura policíaca ya reinante en más de un tercio del planeta. Lo que aparece en la actualidad como reformismo y oportunismo, en la práctica, sin elaboración alguna, es el trotskismo en sus diversos matices y hasta el anarquismo. En efecto, cuando no pretenden reformar los regímenes stalinistas, se sitúan deliberada o involuntariamente bajo su zona de influencia en política internacional y en cuestiones reivindicativas y sindicales.
Dogmatismo
Acepción truhanesca
Término aplicado por Moscú a la política de Pekín tan falazmente como el de revisionismo aplicado por Pekín a Moscú. No significa sino aquello en que China lesiona los intereses nacional-imperialistas rusos. En su estructura económica no menos que en su organización política, Rusia y China son como el original y su copia. Lo que con verdad pueda decirse de uno de los dos países corresponde también al otro, aunque tal vez haga falta cambiar el signo patriotero. Se trata en ambos casos de estafadores políticos, siempre preocupados de encubrir su verdadera naturaleza y la de sus sucias querellas con terminología tomada al movimiento revolucionario. Ni una sola de las posiciones defendidas por China, ninguno de los «pensamientos de Mao Tse-tung» tienen carácter dogmático, a menos de entender por tal la obligatoriedad en que están sus súbditos de jalearlos y reverenciarlos como genialidades.
Acepción revolucionaria
Dogmas son las afirmaciones que la Iglesia presenta como revelaciones de Dios, por lo tanto indiscutibles e inalterables.
En sentido figurado, el movimiento revolucionario emplea la voz dogmatismo para designar el apego a puntos de vista y análisis superados por la evolución de la sociedad y de la lucha de clases.
Por ejemplo, sería dogmatismo atenerse en todo a lo dicho por cualquiera de los principales teóricos revolucionarios o a los lineamientos de la revolución rusa, lo que hoy no hacen, mejor dicho, no creen hacer, sino tendencias trotskizantes, anarquizantes y bordiguistas. El pensamiento revolucionario es radicalmente opuesto a cualquier dogmatismo y por lo tanto la ortodoxia le es ajena.
Transición pacífica al socialismo
Acepción truhanesca
Triquiñuela política inventada por Stalin después de haberse repartido el mundo con Roosevelt y Churchill, a fin de que el capitalismo occidental aceptase a los partidos pseudocomunistas en calidad de auxiliares de confianza. No se trata de la concepción reformista antes citada, sino de un simple aserto cuya única justificación es la existencia de Rusia como gran potencia. Eso revela su carácter de maniobra paramilitar de largo alcance, a producir sus efectos cuando el potencial bélico ruso consiga superar al americano. Empero, la transición misma no sería en ningún caso al socialismo, sino al capitalismo de Estado, según ha ocurrido en Europa oriental. El proletariado pasaría tan solo de la explotación por diversos monopolios a la de un monopolio único gubernamental, con sede central en Moscú. El Partido-Estado chino y su gobierno respaldaron desde el primer momento el señuelo de la transición pacífica y su concomitante, el de la «convivencia pacífica».
Acepción revolucionaria
La que se consiguiere efectuar sin lucha armada, pero poniendo por obra las mismas medidas que una revolución: poder, armas y economía al proletariado, pues la ausencia de lucha no significa que el socialismo haya de alcanzarse evolutivamente a partir de la sociedad capitalista. Marx habló en su tiempo de dicha posibilidad para el proletariado inglés, pero debido a la inexistencia de un ejército, de una policía y de una burocracia fuertes. Ha dejado de ser así incluso en Inglaterra. Y como la primera medida de la revolución es desembarazarse del aparato estatal que preside a la explotación, la única forma de efectuar la revolución sin lucha armada sería una descomposición tan acusada de los cuerpos represivos existentes, que el proletariado no encontrase ninguna resistencia al acometer la toma del poder. Hoy que los partidos stalinistas y los sindicatos forman una segunda línea de defensa del capital (están en la primera allí donde gobiernan aquellos), la posibilidad de acabar pacíficamente con la sociedad de explotación parece punto menos que quimérica.
