Alarme, n.º 15, enero-febrero-marzo de 1982 (pág. 15). PDF del número completo · Texto original en francés
Después de British Leyland, hace ya un año, son General Motors, Ford y empresas siderúrgicas alemanas las que despiden obreros, los mandan al paro «técnico», rebajan los salarios y el número de días de vacaciones pagadas. Al contrario que en el caso de Francia o de Bélgica, todo va muy bien y los obreros aceptan esas medidas sin rechistar, sin siquiera arrojar un tornillo de mal humor.
La «espontaneidad» de su respuesta ante un deterioro brutal de su nivel de supervivencia se debe a dos factores. En primer lugar, la confianza en los sindicatos. Aunque estos hayan saboteado muchas luchas, su trabajo cotidiano para que se acepten las medidas capitalistas más draconianas ha dado sus frutos.
Pero, además, los obreros están llenos de ilusiones sobre las posibilidades de la economía nacional y de los patronos de sus empresas. Esperan «salir adelante», ser readmitidos, volver a ver subir sus salarios, etc. Así, los obreros han dejado pasar vergonzosamente esas medidas que los afectan directamente, mientras que, en un mismo contexto por lo menos, los obreros franceses o belgas se han enfrentado a ellas, aunque solo fuera formalmente.