Alarme, n.º 28, abril-mayo-junio de 1985 (págs. 4-6). PDF del número completo · Texto original en francés

La reconversión naval, con su plan de liquidación de 20.000 puestos de trabajo (y 50.000 más en las subcontratas y las industrias dependientes), ha provocado la reacción de los trabajadores de los astilleros, en particular en el País Vasco y en Asturias, donde ha habido violentos enfrentamientos entre la policía y los obreros.

En esta ocasión, las organizaciones de izquierda y de extrema izquierda y los sindicatos se han distinguido una vez más por sus actividades nacionalistas y liquidadoras de toda tentativa de lucha obrera.

El PSOE, por supuesto, ha llorado por la suerte de los trabajadores declarando que se trataba de un «mal necesario»; la izquierda y la extrema izquierda replicaban que había que «negociar e invertir», y la segunda reclamaba a la primera una «unidad obrera», es decir, para ellos, sindical.

La táctica sindical ha sido muy sencilla: tratamiento región por región e incluso astillero por astillero; el colmo del radicalismo sindicalista consistía en cortar vías de ferrocarril, carreteras, bloquear la entrada de un banco, encerrarse en los talleres y no salir de ellos más que para manifestarse o para ir a pedir la solidaridad al ayuntamiento o a los comerciantes.

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Presentamos aquí la conclusión de una octavilla (difundida a principios de año) de un grupo de camaradas españoles, «Verdad Obrera»1, cuya valoración del movimiento nos parece cercana a la nuestra. Sin embargo, hay que precisar que discrepamos de ellos sobre la cuestión de la crisis económica de superproducción, cuya existencia y cuyo carácter catastrófico y definitivo para el capital afirman.

Tenemos este texto completo, en español, a disposición de todo lector interesado.2

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Los objetivos de los trabajadores, como clase, no les son claros. Quieren luchar contra los despidos aferrándose a la lógica —y a los fundamentos— del capital, que exige esos despidos. DE NADA SIRVE A LOS OBREROS PENSAR, CON LA MENTALIDAD DEL BURGUÉS, EN «MI» EMPRESA, EN LA RENTABILIDAD, EN EL BENEFICIO. Salvar la rentabilidad capitalista supone nuestro sacrificio.

Por eso los trabajadores se debaten entre la sumisión a la burguesía y a su gobierno del PSOE y la protesta violenta. Por una parte, «exigen» (qué palabra tan «fuerte»)... ¡una negociación!, como si por ahí pudiera obtenerse otra cosa que un engaño de los negociadores sindicales, que negocian como de costumbre la aceptación de los despidos.

Por otra parte, esos mismos trabajadores han incendiado autobuses o trenes, no tanto para defenderse de la policía como en demostración de su desesperación por no ser escuchados por su «amo», el capital gallego, español o vasco. Ese despliegue de violencia muestra combatividad, desde luego, pero no la que nace de la fuerza, de la unidad, sino más bien la de la impotencia y la debilidad, la división y la desorientación.

Hemos visto lo mismo en Euskalduna. El comité de empresa, en su comunicado publicado el 24 de diciembre, se quejaba del trato discriminatorio (más despidos que en los demás astilleros), del desdén por su potencial técnico, de que su productividad era más alta que la de otros astilleros, ¡de que se enviaran buques a Sevilla y a Sestao!3 Como se ve, no solo habría que despedir en Sevilla (Cádiz o Astano) para «salvar la industria de Euskadi», sino que además habría que golpear a Sestao para salvar Euskalduna. ¡Hermoso ejemplo de solidaridad y de unidad obreras! Y todos —incluido Egin— han utilizado esos argumentos (rentabilidad, productividad, peticiones, etc.) para dividir a los obreros por regiones y hasta por empresas.

Si la lucha toma semejante objetivo, se vuelve difícil, y poco sensato, extenderla, obtener el apoyo de los demás trabajadores, aunque sean de la misma rama de la industria. Así, los de Euskalduna aceptan encerrarse en la empresa y prácticamente no volver a salir de ella, lo que acaba por desmoralizarlos, en lugar de servir para acumular fuerzas para luchar y obtener el apoyo de la clase.

Precisamente quienes inyectaron el veneno divisor y nacionalista han querido ocultar toda esta profunda debilidad en las posiciones de fondo con el uso de tirachinas, etc.

