Alarme, n.º 17, julio-agosto-septiembre de 1982 (pág. 16). PDF del número completo · Texto original en francés
Tras once semanas de guerra y de componendas, los combatientes palestinos se han marchado del Líbano, obligados a evacuarlo, con la lágrima en el ojo pero el porte altivo. Los israelíes, por su parte, se han replegado a su madriguera, después de asegurarse bien de que ningún malvado palestino de la OLP respiraba en mil kilómetros a la redonda más allá de sus propias fronteras.
Resultado de todo ello: una población civil masacrada, y eso tras siete u ocho altos el fuego y no se sabe ya cuántos bombardeos. ¿Quién se ha preocupado de esa población en toda esta historia?
Los israelíes, cuyo objetivo oficial era hacer retroceder a los palestinos a 40 km de la frontera norte de Israel, no han escatimado los bombardeos masivos, por tierra, mar y aire, sobre Beirut. En cuanto a los palestinos, encantados de poder señalar con el dedo a los israelíes masacradores, no han hecho en realidad otra cosa que tomar a la población civil como rehén, usar y abusar de ella y protegerse tras ella: ¡qué ocasión tan magnífica la de poder servirse de esas matanzas de inocentes como muralla y como propaganda para la noble causa palestina!
Por desgracia, lo que no se puede negar en esta historia es que en uno y otro bando se encuentra un fenómeno típicamente capitalista: ¡un desprecio total por la vida humana, por toda vida humana!
Pero ¿qué querían exactamente uno y otro campo? ¿Se puede hablar de orientación progresista detrás de todo esto?
Para los palestinos se trata de constituir un Estado palestino, y para los israelíes de defender un Estado constituido sobre la sangre de sus sufrimientos (sufrimientos que arrastran como una bola de presidiario desde hace milenios y con los que no vacilan en envolverse para hacérselos padecer a otros).
Nación constituida o nación por constituir, de todas formas somos explotados en ella.
El proletariado israelí (pues sí, existe), por la fuerza y por la ideología tanto religiosa como chovinista del Estado israelí, padece la misma miseria social que toda clase obrera nacional unida tras Su Estado, Su Policía, Su Ejército, Su Justicia, Su Economía.
En cuanto a los palestinos, el objetivo que persiguen es caduco, reaccionario e innecesario: una «Palestina independiente» dependería de otras potencias, y ello porque la economía capitalista actual, que domina todo el planeta, no tolera independencia alguna.
Querer constituir una nación no debilita en ningún caso al capitalismo; significa, al contrario, constituir una policía y un ejército para centralizar mejor la explotación de la clase obrera en manos del Estado. ¿Qué es, pues, la OLP de ese «pueblo palestino» sin «patria» y sin «nación»?
Partido-Estado u organización que recibe toda clase de apoyos políticos, armados y financieros de las demás poblaciones palestinas trabajadoras de Israel y del Líbano, de los otros países árabes y, por supuesto, de la URSS, la OLP no es otra cosa que la capa capitalista del «pueblo palestino». Un ejército de mercenarios explotado por Rusia, encantada de apoyar cualquier movimiento de lucha con tal de que arme la gorda en el campo de enfrente.
La independencia nacional ha agravado en todas partes el sometimiento económico y político de los trabajadores y en ningún caso ha debilitado la continuidad del capitalismo ni la competencia por el dominio entre las diversas grandes potencias: cosa que todo verdadero revolucionario debe combatir.
Tanto en Israel como en las filas del «pueblo palestino», en ambos casos, se encuadra a los trabajadores para que sostengan una causa que no es la suya: de un lado como del otro se los empuja a la carnicería. ¡Qué victoria para los capitalistas cuando el proletariado acepta seguir una lucha que no es la suya, en terreno capitalista, ahogado en una entidad real o ficticia que se consolida a medida que el capital aumenta su dominio sobre él! Repitámoslo: los movimientos nacionales no tienen base en las necesidades ni en el devenir inmediato de la humanidad; no son otra cosa que un enfrentamiento interimperialista combinado con una lucha antiproletaria.
Los proletarios no tienen patria, y el único medio de dejar de ser proletarios es apuntar las armas contra nuestros propios generales, transformar la guerra imperialista en guerra civil, tomar el poder y la economía para acabar con el salariado, las guerras y la explotación.