Alarme, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (págs. 1-3). PDF del número completo · Texto original en francés

Desarrollemos el internacionalismo

Vuelo de muerte1

Un avión de línea coreano con 269 personas a bordo ha sido derribado por un avión militar ruso; motivo: el Boeing coreano violaba el cielorritorio2 nacional ruso. ¿Incidente o accidente, asesinato o legítima defensa? ¡La respuesta no puede acotarse con este tipo de preguntas, que ni un niño haría!

Encontrar un chivo expiatorio es una de las especialidades del orden establecido para justificar su propia existencia y los desmanes que de ella se derivan; así, hemos tenido derecho a un concierto de indignación, de anatemas y de imprecaciones por parte de las buenas almas horrorizadas y demócratas, con los «humanistas» y los líderes políticos a la cabeza. Y sin embargo..., desde un punto de vista capitalista y entrando en la lógica que anima el sistema social actual, ¡la destrucción del avión coreano es normal, por no decir ejemplar! En efecto, vivimos en un planeta que, si desde un punto de vista universal no es más que un grano de arena, es en la hora terrestre actual un enorme pastel cortado en trozos escogidos, y no por ello menos insípidos: fronteras, naciones, Estados, soberanías nacionales rigen la «libre circulación» de los ciudadanos en un orden anacrónico y reaccionario. Lo más increíble del funcionamiento social completamente decadente no es tanto lo que en él se produce de manera «natural», sino más bien la hipocresía cínica de todos los que se aprovechan de él ante unos hechos que, sin embargo, son potenciales, puesto que son inherentes al funcionamiento normal del mundo capitalista: un ejército no se constituye para la gloria ni por la cara bonita de nadie, ni para fanfarronear; no: un ejército es ante todo el garante de cierto orden, ya sea ese orden el statu quo de protección de las fronteras nacionales en tiempos de competencia entre Estados, ya sea la preservación del orden social que el trabajo asalariado impone a la sociedad dividida en clases. La guerra entre Irak e Irán y la intervención de Jaruzelski en Polonia obedecen al mismo principio: ¡fuera del orden capitalista no hay salvación!

Derribado el avión coreano, lo que importa saber no es si hacía espionaje o si se negó a seguir las instrucciones del piloto ruso —cuestiones que pertenecen al registro de la reflexión reaccionaria—, sino más bien cómo se puede llegar a eso en el siglo XX.

El equilibrio del terror es, como su nombre indica, el equilibrio por el canguelo: el poderío militar de los Estados indica la tasa de humanismo de cada nación (cada una dispuesta a defender su bistec de beneficio) y, de paso, la de los ciudadanos afectados: francés medio, americano medio, ruso medio, coreano medio, etc. Pero ese equilibrio del terror tiene su fundamento en el proceso del funcionamiento social, de las relaciones que determinan la actividad de todo individuo con su entorno natural y cultural, relaciones distintas hoy de lo que fueron en el pasado y notables por el hecho de que dominan de este a oeste, de norte a sur, por encima de toda frontera: geográfica, cultural y mental. La dinámica de desarrollo de las sociedades supone una transformación radical de su modo de organización. El paso de un tipo de civilización a otro es inevitable: de progresiva, en el sentido de emancipación del individuo, puede volverse reaccionaria, que es el caso de la sociedad capitalista desde hace cerca de un siglo. Convertida en relación de producción sin fronteras, la clase que ejerce su dictadura de explotación del hombre por el hombre paraliza todo proceso de desarrollo mediante el mantenimiento del trabajo asalariado, de los antagonismos de clase, de los nacionalismos, etc., arrastrando a la humanidad a su perdición. Para el proletariado y para el resto de la humanidad, la solución es acabar con su explotación, raíz de la mayoría de los problemas que conocemos, de los que «el asunto» del Boeing coreano no es más que un lastimoso ejemplo en comparación con los millones de muertos que las guerras, los accidentes de trabajo y las contaminaciones acuestan en las fosas comunes de la Historia de la «progresiva» civilización capitalista.

Sea cual sea la respuesta que den los Estados al asunto del Boeing, legitimando o no la represión rusa, una certeza permanece: no impedirá que la miseria social prolifere, pero contribuye a poner de relieve (para quien quiera ver) el increíble potencial destructivo del capitalismo. La supresión del trabajo asalariado es el objetivo y la condición indispensable para la supervivencia de la humanidad, y por esa tarea debe empezar toda lucha que quiera devolver al Hombre al camino de la libertad. Solo el inevitable enfrentamiento revolucionario que de ello resultará podrá garantizar el éxito de esa tarea, y para ello el proletariado, víctima privilegiada del capital, no tiene elección: ¡fuera del comunismo no hay salvación!

  1. Vol décès («vuelo muerte») suena en francés como vol d'essai, «vuelo de prueba». ↩

  2. Ciel-ritoire: cruce de ciel (cielo) y territoire (territorio). ↩