Alarme, n.º 39, enero-febrero-marzo de 1988 (pág. 9). PDF del número completo · Texto original en francés

El paro ha acompañado siempre a la producción capitalista, y su enormidad actual no debe relacionarse con una supuesta crisis económica, sino con la multiplicación progresiva de la productividad por máquinas cada vez más sofisticadas. En caso de crisis económica, el paro se hincha de repente en proporciones descabelladas. En el caso contrario, se registran a veces ligeras tendencias a la baja, como en Estados Unidos en diciembre del 87, donde la tasa de paro, el 5,8 % de la población activa, bajaba a su nivel más bajo desde 1979. Ciertamente, el capitalismo no reabsorberá la gran masa de parados; además, las cifras están maquilladas y los empleos precarios proliferan en las empresas de servicios y en las administraciones; pero se trata de manifestaciones de la regresión social actual, imputables al sistema tal como es, independientemente de sus posibles averías pasajeras.

Al paro, los sindicatos, los falsos socialistas y comunistas oponen la conquista de nuevos derechos para los parados y el famoso «obligar a los patronos a invertir». Pobres medidas capitalistas; ya se ha visto lo que vale la segunda. La primera no responde a nada y divide a la clase obrera entre activos y no activos.

Los revolucionarios, por su parte, responden resueltamente:

  • ¡Trabajo para todos y reducción proporcional de las horas de trabajo!