Esa violencia ha sido el reflejo no solo de la autodefensa obrera contra la represión, sino sobre todo de la posición desesperadamente a la defensiva para salvar «su» empresa. Ese aislamiento real fue lo que alentó la represión brutal del gobierno y de su policía. A partir de ahí, las limitaciones de la lucha de Euskalduna se hicieron patentes, sin la cortina de humo del sindicalismo guerrillero. Mucho ruido y pocas nueces. Enredados en una confusión profunda por los sindicatos y la izquierda moderada o radical, TODOS nacionalistas y divisores del movimiento obrero, los trabajadores han tenido que tratar con el Fondo (para la reconversión y el empleo. N. de la R.).

Los balances de LAB y EMK demuestran que seguirán empujando a los trabajadores por los mismos derroteros, con toda su apariencia radical y de sindicalismo de base. ELA y CCOO servirán todavía más claramente al capital, permitiendo los despidos obreros so capa de «oposición» al PSOE y a la UGT.

La experiencia que debemos recoger de Euskalduna no consiste en sus consignas erróneas ni en su violencia desorientada, sino en su intento (demasiado tardío, vacilante y poco convencido) de unir su lucha a las de Fabrelec, Artiach y TCSA. Ahí está nuestra verdadera fuerza. Ahí están las bases para la ofensiva que podrá doblegar al capital, a su Estado, al PSOE.

Debemos EXTENDER y UNIFICAR nuestras luchas a partir de los intereses generales de la clase (que no conocen ni fronteras ni pasaportes): NINGÚN DESPIDO, MÁS SALARIO Y SUBSIDIO INDEFINIDO —O TRABAJO— PARA TODOS LOS PARADOS. Estas tres consignas deben agrupar a todos los obreros —en activo o parados— contra la ofensiva capitalista. Y esto debe entenderse como un proceso de LUCHAS, no como una huelga general de uno o dos días y limitada a tal sector o tal región.

¡FUERA LOS SINDICATOS! ¡ASAMBLEAS Y COMITÉS REVOCABLES! ¡COORDINACIÓN DE LAS LUCHAS! ¡PIQUETES DE PROPAGANDA PARA EXTENDER LA LUCHA! ¡NO LA DEJEMOS EN MANOS DE LOS SINDICATOS!

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El conjunto de las consignas nos parece correcto y describe un marco de intervención y de organización para la clase obrera.

Sin embargo, formulamos algunas reservas sobre la reivindicación del subsidio permanente («subsidio indefinido»). En efecto, es más desmovilizadora que unificadora, por la consagración que hace de la separación entre parados y activos; además, no es un ataque al proceso de producción del capital. La consigna de trabajo para todos, por otra parte, aunque sea unificadora, debe significar para nosotros un rechazo explícito del derecho al trabajo y, más bien, una reivindicación del «derecho» a la pereza, mediante la disminución del tiempo y de la productividad del trabajo, la multiplicación de los puestos, la supresión de las actividades parasitarias o nefastas y la constitución de fuerzas capaces de imponerlo.

Por otra parte, es evidente que en la lucha misma semejante marco necesita un contenido definido. En efecto, no solo hay que dar orientaciones unificadoras para la clase y destructoras para la acumulación del capital, sino también definir las medidas que concretan esa orientación.

Eso significa una lucha política contra los aparatos policiales y la expropiación de las comisarías, los locales sindicales y las sedes de los partidos. Implica también la paralización (y no el bloqueo de las puertas) de los bancos, las bolsas y las bolsas de trabajo, actores principales de los despidos, gestores cínicos de la explotación y de la miseria en el mundo.

Como corolario, la expropiación de los bienes de consumo y su reparto general asegura la supervivencia de los trabajadores y la sensibilización y la extensión de la lucha a los demás proletarios.

Es ese contenido el que permite a su vez una coordinación y una centralización más fuertes de la lucha y una clara definición de las fronteras de clase.

  1. (Nota del FOR.) Para cualquier contacto con «Verdad Obrera», escribir, sin otra mención, a: apartado 1598, 20080 San Sebastián, España. ↩

  2. No hemos encontrado el texto español de la octavilla de «Verdad Obrera»; la traducimos de la versión francesa de Alarme. «Subsidio indefinido» figura en español en el original francés. ↩

  3. (Nota del FOR.) Euskalduna está en Bilbao y Sestao es vecina; Sevilla, en cambio, se encuentra en pleno sur de España. ↩