Alarme, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (págs. 11-12). PDF del número completo · Texto original en francés

Hace poco se ha revelado en las ondas, y se ha puesto por escrito en el papel periodístico, un secreto a voces: Israel vende armas a Irán en su guerra contra Irak. Puede deducirse de ello que:

1.º) Irán compra armas al Estado sionista y (¡peor aún, por Alá!) judío, gendarme de élite del imperialismo estadounidense en Oriente Medio;

2.º) Los israelíes no son tan hábiles como los vendedores franceses, que consiguen casi siempre colocar su quincalla a todos los beligerantes.

Así, estos dos Estados se entienden en materia de armamento y operan directa e indirectamente por cuenta de los EE. UU. Cosa que parece extraña; en efecto, ¿no ha condenado siempre el imán Jomeini a Israel y a los EE. UU. en un mismo anatema racial, religioso, político y económico? ¿No tomó rehenes americanos durante 400 días y más? ¡Bastante nos han dado la lata con ellos! ¿No exigió que se proclamara la guerra santa, la yihad, contra los hebreos? Pues sí, dijo e hizo todo eso, y sin embargo actúa realmente como buen vicario del señor Pahlavi, ex sah de Irán, secuaz de Satanás y de los EE. UU. ¡Cómo! ¿Ya no puede uno creer a su guía supremo? Todo se pierde; en otros tiempos, a semejante mentiroso le habrían cortado las orejas en la plaza pública, a menos que lo fulminara el Eterno. Es verdaderamente una sorpresa escandalosa, tanto más cuanto que los más necios opositores a Jomeini denunciaban su «colusión con el imperialismo» desde hacía por lo menos dos años.

La alianza «contra natura» entre Irán e Israel permite al primero sostener la competencia tecnológica con Irak en la carnicería de proletarios a la que se entregan. El imán puede así prolongar un poco más el terror contra sus enemigos de la misma calaña: integristas «progresistas», demócratas, stalinistas, etc..., tras haber liquidado a los proletarios que creyeron que la marcha del sah significaría su emancipación. Pero es que, vean ustedes, buena gente, en esos países uno puede permitirse hacer reinar el terror y mentir impunemente porque son atrasados (¡la gente y los países, claro está!). Entre nosotros eso no pasaría: ¡estamos en Democracia, rediós! Y si los Estados Unidos de América protegieron durante años, condenándolos a la vez públicamente, a criminales de guerra nazis, es porque ellos sí tenían buenas razones. Por ejemplo, el espionaje, la venta de armas, los consejos en materia de tortura y de propaganda en el coto vedado de América del Sur, etc... Ahí reina otro terror: el de la democracia. Acusar al Estado americano de duplicidad y de favorecer a los criminales de guerra nazis era calumnia subversiva (hoy que ya han servido y envejecido, ya no es tan grave): ¿no se envió a los proletarios americanos a la carnicería antifascista para mayor gloria de Dios y de la patria de la libertad? ¿No hubo Núremberg?

Toda abyección es buena para justificar lo infame. La carnicería mundial devolvió la libertad y la paz a los hombres de buena voluntad: la libertad de venderse para sobrevivir y la paz de los cementerios. Los criminales de guerra fueron castigados; ellos eran los malos, los canallas; los vencedores vencieron porque eran los más buenos y porque habían untado mejor a Dios. La inmensa mayoría de los criminales de guerra pudo así salvarse, en el Este como en el Oeste, y los oficiales y funcionarios hitlerianos pudieron convertirse, a ejemplo de sus salvadores, en criminales de paz, en virtud de sus capacidades científicas y militares.

Pudieron participar en la reconstrucción de las potencias democráticas y stalinistas, de unos Estados que ya han hecho cosas mucho peores que las atrocidades de la segunda guerra mundial y que hoy pueden hacerlas peores todavía, perfeccionar el progreso capitalista, es decir, la barbarie para la humanidad. En cuanto a los proletarios alemanes, entregados por el stalinismo al nazismo, abrasados con fósforo y violadas por sus libertadores tras doce años de dictadura, seis de ellos de guerra, siempre podían servir para tapar con sus cadáveres los agujeros de las bombas con vistas a la reconstrucción. Dignatarios nazis, stalinistas, demócratas, se entendieron perfectamente, pese al «abismo infranqueable que los separa», para reanudar sus actividades capitalistas en tiempos de «paz», asesinas pero «legales», y para no dejar saber nada de su entendimiento, sino, muy al contrario, seguir favoreciendo la leyenda del antifascismo. Siempre puede servir en caso de represión antiobrera, como en Berlín, ya en 1953, cuando los obreros en huelga tuvieron que enfrentarse al Estado stalinista y solo pudieron ser reducidos por los tanques rusos, en nombre de la liquidación de las secuelas fascistas en el seno del «pueblo» alemán.

Sea cual sea su color, el Estado capitalista es terrorista y se permite todas las duplicidades y porquerías posibles, porque es la emanación de la fuerza del Capital. La forma de la dictadura importa menos que el nivel de concentración del capital que le permite afirmarse. Dominación «atrasada», «retrógrada» o participativa, autogestionaria: lo que cuenta es la dominación del Capital. Lo retrógrado, lo atrasado, es la existencia misma del Capital.