Alarme, n.º 25, julio-agosto-septiembre de 1984 (págs. 15-16). PDF del número completo · Texto original en francés

La huelga de los mineros ingleses prosigue en medio de la indiferencia internacional. Sin embargo, el gobierno de su graciosísima majestad no vacila en golpear fuerte. Tras 7 meses de conflicto, hay 2 muertos, 900 heridos, 6.000 detenciones, el bloqueo de los subsidios familiares e incluso de los fondos sindicales, lo que pone en algún aprieto a la N.U.M. (el sindicato de los mineros), aunque también le da un poco de lustre a su blasón ante los mineros.

El habitual cordón sanitario periodístico ha bastado para evitar un contagio internacional a partir de este foco particularmente resistente. Los proletarios belgas, franceses, alemanes y holandeses, como buenos vecinos, echan un vistazo a la refriega... sin meterse en ella.

Eso no le basta sin duda a la C.G.T., que, so capa de solidaridad internacional, ensucia la lucha de los proletarios ingleses. En efecto, llama a la solidaridad financiera, hace colectas para los mineros, cultivando el miserabilismo, confundiendo esta lucha con una jornada benéfica, rebajando un combate obrero al rango de obra de caridad y presentando al minero con una escudilla en la mano ¡justo cuando blande una barra de hierro en el puño!

Porque nosotros somos solidarios con estos huelguistas que combaten vigorosamente a su patrón, a su economía nacional, aunque no hayan logrado librarse de su enemigo interior: el sindicato.

Pero la solidaridad no puede ser una simple ayuda financiera manipulada por un sindicato, es decir, por un organismo que no puede aceptar que los proletarios dejen un día de ser proletarios. La solidaridad pasa por seguir el ejemplo de los obreros ingleses, haciéndolo todavía mejor que ellos.

Hay que mostrarles que no se trata de aprovechar la debilidad de la industria minera inglesa, debida a su acción, para que las minas francesas funcionen mejor y Charbonnages1 engorde más. Al contrario, hay que aprovecharla para mostrar la fuerza que puede tener la clase obrera por encima de las fronteras, enfrentándose también a la economía nacional y a sus defensores: patronos, Estado, sindicatos, luchando por más paga y menos trabajo y menos rendimiento.

Nada debe estimular más la lucha en un país que los éxitos obtenidos por los proletarios vecinos. La solidaridad financiera no debemos buscarla en nuestros bolsillos, sino arrancársela a «nuestro» Estado, y atacarlo para ello. La competencia entre proletarios conscientes de lo que son, los productores de toda riqueza, debe ser la competencia por hacer caer su economía nacional más deprisa que el vecino, y no por currar más como un esquirol cuando el otro está en huelga.

En suma, la solidaridad no está en la limosna de unas monedas, sino en las mentes claras y los brazos vigorosos para derribar aquí al mismo monstruo que ellos combaten allí: el Capital.

  1. Charbonnages de France, la empresa pública de las minas de carbón francesas. (N. del T.) ↩