Alarme, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (págs. 13-14). PDF del número completo · Texto original en francés

Durante los meses de noviembre y diciembre hemos participado en la lucha de los sin papeles. Después del 10 de mayo,1 el nuevo gobierno capitalista decidió «legalizar» la situación de los inmigrantes sin papeles que trabajaban en negro. La ley dice que todo extranjero llegado a Francia antes del 1 de enero del 81 puede obtener una tarjeta de trabajo si antes de enero del 82 ha obtenido de su patrono un contrato de trabajo o una promesa de contratación. Este nuevo gobierno capitalista descarga sobre las espaldas de la patronal la responsabilidad de las expulsiones que va a efectuar. La izquierda impone aquí su ley a los proletarios, cuando los intereses de nuestra clase son luchar contra toda expulsión, venga de donde venga y sea cual sea.

La huelga se organizó en torno a un comité de coordinación de los sin papeles en lucha y, sobre todo, en torno a militantes, de entre ellos o no, del PCI (bordiguista, que no hay que confundir con el PCI ex OCI)2 y de Combat Communiste. Por debajo de ese comité estaba el comité de apoyo, que a nuestro modo de ver hacía de mano de obra al servicio de la dirección política del comité de coordinación para quienes no estaban directamente representados en este último. Es lo que criticamos desde el principio hasta nuestra ruptura con el comité de apoyo y después con el comité de coordinación, que ya no tenía nada que coordinar, puesto que tendía cada día más a no ser sino un lastimoso cártel de grupos políticos. Los trabajadores clandestinos, sin el menor espíritu de lucha la mayoría de ellos, se dejaban tomar a cargo por quien tuviera influencia para hacerlo. Así fue como la CFDT pudo enredar en la lucha de los sin papeles de la Bastilla.

Sectorial desde el principio, la lucha lo siguió siendo en todos los planos (político, social, geográfico, etc.).

Si participamos en la lucha, a pesar de sus límites, es porque estimábamos, y seguimos estimando, que es necesario imponer nuestros intereses de clase sin tener en cuenta las posibilidades y los planes capitalistas que se nos imponen. Rechazar toda expulsión va en ese sentido. Intervinimos sobre la base de la lucha contra la economía nacional y el democratismo capitalista, rechazando toda expulsión y el paro, y mostrando así que en el campo proletario no puede haber nacionalidad ni interés nacional que defender.

Considerándonos parte del proletariado, seguiremos criticando los límites de ese mismo proletariado en lucha y su inmediatismo estéril si no se plantea como oposición al capital. Y obraremos así mientras no seamos rebasados nosotros mismos por el movimiento histórico de subversión.

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El obrerismo hay que desterrarlo, tanto más cuanto que las tendencias que lo exaltan desprecian al proletariado, bien porque de hecho lo consideran un rebaño incapaz de comprender, bien porque en nombre del espontaneísmo obrero se inclinan ante cualquier estupidez. En ambos casos, esas tendencias se sitúan fuera de la clase misma.

  1. El 10 de mayo de 1981, François Mitterrand ganó la elección presidencial; en junio, el Partido Socialista obtuvo la mayoría absoluta y formó gobierno con el Partido «Comunista». La regularización de los sin papeles se decidió en agosto de 1981. ↩

  2. El PCI bordiguista es el Partido Comunista Internacional, editor de Le Prolétaire; el «PCI ex OCI» es el Partido Comunista Internacionalista, nombre que adoptó a finales de 1981 la Organisation Communiste Internationaliste (OCI), trotskista lambertista. ↩