Alarme, n.º 16, abril-mayo-junio de 1982 (págs. 1-4). PDF del número completo · Texto original en francés

En estos últimos tiempos, en la Francia de rostro «socialista», han estallado conflictos, entre otros, en el sector del automóvil. Después de los de Citroën, surgían los de Peugeot y su filial Talbot en Poissy. Como siempre, para que los conflictos se mantuvieran en el terreno de la respetabilidad democrático-burguesa, había que encontrar un chivo expiatorio que desviara la lucha de su contenido potencial de clase. La CSL1 era la fuerza predestinada a ese efecto.

En efecto, en esos sectores industriales que viven todavía a la hora del siglo XIX, los sindicatos reconocidos más generalmente como obreros (CGT, CFDT...) sufren los avatares de una política retrógrada desde el punto de vista capitalista y, por tanto, desde el punto de vista de la «evolución» de este. La CSL, que es el sindicato abiertamente adicto a la dirección de ese sector, fue el blanco designado para canalizar contra ella la combatividad proletaria y para trasladar la simpatía de los obreros a la CFDT y, principalmente, a la CGT.

Pero ¿qué se le reprocha exactamente a la famosa CSL? Se le reprocha defender los intereses del patrono en detrimento de los de los obreros. La CGT y la CFDT pasaban, en consecuencia, por campeonas de la defensa de los explotados en un momento tanto más importante para ellas cuanto que sus efectivos estaban en caída libre. Lo cual no impide que, en este juego de oposición en realidad fratricida, la CSL replique alegremente a la CGT que se mire al espejo antes de criticar a los demás. ¡Y no le falta razón!

Si es verdad que la CSL es una mafia organizada directamente por una patronal de las más retrógradas y reaccionarias, que utiliza matones rompehuelgas procedentes casi siempre del célebre SAC2 y de las empresas de vigilancia, la CGT está a su vez organizada por la mafia rompehuelgas, fiel a una tradición stalinista que saca su fuerza del capitalismo de Estado y cuyo objetivo es adquirir una fuerza cada vez mayor en la suprema perspectiva de formar parte directamente de un futuro Estado capitalista omnipresente y propietario del conjunto de los medios de producción y, por tanto, del capital variable, o masa explotada por el trabajo asalariado en el plano nacional e internacional. Por su parte, los demás sindicatos, CFDT y compañía, en lo que toca a la respetabilidad de la economía explotadora, no tienen nada que envidiar a sus colegas, sencillamente porque el sindicalismo es hoy el cómitre del proletariado y el garante del orden capitalista bajo todas sus formas en los lugares de producción y de trabajo. La competencia que existe entre ellos (CSL, CGT, CFDT, FO, etc.) es de la misma naturaleza que la que opone a las fuerzas políticas de la extrema izquierda a la extrema derecha: ASENTAR SU PROPIA DOMINACIÓN SOBRE LA ECONOMÍA DE EXPLOTACIÓN DEL HOMBRE POR EL HOMBRE MEDIANTE EL REINO DE LA MERCANCÍA.

Si tomamos, en los conflictos mencionados, las dos fuerzas (CGT, CSL) que se han opuesto más «radicalmente», comprobaremos con ejemplos que nada fundamental las separa.

El ejemplo del dominio de la CSL en el seno de la mafia industrial mencionada más arriba no necesita publicidad ni explicación suplementaria alguna: los medios de comunicación del gobierno en el poder se encargaron sobradamente de ello, para, muy democráticamente, verter sus críticas «de izquierda», utilizando, claro está, el paralelismo con ciertos sindicatos americanos. Obteníamos, gracias a su esquema «a favor de la gente sencilla», la célebre cantinela maniquea: los sindicatos buenos y los malos. Los buenos no podían ser sino los que tienen una «tradición de izquierda» a toda prueba.

