Alarme, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (pág. 9). PDF del número completo · Texto original en francés

La España democrática no descuida nada para reforzarse. Ante la erosión creciente de los valores ideológicos más seguros, debida al escepticismo y al fatalismo crecientes, ha reaccionado liberalizando la droga, una de las mejores armas antiproletarias, paraíso artificial para quienes sienten la vida aquí abajo como un infierno, barbarie que ya dio pruebas de su eficacia en China en el siglo XIX, cuando los ingleses inundaron ese dominio de opio. Es verdad que en aquella época fue uno de los detonantes de uno de los más poderosos movimientos de revuelta obrera del siglo, tanto por su amplitud como por su radicalidad.

Hoy la situación ha cambiado, y se ha podido ver en Francia, durante el «fin de semana» del 15 de agosto, una manifestación de 200.000 yonquis histéricos aclamando a su camello, que venía a controlar un poco el tráfico de opio en uno de los más importantes centros de producción del mundo: Lourdes. El señor Wojtyła, entre las locas aclamaciones de la multitud delirante, pidió que el Estado subvencionara la inyección de opio vaticano (que no debe confundirse con sus competidores turcos o tailandeses, que no han podido entenderse con el gobierno francés sobre las tarifas aduaneras) a los niños1.

El Estado muestra algunas reticencias a dejar que se difunda todavía más ese coadyuvante en detrimento del alcaloide republicano, la «economonacionalina», que solo se impuso al anterior hace un siglo aproximadamente. Oficialmente, el gobierno aduce razones médicas; pretende que el efecto combinado de los dos productos podría disminuir la tasa de explotón y de plusvalión, así como el índice de sumisión, y aumentar el número de imbecilicosis con incapacidad laboral. Pero nadie se deja engañar, porque en todos los casos de uso combinado se ha comprobado siempre el efecto inverso (por ejemplo, la imbecilicosis ya no incapacita). Un buen ejemplo de ello es el contubernio patriótico entre el stalinismo y el clericalismo en Rusia entre 1941 y 1945.

Se trata en este caso de una medida proteccionista en beneficio del monopolio estatal-republicano y a costa de la multinacional de origen vaticano, que sigue siendo muy competitiva pese al auge de productos como la alalina.

En esta guerra a ultranza, las democracias y dictaduras diversas se disputan un mercado selecto: nuestro embrutecimiento. Drogas legales, paralegales, ilegales, químicas o ideológicas, forman parte del manto de Arlequín con que se envolvió la bestia inmunda, el Capital; son el velo de la pretensión humanitaria (el alivio del dolor y de la miseria) de un mundo inhumano y abyecto.

No tenemos paraísos que prometer, sino artificios que denunciar y un mundo podrido que barrer para ser por fin Hombres.

  1. Alusión a la defensa de la enseñanza católica y de su financiación pública durante la peregrinación de Juan Pablo II a Lourdes (14-15 de agosto de 1983), en plena disputa francesa sobre la «escuela libre». ↩