Alarme, n.º 25, julio-agosto-septiembre de 1984 (págs. 10-13). PDF del número completo · Texto original en francés

Como no estamos presentes directamente en todos los conflictos mundiales, cuando no tenemos información directa sacamos nuestras informaciones de la prensa capitalista, sea cual sea su tendencia. Actualmente no hay otra solución. Aun leyendo entre líneas, la visión de un acontecimiento queda con demasiada frecuencia circunscrita a lo que los plumíferos capitalistas tienen a bien decir de él. En muchos casos, lo esencial, desde un punto de vista de clase, se omite o se trunca en las páginas de la prensa diaria o semanal. Como el poder de informar se basa en el poder económico, no hay por qué extrañarse, tanto más cuanto que es esa economía lo que queremos derribar en todo el mundo.

En nuestro número 23 (febrero del 84) habíamos escrito un artículo basado en informaciones directas sobre la situación en Irak (deserciones, confraternizaciones en el frente de la guerra con Irán, etc.). Acabamos de recibir la revista del GCI *, en la que un artículo más completo describe aspectos importantes de la situación actual en Irak y en el frente. Publicamos a continuación algunos extractos descriptivos de ese artículo y, al final, los comentarios que nos suscitan.

Extractos del artículo:

«...El desencadenamiento, en septiembre del 80, de la guerra contra Irán obligó a la burguesía iraquí a cimentar lo más sólidamente posible la santa concordia nacional. Se trata de llevar a la población a solidarizarse todavía más estrechamente con los explotadores. El terror en el frente se completa así con medidas de represión sin precedentes en el interior del país para obligar a los proletarios a sostener con su trabajo la guerra en curso. Para cubrir la falta de mano de obra debida al alistamiento del 60 % de los proletarios en el ejército, el Estado en Irak ha recurrido a la movilización civil con la ayuda de diferentes “organizaciones populares” creadas y sostenidas por el partido Baaz en el poder: “Uniones de estudiantes”, “Ligas de mujeres”, “Sindicatos de oficio”, “asociaciones de defensa”..., que reclutan a estudiantes, mujeres, escolares, jubilados..., obligados a sustituir a los obreros que han partido al frente. Más del 50 % del salario se retiene para pagar los gastos de guerra, y el tiempo de trabajo se ha aumentado brutalmente en nombre —por supuesto— de “la lucha por la nación árabe” y de “la defensa del interés nacional”. Pero frente a esta desorganización de los obreros, frente a esta tentativa de liquidación física del proletariado como clase, surgen las acciones derrotistas como respuesta de clase. En el interior del país, estas se materializan en el rechazo puro y simple de las decisiones gubernamentales, en el rechazo de la paz social, en el rechazo de la “unión sagrada”, en el rechazo de la guerra a través de la lucha contra el trabajo, contra la explotación desaforada a la que la burguesía quiere someter al proletariado.

En Bagdad, Basora, Mosul, Kuh, Suleimaniya, Amara..., los proletarios han rechazado las decisiones del Estado y las campañas por el “trabajo popular” y se han enfrentado a las fuerzas del orden. En Mosul, los enfrentamientos —desencadenados más en particular por los estudiantes— fueron especialmente violentos y se saldaron con heridos en ambos bandos: el movimiento cobró amplitud y se extendió a las demás ciudades de esa región, entre otras a Doukak. Ya en los meses anteriores, los obreros de obras públicas habían desencadenado huelgas en Rania y Suleimaniya contra las decisiones del gobierno de aumentar el horario “normal” en 4 horas suplementarias, ¡obligándolos a trabajar 12 horas diarias!...»

«...Los proletarios iraquíes e iraníes hacen la experiencia, más actual que nunca, de las necesidades belicistas del Capital: no es posible traducir en cifras (¡dejamos esa tarea morbosa a los fríos estadísticos de las diversas secciones periodísticas!) la monstruosidad de la empresa de destrucción humana organizada por las fracciones burguesas rivales. Frente a los horrores de la guerra imperialista, los soldados iraquíes e iraníes intentan oponer la acción derrotista y la confraternización en el frente.

En el norte del Kurdistán, mientras los nacionalistas kurdos echan una mano al Estado capitalista en Irak encarcelando o masacrando a los desertores, un grupo de soldados iraquíes situados en primera línea confraternizó con los soldados iraníes. Del mismo modo, durante la “batalla de Fouka”, la mayoría de los soldados iraquíes se negaron a obedecer las órdenes. Paralelamente, proyectaban organizar la confraternización con los soldados del campo “adversario”. Habiendo perdido totalmente el control de los soldados y asustado ante la idea de que pudieran establecer lazos de solidaridad con los soldados iraníes, el mando militar ordenó lisa y llanamente el bombardeo de sus propias posiciones: ¡las posiciones iraquíes! ¡Fuego de artillería, aviación, misiles tierra-tierra: nada estaba de más para domar a los insurrectos! La “batalla” causó 8.500 víctimas y no duró dos horas. Las informaciones proceden de soldados que sobrevivieron a la matanza.