Planificación
Acepción truhanesca
Dirección totalitaria de las relaciones entre capital y trabajo, entre producción y distribución. No solo conserva el trabajo asalariado, sino que lo rebaja y escarnece en grado mayor que el capitalismo liberal, mediante un procedimiento draconiano de destajos, primas, pluses, bonificaciones, jerarquías, multas y castigos penales por faltas de asistencia, delaciones, vigilancia policíaca y otros procedimientos complementarios jamás vistos antes. El todo con objeto de agrandar la plusvalía o parte de la riqueza creada por el trabajo que se embolsa el capital, a costa de una disminución proporcional de la parte de los obreros, o sea, del salario. De la plusvalía dispone a discreción la alta dirección económico-política, que transforma una parte en nuevas inversiones, según conviene a sus intereses de explotación nacional e internacional, vale decir, a sus exigencias imperialistas actuales o en proyecto, mientras otra parte, no inferior a la consumida por los privilegiados de cualquier país, se la distribuyen según jerarquía los beneficiarios y sirvientes del Estado-partido, el capitalista colectivo. La economía entera gira, pues, en torno a los intereses del capital aún más deliberadamente que tratándose de múltiples iniciativas de capitalistas individuales. El proletariado continúa siendo clase desposeída, sin otro recurso que la venta de su fuerza de trabajo, ni otra capacidad de consumo y cultura que la resultante del producto de esa venta.
A notar que planificadores rusos y chinos vienen a aprender en las escuelas del capitalismo occidental, pues planean unos y otros LA NO SATISFACCIÓN DE LAS EXIGENCIAS HUMANAS.
Acepción revolucionaria
Funcionamiento y gestión completa de la producción y de la distribución por la sociedad como un todo, representada al principio de la revolución por la clase trabajadora, el cese de cuya explotación conlleva a corto plazo la desaparición de las clases, por lo tanto de la propia clase obrera. No puede existir planificación socialista sin quebrantar desde el primer momento la ley del valor, base económica general y nutrición cotidiana del edificio capitalista mundial. Esa ley arranca del trabajo asalariado y repercute luego de mil maneras y en todos los niveles, sin excluir los niveles intelectual, científico, artístico. Así pues, la producción sin trabajo asalariado y la distribución de los productos sin relación con lo que hoy es valor de los mismos constituye el primer requisito de la planificación y el punto de partida de la futura sociedad comunista. En su ausencia puede imponerse a la población un plan de producción capitalista, pero no habrá planificación. Aquel supone hartar las necesidades del capital; esta, las del trabajo, las de cada persona. Aquel produce para vender; esta, para dar, abriéndose así campo de desarrollo económico y cultural ilimitado. En fin, la planificación ha de suprimir también la representación universal del valor capitalista: el dinero. Semejante economía requiere la participación directa y enteramente libre de todos y cada uno de los hombres, sin imposiciones de nadie, de ningún organismo, bajo ningún pretexto. Sociedad e individuo no se contraponen sino allí donde la mayoría de estos se ven explotados y oprimidos. El socialismo parte de la satisfacción y la libertad de cada individuo como criterio del interés general de la sociedad.
Continúa el léxico en el número 15.
Nota. Texto español de G. Munis según Alarma, nueva serie, n.º 14, julio de 1970, págs. 6-9 («Léxico de la truhanería política contemporánea comparado con el léxico revolucionario», fechado en junio de 1970; reeditado en Alarma, tercera serie, n.º 20, mayo de 1985, y recogido entero en el Léxico de la truhanería política contemporánea del archivo), cotejado con la traducción francesa de Alarme, que no lleva firma; seguimos su división en apartados, hemos modernizado la ortografía y corregido erratas evidentes. La versión francesa abrevia en algunos puntos: en «Internacionalismo» dice solo «Lo mismo para China», sin «tratándose de truhanes de obediencia pekinesa»; en «Revisionismo» omite que la acepción truhanesca es «de introducción china»; en «Dogmatismo» dice que atenerse a lo dicho por los revolucionarios del pasado «es lo que hacen» las tendencias trotskizantes, anarquizantes y bordiguistas, sin el matiz «mejor dicho, no creen hacer»; en «Planificación» omite «por faltas de asistencia». La palabra ninguna (en francés, en cursiva, aucune) y las mayúsculas del final de la acepción truhanesca de «Planificación» son de la versión francesa.