Alarme, n.º 39, enero-febrero-marzo de 1988 (pág. 7). PDF del número completo · Texto original en francés
No es difícil adivinar su identidad: Gadafi, coronel de opereta. A menudo sube al estrado internacional y baila para los mirones telespectadores del mundo al son de su propia pandereta. Como el efecto es más bien nulo, incluso entre los embrutecidos por la religión islámica, tiene que cambiar de paso y de música. Esta vez ha querido causar efecto hablando de suprimir los puestos fronterizos con Egipto y Túnez, países «hermanos» a los que no hace tanto había ofrecido en vano la unidad. Este Ubú, este payaso de los más siniestros de la escena mundial, ha hecho de Libia una cárcel donde ser asesinado solo depende de actos o palabras contrarios a su absolutismo. Su carácter falsamente revolucionario no puede sino ser denunciado enérgicamente, tanto más cuanto que lo han sostenido todas las potencias capitalistas, Estados Unidos incluido, y, sin distinción de obediencias, el izquierdismo adulterado.