Mientras desertores e insurrectos de las ciudades se reúnen en las montañas del Kurdistán y en las regiones de las Marismas para organizar acciones derrotistas, las fuerzas de represión multiplican las medidas de intimidación: inspección de viviendas, registro de sospechosos, control de documentos de identidad, toque de queda... En las ciudades iraquíes se ve regularmente a desertores ahorcados por “alta traición” o por actos de “cobardía”: se trata en su mayoría de soldados que se negaron a obedecer órdenes u organizaron acciones derrotistas. Así, en Kut, en mayo del 83, 500 proletarios fueron acusados de “crimen contra la nación”. El aumento de los proletarios detenidos ha obligado al gobierno iraquí a crear nuevas prisiones en todas las regiones. ¡Son verdaderos centros de tortura donde la alternativa es la pena de muerte o la vuelta al frente! ¡En Bagdad y en algunas otras ciudades, policías sudaneses, paquistaníes y egipcios han venido —a la vez que se ponía a trabajar a una mano de obra inmigrada de esas regiones— a echar una mano a las fuerzas de represión locales! ¡El Capital mundial garantiza el mantenimiento del orden!...

En Amara, unos derrotistas volaron un arsenal cercano a la ciudad. La explosión fue reivindicada por un grupo de soldados como acción de apoyo a la lucha de los militantes derrotistas opuestos a la guerra en las regiones de las Marismas. Un atentado similar tuvo lugar en Kut. En la primavera del 83, esas regiones de las Marismas fueron sacudidas por una serie de acciones derrotistas. Miles de soldados que habían abandonado el ejército o huido del “trabajo popular” organizaron sabotajes. Las fuerzas armadas iraquíes lanzaron contra ellos una vasta ofensiva durante los meses de abril y mayo, y más en particular en la región de Dabed, entre el 29 de abril y el 5 de mayo. Con ayuda de la artillería pesada, de misiles tierra-tierra y de la aviación, el ejército iraquí bombardeó toda la región durante cerca de dos semanas antes de lanzar a la infantería para el “rastrillado”. Los pueblos que habían tenido una actitud demasiado complaciente con los militantes derrotistas fueron sistemáticamente incendiados. En Douro, un pueblo situado al sur de Hilla, los habitantes resistieron con las armas en la mano a las fuerzas del orden para impedir los registros de casas y las detenciones de desertores. En Kasem, en la misma región, un destacamento armado de derrotistas atacó al ejército iraquí que custodiaba la vía férrea que une Bagdad con Basora. El 3 y el 4 de mayo del 83, en la región de Kefel, el ejército iraquí, enviado para “limpiar la región de toda fuerza subversiva”, se enfrentó durante 2 días a los elementos derrotistas apoyados por los habitantes de la región. Pese a la movilización de todo su poderío y tras una dura batalla, el ejército seguía sin lograr controlar la región. Hicieron falta grandes refuerzos de armas y de tropas para bombardear los pueblos y masacrar a los derrotistas y a los aldeanos que los apoyaban o que simplemente habían tenido la desgracia de presenciar las acciones. ¡Los cadáveres de los militantes derrotistas fueron cargados luego en vehículos militares y paseados por las ciudades de la región “para mostrar a los ciudadanos que la nación no cede su poder a sus enemigos y que no los deja impunes” (comunicado del comandante general de las fuerzas armadas iraquíes durante el mes de abril del 83)!

Por razones de espacio no hemos podido reproducir otros pasajes muy interesantes. Remitimos a nuestros lectores al artículo íntegro publicado en Le Communiste n.º 20. Aunque tenemos divergencias importantes con este grupo revolucionario, coincidimos con él en la necesidad del internacionalismo proletario y del derrotismo revolucionario. Semejantes informaciones, pese a los indudables límites del movimiento proletario en Irak y en Irán, deben circular lo más posible. Es lo que hacemos.

Pese a los aspectos positivos de la lucha de clases en Oriente Medio, según las informaciones que hemos publicado, tampoco se trata de exagerar desmesuradamente lo que ocurre en este sector del mundo capitalista. Porque, aunque el bloqueo informativo existe, no podría mantenerse por completo en caso de una generalización consciente del derrotismo revolucionario, de la transformación de la guerra capitalista en guerra civil revolucionaria. Existen y subsisten numerosas mistificaciones y trabas, muy en particular en esos países (islamismo, nacionalismo, democratismo, sindicalismo...). Sin esta ruptura radical y franca, el proletariado, pese a su combatividad, será derrotado en todos los terrenos.

La responsabilidad de semejante derrota no recaería solo sobre el proletariado de esos sectores, sino, de hecho, sobre el proletariado del mundo entero. La guerra entre Irán e Irak no debe considerarse un conflicto propio de Oriente Medio («¡que se las apañen!»), sino una guerra del mundo bárbaro en que vivimos y que debemos combatir luchando en primer lugar contra el capital nacional que nos oprime. Los internacionalistas del mundo entero se unen y se unirán por encima de las fronteras. A ello contribuimos y contribuiremos sin tregua.

Proletarios de todos los países, unámonos. ¡Suprimamos los ejércitos, las policías, la producción de guerra, las fronteras, el trabajo asalariado! ¡Armas, poder, economía al proletariado!

* (Los extractos proceden de Le Communiste, órgano del Grupo Comunista Internacionalista, BP 54 Bxl 31, Bruselas, Bélgica).