La CSL, «propatronal», sea. Pero ¿qué decir de ciertos sectores (prensa-reparto, estibadores de El Havre) donde el sindicato CGT tiene el 100 % del poder de contratación? Lo cual significa, claramente, que, aunque te recomienden los grandes mandamases de la jerarquía patronal, es imposible obtener un empleo si no te apoya directamente un bonzo sindical. Bonzo que puede salir garante de tu buena conducta, en la medida en que el carné del P«C»F es una baza mayor y suplementaria para ir a hacerse explotar en esos sectores. ¿Qué decir de un sindicato que puede hacer que la dirección patronal te eche de la empresa cuando, defendiendo intereses de clase, te pones a las dos jerarquías en contra? ¿Qué decir de una organización que, mientras no decida atribuirte un puesto fijo, puede hacerte trabajar tres turnos seguidos en las cadenas de la explotación? Bien puede pronunciarse públicamente contra las horas extraordinarias: es ella la que las organiza allí donde tiene pleno poder, incluso con los trabajadores fijos; y el trabajo gratuito para L'Humanité —el periódico, por supuesto— está más que bien visto para la promoción social. ¿Qué decir, en fin, de una organización que te mantiene sometido, por la fuerza material, al consenso dictado por patronal y sindicato? ¿Qué decir de una fuerza que asegura conjuntamente con la patronal la buena rentabilidad de la empresa mediante el cronometraje que han decidido juntos y que controlan juntos?

Así que, sindicalistas «de izquierda», nada de falsa modestia. En el arte de engañar al proletariado, en el arte, pues, de defender el capitalismo en detrimento de los intereses del proletariado, no tenéis igual. Representáis lo que todo proletario rebelde y revolucionario debe detestar y aniquilar mediante un verdadero combate de clase, abriéndose así de par en par las puertas de la emancipación internacional de la sociedad.

En general, los gestores del capital, sean propietarios o accionistas, estén en el poder o en la oposición, lo han comprendido muy bien. Lo que desean son interlocutores sociales especialistas de la negociación y respetuosos del orden existente. Lo confirman millones de citas de patronos, millones de actitudes y acciones de los capitalistas, los propios sindicatos, los hechos mismos.

Pero el sindicalismo no es solo esa negociación apacible y los largos discursos de los bonzos sindicales sobre la táctica y la estrategia del cómo «dejarse engañar mejor», que se resumen en «hemos ganado; pedir demasiado sería la quiebra de la empresa». El sindicalismo es también el soplonaje en la empresa, la represión abierta o disimulada contra quienquiera que se atreva por fin a abrir la boca contra las verdaderas causas de la explotación del hombre. Tampoco en este punto tiene la CSL nada que envidiar a sus colegas, pues el objetivo de todos es el mismo: MANTENER AL PROLETARIADO EN LA SUMISIÓN ATACANDO A LOS ELEMENTOS PERTURBADORES. El famoso «proletarios de todos los países, uníos» queda sustituido por «ocupémonos de nuestra fábrica»; al que le traiga sin cuidado «su» fábrica, que se vaya a otra parte, y si por desgracia tienes una visión internacionalista de la lucha de clases, puede decirse que se te abre la fosa común: allí, al menos, no se te oirá.

Por último, comprobemos con argumentos llamados falsamente de «anticomunismo primario» (pues no hay más comunistas en los sindicatos que habitantes en la luna) lo que ocurre en los países donde reina el «socialismo real». Allí, el sindicato participa directamente en la gestión del capital. Y, como todo el mundo sabe, para gestionar el capital HAY QUE APLASTAR AL PROLETARIADO.

Ningún sindicato, poco importa la etiqueta que se dé o que se le otorgue, defiende los intereses de aquellos a quienes pretende representar. Todo sindicato es una fuerza directamente ligada al capitalismo. Capitalismo y sindicalismo son condición el uno del otro. Se crean mutuamente. En un sistema sin oxígeno se mantienen con un boca a boca que nos impide respirar a pleno pulmón. Respirar es destruirlos.

Debemos, pues, organizarnos desde ahora por nosotros mismos a fin de quebrar la dominación del capital sobre la sociedad mediante su supresión pura y simple. Para ello debemos organizarnos por nosotros mismos, imponer nuestros intereses sin tener en cuenta los de nuestros enemigos. Debemos crear la relación de fuerzas capaz de barrer para siempre la posibilidad de que un hombre pueda explotar a otro.

EL ANIQUILAMIENTO DEL SINDICALISMO ES UNA DE LAS PIEDRAS ANGULARES DE NUESTRA LUCHA.

NI CSL, NI CGT, NI CFDT, NI SINDICATOS ROJOS... ORGANIZACIÓN INDEPENDIENTE DE CLASE CONTRA EL TRABAJO ASALARIADO

  1. Confédération des Syndicats Libres, sindicato patronal implantado sobre todo en Citroën y Talbot (antigua CFT). ↩

  2. Service d'Action Civique, servicio de orden gaullista, conocido por sus métodos de matones. ↩