Alarme, n.º 24, abril-mayo-junio de 1984 (pág. 6). PDF del número completo · Texto original en francés
Mayo del 84 es el aniversario de la administración del capital por su fracción política llamada de izquierda en Francia. Para el proletariado no es más que un año más en que ha sido explotado en «su patria». No hay motivo para entonar un happy birthday to you.
Los especialistas del mundo político han podido hacer un balance riguroso más sobre el estado de Francia desde el advenimiento (hace ya 3 años) de la coalición «socialcomunista» al reino del Estado. Por lo general, de inepcia en inepcia, de estupidez en estupidez, los análisis, a cuál más superficial, vienen a sumarse al montón de basura que ya es la sociedad capitalista misma. Si contrataran gente para quemar ese montón de inmundicias, crearían empleo. Pero, en fin, vayamos al grano.
Podríamos, como suele hacer todo comentarista acreditado que se precie y que engorda, intentar hacer un balance minucioso de los tres años de gobierno de la izquierda, con cifras de apoyo y estadísticas en la manga. Pero eso es precisamente lo que nos negamos a hacer, por la simple y única razón de que no tenemos por qué perder un tiempo precioso en saber quién administra mejor el capital francés y, por tanto, nuestra explotación. Las querellas politiqueras sobre si Mitterrand mantiene o abandona su programa inicial prueban por sí mismas que no nos conciernen. Si hay abandono, ¿se sitúa el viraje de su política en junio del 82, con la devaluación; en septiembre del 82, con el plan de rigor (o de austeridad) que invierte las prioridades gubernamentales; en marzo del 83, cuando el presidente se pronuncia por Delors al decidir permanecer en la serpiente monetaria europea; en septiembre del 83, cuando Mitterrand decide aligerar las cargas fiscales de las empresas; en la primavera del 84, con las reestructuraciones, el discurso sobre la tercera vía, «la sociedad de economía mixta», en la que las nacionalizaciones de 1981-82 ya no pueden considerarse en adelante una etapa hacia la nacionalización de la economía francesa tan deseada por el P«C»F y la extrema izquierda? ¡Interesantísimo!, ¿no?
Lo es sin duda para los rivales que se disputan la única, la verdadera, la justa administración de la plusvalía extraída de nuestra fuerza de trabajo. Pero no para quienes sufren el peso desastroso de la dominación del capital. Haya habido o no cambio de programa por parte del gobierno, lo cierto es que no hay cambio alguno en nuestra condición de esclavos asalariados, piedra angular de toda administración capitalista. En efecto, ya favorezca el gobierno la industria privada, ya acelere el proceso de nacionalización de la industria, ya opte por la economía mixta, la clase que produce la riqueza social (o que contribuye a su producción) es desposeída en todo caso de la riqueza que ha producido. En este sentido, ninguna de esas distintas gestiones de la producción social se acerca lo más mínimo a una producción y una distribución socialistas. Pretenderlo no es más que pura fraseología inicua, que favorece la explotación de nuestra fuerza de trabajo. Lo que ha hecho el gobierno de izquierda, lo que hace o lo que hará, según la coyuntura económica y política mundial, no puede considerarse una etapa de transición hacia el socialismo, sino un momento en que el capital se concentra y se centraliza más o menos deprisa en manos del Estado. He ahí, de hecho, uno de los temas por los que se pelean todos esos perros rabiosos del capital. No es nuestro problema.
El único aniversario que celebraremos será el de la aniquilación, por el propio proletariado, de la sociedad de clases, cuando la dominación de los Mitterrand, Krasucki, González, Reagan y demás Kim Il Sung quede relegada al museo de los horrores.